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Ciencia

La NASA lleva cinco años desarrollando una batería para la Luna que nunca se agota: convierte hidrógeno y oxígeno en agua para generar electricidad y después deshace el agua para volver a empezar

Las noches en la Luna duran dos semanas terrestres, lo que hace imposible depender de la energía solar para alimentar una base lunar. La NASA lleva cinco años desarrollando una solución: una pila de combustible regenerativa que usa solo hidrógeno y oxígeno, genera electricidad al combinarlos en agua y luego separa el agua para recuperar los gases y repetir el ciclo indefinidamente. Ahora está en su fase de pruebas más avanzada
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Instalar una base permanente en la Luna implica resolver un problema que no tiene solución simple: cómo obtener energía durante las noches lunares. A diferencia de la Tierra, donde la noche dura horas, en la Luna cada noche se extiende aproximadamente dos semanas terrestres. Durante ese tiempo, los paneles solares no sirven de nada. Y sin energía, no hay calefacción, no hay sistemas de soporte vital, no hay comunicaciones.

La NASA lleva cinco años trabajando en una respuesta a ese problema. Se llama pila de combustible regenerativa, y su principio de funcionamiento es tan directo que puede explicarse en una oración: combina hidrógeno y oxígeno para producir agua y electricidad, y luego usa esa electricidad para separar el agua en hidrógeno y oxígeno otra vez, reiniciando el ciclo. El combustible no se consume. Se regenera.

Cómo funciona el ciclo que no tiene fin

El sistema opera en dos etapas que se alternan de forma continua. En la primera, el hidrógeno y el oxígeno gaseosos se combinan en una reacción electroquímica que produce agua, calor y electricidad. Esa electricidad es la que alimenta los equipos de los astronautas: iluminación, sistemas de control de temperatura, instrumentos científicos, comunicaciones.

Cuando ya no se necesita más energía, o cuando hay excedente disponible, ocurre la segunda etapa: las moléculas de agua se separan mediante electrólisis, un proceso que las descompone de vuelta en hidrógeno y oxígeno gaseosos. Esos gases se almacenan y quedan disponibles para reiniciar el ciclo cuando sea necesario.

El resultado es un sistema cerrado donde nada se pierde. No hay combustible que se agote con el uso. No hay residuos que gestionar. Los dos únicos ingredientes, hidrógeno y oxígeno, están permanentemente en circulación dentro del sistema, alternando entre su forma gaseosa y el agua según las necesidades energéticas del momento.

Un dispositivo del tamaño de una persona

La escala del dispositivo no tiene nada que ver con las pilas cotidianas. La pila de combustible regenerativa que la NASA está desarrollando tiene prácticamente la altura de una persona adulta y la longitud de un automóvil sedán. Cuenta con 270 sensores y más de 1.000 componentes individuales, lo que da una idea de la complejidad de ingeniería involucrada en mantener un ciclo electroquímico estable bajo las condiciones extremas del entorno lunar.

Esas condiciones incluyen variaciones de temperatura extraordinarias. La superficie lunar puede alcanzar más de 120 °C durante el día y descender por debajo de los 170 °C bajo cero durante la noche. La batería está diseñada para operar con fiabilidad en ese rango, incluso durante las noches de dos semanas que son precisamente el escenario crítico para el que fue concebida.

En qué punto están las pruebas

El desarrollo lleva cinco años y atravesó distintas fases. En 2025 se probaron los componentes básicos del sistema para verificar que la tecnología del diseño previo era viable a nivel de principios. Esa primera etapa fue superada con resultados satisfactorios.

De acuerdo a lo publicado por Xataka, el equipo de la NASA está realizando pruebas más avanzadas, orientadas específicamente a verificar que el ciclo de regeneración del combustible funciona de manera adecuada y sostenida. Una de las características del banco de pruebas es que el sistema puede operarse de forma remota y, una vez iniciada la prueba, continúa de manera autónoma sin que los investigadores necesiten intervenir. Eso es relevante por razones prácticas obvias: en la Luna, la intervención humana directa no siempre será posible.

Los responsables del proyecto esperan que las pruebas actuales confirmen el comportamiento del sistema, pero reconocen que independientemente del resultado habrá aprendizajes que sirvan para perfeccionar el dispositivo. Ese tipo de pruebas a escala real es lo que permite identificar los problemas que los modelos teóricos y los componentes aislados no revelan.

El destino: el programa Artemis

Una vez completadas las pruebas en condiciones terrestres, el siguiente paso es repetirlas en un entorno que simule las condiciones lunares, incluyendo el vacío, las temperaturas extremas y los ciclos de luz y oscuridad del satélite. Si esa fase también es superada, la tecnología estaría lista para su integración en el programa Artemis, el plan de la NASA para establecer una presencia humana sostenida en la Luna.

Artemis es precisamente el contexto para el que fue concebida esta batería desde el principio. El programa prevé no solo llevar astronautas a la superficie lunar sino también construir infraestructura que permita misiones de larga duración, lo que hace que la solución al problema energético nocturno sea un requisito básico, no un complemento opcional.

El hidrógeno y el oxígeno necesarios para alimentar el sistema podrían obtenerse, en el futuro, a partir del hielo de agua que se sabe que existe en los cráteres permanentemente en sombra de los polos lunares. Eso convertiría a la Luna en un lugar donde los recursos para generar energía no solo están disponibles sino que son renovables en el sentido más literal: el agua lunar se convertiría en combustible, y ese combustible en agua otra vez, en un ciclo que podría mantenerse mientras dure la misión.

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