Seguir Martín Nicolás Parolari
Por primera vez, los detectores de ondas gravitacionales han captado un sistema de este tipo con una órbita elíptica antes de la fusión. Un detalle que parecía menor, pero que podría cambiar por completo cómo entendemos el origen de estos pares cósmicos.
Mucho antes de los atlas, los satélites o las fronteras modernas, una civilización de Mesopotamia intentó condensar el mundo en una pequeña pieza de arcilla. Lo que trazó allí no solo organizaba territorios: también ordenaba miedos, creencias y lo desconocido.
Un análisis de tejidos de hace casi 2.000 años hallados en el desierto de Judea ha revelado una industria sorprendentemente sofisticada de imitaciones textiles. Incluso el color reservado al poder podía ser, en realidad, una ilusión bien fabricada.
A unos 1.300 años luz de la Tierra, esta nube de gas y polvo vuelve a captar la atención por su forma inquietante. Lo más fascinante no es solo lo que parece mostrar, sino la ilusión cósmica que esconde.
Una extraña onda gravitacional registrada por LIGO ha reactivado una de las hipótesis más radicales de la cosmología: la existencia de agujeros negros primordiales, posibles reliquias del universo temprano y candidatos a explicar parte de la materia oscura.
No parecen animales ni máquinas diseñadas por un ingeniero clásico. Son estructuras nacidas de un algoritmo evolutivo que seleccionó, mutó y descartó miles de cuerpos robóticos hasta dar con formas inesperadas… y sorprendentemente resistentes.
Las tormentas de Júpiter no solo son más grandes y más largas que las terrestres. Ahora, gracias a Juno, los científicos han empezado a calcular cuánta energía liberan realmente sus relámpagos. Y las cifras son descomunales.
No era una joya ni un adorno funerario. La célebre tablilla de Petelia contenía una serie de frases destinadas a guiar al alma tras la muerte, como si el más allá necesitara un mapa para no perderse en el olvido.
Las galaxias primigenias parecían contener demasiado nitrógeno para su edad. Ahora sabemos que el problema no era el cosmos, sino cómo estábamos leyendo sus señales.
El objeto descubierto en Sanxingdui no es solo una rareza arqueológica. Es la prueba de que, en plena Edad de Bronce, algunos humanos ya moldeaban fragmentos de meteorito para convertirlos en piezas cargadas de poder y significado.
Entre más de 6.000 mundos conocidos, un nuevo estudio acota la búsqueda a los candidatos más prometedores. Algunos están lo suficientemente cerca como para que los telescopios actuales empiecen a analizarlos.
No se trata solo de una supernova extraordinariamente brillante. Lo que los astrónomos han captado es el instante en que una estrella colapsada empezó a comportarse como uno de los objetos más extremos que conocemos.
Lo que comenzó como una respuesta urgente al terror de Estado terminó convirtiéndose en una herramienta global. El EAAF no solo identifica restos: reconstruye historias allí donde la violencia intentó borrar a las personas.
Lo que empezó como una maniobra publicitaria en el primer vuelo del Falcon Heavy ha terminado convertido en algo mucho más extraño: un coche orbitando el Sol, cruzando trayectorias planetarias y entrando, por momentos, en el radar de la astronomía real.
Lo que parecía un objeto arqueológico aislado terminó abriendo una ventana inesperada al pasado. El hallazgo de un reloj de sol romano ha revelado indicios de un asentamiento antiguo donde hasta ahora no se sospechaba una ocupación tan importante.
El gigante asiático ya superó antes de tiempo sus objetivos renovables. El problema ahora no es solo generar electricidad limpia, sino almacenarla cuando sobra y liberarla justo cuando la red la necesita.
No despegará mañana ni pasado. Pero este ambicioso concepto plantea una pregunta muy seria para la ciencia: cómo sobrevivir durante 400 años dentro de una ciudad autosuficiente que viajaría por el espacio profundo hacia Próxima Centauri.
Un equipo internacional ha fabricado una molécula que no encaja ni en la química clásica ni en la versión “retorcida” que ya conocíamos. Su comportamiento electrónico abre una grieta fascinante en la forma en que entendemos la materia a escala cuántica.
Un nuevo trabajo sugiere que el alquitrán de abedul usado por los neandertales no solo servía como pegamento, sino también para tratar heridas e infecciones. La idea es fascinante, pero todavía está muy lejos de ser una prueba definitiva de “medicina antibiótica” prehistórica.
El CEO de NVIDIA aseguró en un pódcast que ya hemos alcanzado la inteligencia artificial general. El problema es que, cuando tuvo que explicarlo, terminó describiendo algo mucho más parecido a agentes virales y automatizaciones vistosas que a una mente artificial real.