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Ciencia

Los científicos han logrado medir la potencia de los rayos en Júpiter. El resultado encaja con su atmósfera salvaje: algunas descargas podrían superar por muchísimo a las de la Tierra

Las tormentas de Júpiter no solo son más grandes y más largas que las terrestres. Ahora, gracias a Juno, los científicos han empezado a calcular cuánta energía liberan realmente sus relámpagos. Y las cifras son descomunales.
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Júpiter nunca ha sido un planeta de medias tintas. Tiene la masa más grande del sistema solar, una atmósfera turbulenta y tormentas tan enormes que algunas llevan activas muchísimo más tiempo del que cualquier meteorólogo terrestre querría imaginar. Ahora, un nuevo estudio ha puesto cifras a uno de sus fenómenos más espectaculares: sus rayos. Y sí, el resultado es tan exagerado como cabía esperar.

Un equipo liderado por científicos de la Universidad de California en Berkeley analizó datos de la misión Juno de la NASA y logró estimar con más precisión la energía de los relámpagos asociados a ciertas tormentas aisladas del planeta gigante. Según sus cálculos, muchas de esas descargas son al menos comparables a las de la Tierra, pero algunas superan con claridad ese umbral y podrían llegar a ser mucho más extremas. El trabajo fue publicado en AGU Advances.

El truco no estaba en “ver” los rayos, sino en escucharlos

Uno de los problemas para estudiar rayos en Júpiter es que las nubes lo tapan casi todo. Una cámara puede captar un destello, sí, pero eso no siempre permite saber cuánta energía liberó realmente. Ahí es donde entró en juego uno de los instrumentos más útiles de Juno: el radiómetro de microondas (MWR).

Aunque no fue diseñado específicamente para estudiar rayos, este instrumento puede detectar las emisiones de radio que generan las descargas eléctricas, algo parecido a la interferencia que producen los rayos terrestres. La ventaja es enorme: las microondas atraviesan capas de nubes que la luz visible no puede superar. En otras palabras, Juno no necesitó “mirar” el rayo directamente. Le bastó con escuchar su firma eléctrica.

Eso permitió medir mejor tormentas muy concretas, sobre todo una serie de sistemas aislados que el equipo bautizó como “supertormentas sigilosas”. No eran tan espectaculares a simple vista como otros monstruos atmosféricos del planeta, pero sí lo bastante estables como para poder seguirlas y cruzar datos con imágenes del Hubble, de JunoCam e incluso con observaciones de astrónomos aficionados.

Júpiter no solo fabrica tormentas más grandes: también parece fabricar rayos más violentos

Los científicos han logrado medir la potencia de los rayos en Júpiter. El resultado encaja con su atmósfera salvaje: algunas descargas podrían superar por muchísimo a las de la Tierra
© NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS/Björn Jónsson.

Los datos recogidos durante varias pasadas de Juno sobre esas tormentas mostraron algo muy revelador: los destellos registrados oscilaban entre niveles comparables a los rayos terrestres y otros que podían ser 100 veces más potentes o incluso más, dependiendo de cómo se traduzcan sus emisiones de radio a energía total. Esa parte sigue teniendo incertidumbre, pero el patrón general está claro: las tormentas jovianas juegan en otra división.

Y tiene sentido. La atmósfera de Júpiter no funciona como la de la Tierra. Aquí, el aire húmedo tiende a subir porque el vapor de agua lo hace menos denso que el aire circundante. En Júpiter pasa algo más raro: su atmósfera está dominada por hidrógeno, y eso hace que el “aire húmedo” pueda ser más pesado, no más ligero. El resultado es que se necesita mucha más energía para que una tormenta despegue, pero cuando lo hace, libera una barbaridad de energía acumulada.

Por eso allí no hablamos de nubes de tormenta de 10 kilómetros como en la Tierra, sino de estructuras que pueden elevarse más de 100 kilómetros. Y cuando una atmósfera así se carga eléctricamente, el espectáculo deja de parecerse a una tormenta normal y empieza a sonar más a ingeniería cósmica descontrolada.

Lo más interesante no es solo Júpiter: es lo que puede enseñarnos sobre la Tierra

Lo mejor de este hallazgo es que no se queda en la postal espectacular. Estudiar rayos en otro planeta ayuda a entender mejor los de aquí, que todavía esconden bastantes misterios. En la última década, por ejemplo, los científicos han identificado nuevos fenómenos luminosos transitorios en la atmósfera terrestre, como sprites, jets, halos y ELVES, todos vinculados a grandes tormentas. Y todavía no está del todo claro cómo se desencadenan algunos de ellos.

Júpiter ofrece una especie de laboratorio natural extremo. Allí, los mismos ingredientes básicos (convección, vapor, hielo, separación de cargas eléctricas) operan bajo condiciones mucho más violentas. Y eso obliga a replantear preguntas bastante profundas: ¿los rayos dependen sobre todo de la composición atmosférica? ¿De la altura de las tormentas? ¿De cuánta energía se acumula antes de explotar?

De momento no hay respuestas definitivas. Pero sí una certeza bastante elegante: si quieres entender cómo funciona la electricidad en las atmósferas, a veces conviene mirar al planeta que lleva siglos haciendo tormentas como si no existiera el botón de apagar.

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