Imagen: Pixabay

Muchas de las canciones que llevas escuchando toda la vida probablemente tienen una historia legendaria detrás de sus letras. Sin embargo, ninguna se acerca al relato de lo ocurrido con la canción más triste de la historia. Tanto, que la gente comenzó a suicidarse. ¿O fue una coincidencia?

Año 1933, el compositor húngaro Rerso Seress estaba trabajando como pianista en un restaurante de Budapest llamado Kispipa Vendeglo. El hombre, entonces con 34 años, estaba luchando por hacerse un hueco como compositor, aunque todavía no había publicado ninguna canción.

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Cuando su novia lo dejó probablemente fue el peor momento de su vida. Seress pasó a ser un personaje tremendamente deprimido y apesadumbrado, y su carrera musical iba a ser un fiel reflejo de ello. De hecho, el desencuentro amoroso que lo marcó en vida, también lo haría, y de qué manera, en su carrera musical.

Rerso canalizó su tristeza en la composición de obras. Con la ayuda de un letrista llamado Laszlo, Seress escribió una balada sombría, quizás la más sombría de cuantas se hayan escrito, la llamada “Szomord Vasarnap” o, en inglés y como la conoce la mayoría del planeta, “Gloomy Sunday”. El tema era un lamento profunda de alguien cuyo amante había muerto, una composición que llevó al propio Seress a pensamientos de suicidio. Veamos la pieza:

¿Sigues ahí después de escucharla? Bien, menos mal. Podemos continuar.

Desde entonces, Seress agregó “Gloomy Sunday” al repertorio de canciones que tocó en el restaurante donde trabajaba. A pesar de que había sido desgarrador escribirla (cada noche la audiencia se emocionaba al verle tocar el tema), pensó que era lo mejor que había escrito en su vida, e hizo un gran esfuerzo por tratar de publicarla en alguna compañía.

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El compositor envió la canción a productores en Hungría, Francia e Inglaterra. Todos lo rechazaron, y todos por la misma razón. Como dijo un tipo en una de las cartas de rechazo que recibió: “Son terribles los sentimientos que arrojas, la desesperación que muestras. No creo que hagamos ningún bien a nadie si la publicamos para que escuchen una canción como esta”.

Finalmente, en 1935, un productor de música acordó lanzar Gloomy Sunday. La canción se convirtió en un éxito moderado que proporcionó a Seress unos ingresos un tanto modestos por los derechos. En cualquier caso, parecía que las cosas comenzaban a mejorar.

Suicidio

Partitura de la canción original

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Según cuentan muchos relatos que han surgido alrededor de la canción, los problemas comenzaron en febrero de 1936, cuando la policía de Budapest investigó la primera de una serie de extrañas muertes.

Joseph Keller, un zapatero, fue encontrado muerto con una nota de suicidio que constaba de las palabras “Gloomy Sunday “, junto a una solicitud para que su tumba se decorase con 100 de las “pequeñas rosas blancas” mencionadas en la canción, en aquel entonces ya muy popular.

Los periódicos húngaros informaron de la conexión entre el suicidio y la canción y, como pasa todavía hoy, un hecho así supuso que la morbosa curiosidad disparase las ventas de las partituras de la pieza.

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Sin embargo, y aquí comienzan a ponerse las cosa muy feas, también lo hizo la cantidad de suicidios presuntamente relacionados con la canción. Casos como los siguientes:

  • Se encontraron dos personas en el río Danubio de Budapest, cada una con la partitura de “Gloomy Sunday” en sus manos.
  • Cuando una banda de músicos callejeros interpretaron la canción, dos personas se pegaron un tiro enfrente de ellos.
  • Un hombre entró en un club nocturno y le pidió a la banda que tocara “Gloomy Sunday”. Lo hicieron, el tipo salió a la calle, y se pegó un tiro.
  • Los medios reportaron el caso de una familia adinerada. Durante una cena en la mansión, la canción llegó hasta los cuartos de los sirvientes. Al parecer, dos doncellas la escucharon y se cortaron la garganta mutuamente.

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Ilustración: Tara Jacoby

Y aún quedaba el giro más extraño de todos. Una mujer de Budapest que se suicidó al beber veneno fue identificada posteriormente como la ex novia de Rezso Seres, la inspiración, la musa para la canción. Su nota de suicidio consistía en dos palabras. ¿Adivinan? Sí, “Gloomy Sunday”.

Después de que supuestamente 18 suicidios estuvieran relacionados con el tema, la policía de Budapest tomó medidas. Las autoridades pidieron a músicos, orquestas y emisoras de radio que dejaran de tocarla. También ordenaron a las tiendas que dejaran de vender sus partituras y grabaciones. Dicho de otra forma, se prohibía en el país todo lo que tuviera que ver con la obra de Seress.

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Sin embargo, incluso con la prohibición los efectos mortales de “Gloomy Sunday” continuaron. Impulsada por la controversia sobre lo que la prensa había comenzado a llamar “la canción del suicidio húngaro”, Gloomy Sunday se convirtió en un bestseller en toda Europa. Y en los meses siguientes estuvo relacionado con más suicidios, incluido un tipo en Berlín que se ahorcó con las partituras a sus pies, o un hombre en Roma que escuchó a un mendigo cantar la canción y luego saltó de un puente.

¿Qué demonios estaba pasando? ¿Puede una canción inducir al suicidio?

Gloomy Sunday llega a Estados Unidos

La curiosidad sobre la canción llegó muy pronto a Estados Unidos, donde un compositor de Hollywood llamado Sam M. Lewis compuso una traducción al inglés. En 1936, Hal Kemp y su orquesta grabaron el tema, eran una de las bandas más populares de la época. Al parecer, les tomó mucho tiempo porque la partitura le molestaba a los músicos. Veamos el resultado:

Desafortunadamente, la reputación de la canción la había seguido desde Europa, y un estudiante de la universidad de Ohio llamado Phillip Cooks, se convirtió en una nueva víctima: El chico escuchó la canción varias veces y luego se quitó la vida en mayo de 1936.

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En el año 1941 llegó uno de los momentos más importantes para el tema: Billie Holiday grabó la canción, posiblemente la versión más famosa, la cual se convirtió en un éxito de ventas en Estados Unidos e Inglaterra.

Sin embargo, el sello de Holiday, temeroso de que se dieran más suicidios, contrató a Sam M. Lewis para agregar un tercer verso algo más edificante a la canción. En el mismo, el narrador dice que la pérdida y la desesperación fueron solo un sueño, y que todo era realmente genial. Este fue el resultado:

¿Funcionó? Tampoco. El final feliz no ayudó, y a finales de ese mismo año, una mecanógrafa neoyorquina se suicidó, pidiendo antes en una carta que se tocara la versión de Holiday de “Gloomy Sunday” en su funeral.

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Llegados a este punto, y debido a toda la histeria que existía sobre la canción, la radio de la BBC en Inglaterra toma una decisión insólita en su historia. El tema solo se tocaría bajo una versión instrumental.

Ni así. Un día de 1941, un policía de Londres escuchó la versión de la cadena que se reproducía desde una ventana. El problema es que llevaba una hora sonando en bucle. Cuando se investigó, se encontró un fonógrafo que reproducía la canción junto a una mujer muerta que sostenía un bote de pastillas vacías. Después de eso, la BBC prohibió todas las versiones de “Gloomy Sunday”, una prohibición que se mantuvo vigente hasta el año 2002.

Una canción suicida o una coincidencia

En última instancia, el tema estuvo vinculado a casi 100 suicidios, un hecho que inquietó al propio compositor, Rerso Seress, durante muchos años. Una vez llego a decirle a un periodista:

Me encuentro en medio de este éxito mortal como acusado. Esta fama fatal me duele. Lloré todas las desilusiones de mi corazón en esta canción, y parece que otros con sentimientos como el mío han encontrado su propio dolor en ello.

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El compositor nunca tuvo otra canción con tanto éxito, y el propio Seress se convirtió en otra víctima de su obra cuando saltó por una ventana de Budapest encontrando la muerte en 1968.

Llegados a este punto, con la muerte del propio Rerso Seress, la pregunta persistía con más fuerza que nunca: ¿realmente la gente se suicidó porque una canción increíblemente triste destruía su voluntad de vivir? Resulta muy poco creíble, por supuesto. Muchos historiadores han señalado que, como en las grandes tragedias sin explicación aparente, el contexto lo es todo.

En la década de 1930, Europa no era un lugar feliz, al menos en su mayoría. La Segunda Guerra Mundial estaba en marcha para muchos países, y a la vuelta de la esquina para otros. El fascismo estaba en aumento, y las depresiones económicas habían paralizado el continente.

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Si nos centramos en Hungría, el lugar de nacimiento de la legendaria composición, el país tuvo una de las tasas de suicidio más altas del mundo en la década de 1930. Probablemente, la canción golpeó a una nación sensible en un momento aún más sensible, y en el instante preciso.

Además, los suicidios nunca alcanzaron proporciones epidémicas en otros países, lo que no quita que la reputación de la canción indudablemente ayudase a sus ventas.

Lo cierto es que tras la década de 1940 no se vincularon otros suicidios a la canción. Habría que rebobinar hacia adelante para llegar hasta 1997, cuando el cantante escocés Billy Mackenzie se quitó la vida. Su banda, The Associates, había grabado “Gloomy Sunday” varios años antes. Fue una coincidencia lejana, pero los teóricos de la conspiración no tardaron en salir.

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Sea como fuere, hoy la canción sigue siendo la favorita de cientos de músicos y melómanos, tanto por sus letras y melodías inquietantes, como por su oscura leyenda. De hecho, las versiones se han multiplicado en los últimos años con artistas como Ray Charles, Lou Rawls, Marianne Faithfull, Bjork, Sinead O’Connor o Elvis Costello.

Si Seress siguiera vivo, esbozaría una ligera sonrisa, aunque sea muy pequeña, sabiendo que lo que un día le salió del alma, continúa siendo importante para tanta gente. [TIME, Wikipedia, Mental Floss, You are what You Hear: How Music and Territory Make Us who We are]