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Bajo el suelo que hoy recorre Perseverance había escondida otra versión de Marte. El rover ha detectado un antiguo delta de río enterrado que refuerza la idea de un planeta mucho más húmedo y habitable

El cráter Jezero ya era uno de los lugares más prometedores de Marte para estudiar su pasado acuático, pero ahora ha aparecido algo todavía más interesante bajo sus capas superficiales: un delta fósil enterrado a más de 30 metros de profundidad. Y eso sugiere que la historia del agua en Marte fue más larga, más compleja y quizá más favorable para la vida de lo que pensábamos.

Marte lleva décadas enseñándonos huellas de ríos secos, cauces erosionados y minerales que solo tienen sentido en presencia de agua. Pero una cosa es ver lo que quedó expuesto en la superficie, y otra muy distinta es descubrir que debajo de ese paisaje todavía se conserva una versión más antigua del planeta. Eso es lo que acaba de aportar el radar del rover Perseverance: la imagen de un delta enterrado bajo el cráter Jezero, como si Marte hubiera guardado bajo tierra una capa intacta de su pasado más húmedo.

Un río sobre otro

La gran sorpresa del hallazgo no es solo que hubiese agua en Jezero. Eso ya lo sospechábamos. Lo realmente llamativo es que el rover ha detectado señales de un delta mucho más antiguo enterrado bajo el que ya era visible desde órbita. En otras palabras, Marte no solo tuvo un sistema fluvial en esta región: tuvo al menos dos momentos distintos de actividad hídrica superpuestos en el mismo lugar.

Eso cambia bastante la escala del relato. Porque ya no hablamos solo de un lago con un río desembocando en él, sino de una zona que pudo mantener una historia hidrológica prolongada, con fases sucesivas de sedimentación, erosión y reconfiguración del paisaje.

Y eso es mucho más interesante de lo que parece.

Lo que ha visto Perseverance

Bajo el suelo que hoy recorre Perseverance había escondida otra versión de Marte. El rover ha detectado un antiguo delta de río enterrado que refuerza la idea de un planeta mucho más húmedo y habitable
© NASA / JPL-Caltech.

El hallazgo, publicado en la revista Science Advances, llega gracias al radar de penetración del subsuelo del rover, capaz de “leer” capas geológicas enterradas bajo la superficie. A unos 35 metros de profundidad, el instrumento ha detectado una estructura con rasgos muy compatibles con un delta tipo Gilbert, una formación que en la Tierra aparece cuando un río desemboca en un cuerpo de agua relativamente profundo.

Este tipo de deltas deja una firma muy característica: capas inclinadas y horizontales organizadas de forma que el agua y los sedimentos van construyendo una especie de abanico geológico. Que algo así aparezca enterrado en Jezero no solo encaja con la idea de un antiguo lago, sino que la refuerza con más detalle del que teníamos hasta ahora.

Marte fue más complejo

Este descubrimiento también obliga a mirar a Marte con un poco menos de simplificación. Muchas veces se resume su pasado húmedo con frases como “tuvo agua” o “tuvo ríos”, pero eso se queda corto. Lo que empieza a dibujarse aquí es un sistema bastante más complejo: ciclos de agua estables, sedimentación prolongada, cambios en el paisaje y posiblemente periodos repetidos de actividad fluvial.

Eso es importante porque la geología no solo cuenta si hubo agua, sino cuánto tiempo estuvo, cómo circuló y qué ambientes dejó detrás. Y cuanto más prolongada y diversa fue esa historia, más interesante se vuelve Marte como escenario para haber albergado química compleja… o incluso algo más.

La mejor parte podría estar enterrada

Bajo el suelo que hoy recorre Perseverance había escondida otra versión de Marte. El rover ha detectado un antiguo delta de río enterrado que refuerza la idea de un planeta mucho más húmedo y habitable
© NASA / JPL-Caltech.

Y ahí aparece la otra gran implicación del hallazgo: la búsqueda de vida pasada. El cráter Jezero ya era uno de los mejores lugares del sistema solar para intentar encontrar rastros antiguos de vida microbiana, precisamente porque combinaba sedimentos, agua y minerales alterados por ambientes lacustres. Pero el delta enterrado añade una ventaja nueva y potentísima: la protección.

En Marte, la superficie está expuesta desde hace miles de millones de años a radiación intensa, oxidación, impactos y erosión. Todo eso degrada moléculas orgánicas y complica muchísimo la conservación de cualquier huella biológica. Un depósito enterrado, en cambio, funciona como una cápsula del tiempo geológica. Si alguna vez hubo materia orgánica o señales químicas relacionadas con vida, tendrían muchas más posibilidades de haberse preservado ahí abajo que en la superficie expuesta.

Lo más interesante de Marte quizá no se ve

Ese es, probablemente, el gran giro de este hallazgo. Durante mucho tiempo hemos mirado Marte como un paisaje de superficie: sus montañas, sus dunas, sus cauces secos, sus rocas. Pero lo que empieza a quedar claro es que parte de su historia más valiosa puede seguir oculta bajo nuestros pies marcianos.

Y eso cambia la manera de explorarlo.

Porque si Jezero guarda bajo tierra una versión más antigua y mejor preservada de sí mismo, entonces Marte podría estar lleno de paisajes enterrados que todavía no hemos leído bien. Ríos fósiles, antiguos lagos, capas sedimentarias selladas y quizá, con muchísima suerte, rastros químicos de un planeta que una vez se pareció más a la Tierra de lo que hoy cuesta imaginar.

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