Dicen que los pantanos son propicios para preservar la piel humana. Al parecer, se comen los huesos dejando los esqueletos de los cuerpos encogidos y, en ocasiones, completamente ausentes. Sin embargo, la piel permanece tan perfecta que es capaz de revelar todo, incluso la agonía del cuerpo antes morir.

En ese proceso, los ácidos en el agua de los pantanos destruyen el ADN, haciendo casi imposible los estudios genéticos. Por eso es tan importante la piel y ese extraordinario estado de conservación. Que sepamos, al menos desde el siglo XVIII, cientos de cuerpos se han revelado de las profundidades de los pantanos, sacados de las marismas del norte de Europa.

Sus edades abarcan miles de a√Īos, desde la Edad de Piedra hasta la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la mayor√≠a provienen de una franja de tiempo relativamente estrecha, de alrededor de 800 aC. a 200 dC.

Y de entre este grupo de cuerpos, una realidad en com√ļn: muchos muestran signos de un trauma terrible, que incluye tortura, mutilaci√≥n o incluso desmembramiento. Juntos, este grupo son los casos m√°s extra√Īos que se haya encontrado la arqueolog√≠a moderna, y las razones de su desaparici√≥n y muerte constituyen uno de los misterios perdurables de los investigadores.

Y una cabeza humana iba a abrir la caja de pandora.

La momia del pantano y una confesión

Imagen: Cortando campo de turba (Pixabay)

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13 de mayo de 1983. Dos cortadores de turba a jornada completa, Andy Molde y Stephen Dooley, llevaban varios días encontrándose objetos y telas inusuales entre los restos de humedal ácido donde se había acumulado la materia orgánica de una turbera cerca de Wilmslow, Cheshire (Inglaterra).

De repente, Dooley avisa a Molde. Ahora s√≠, lo que estaba en la cinta transportadora de la m√°quina cortadora de turba no lo hab√≠a visto en su vida: un objeto redondo y algo suave hab√≠a rebotado hacia arriba. Dooley, en un acto reflejo, r√≠e algo nervioso y le comenta a su compa√Īero que a lo mejor han encontrado un bal√≥n de f√ļtbol aplastado de hace d√©cadas.

Molde le replica que tambi√©n podr√≠a tratarse de un huevo de dinosaurio, en cuyo caso podr√≠an hacerse millonarios. Tras unos minutos de desconcierto, los hombres deciden llev√°rselo al gerente de las obras de la turba, el se√Īor Wood. Cuando este se encontr√≥ con aquel extra√Īo objeto lo primero que pens√≥ fue que, efectivamente, podr√≠a tratarse de un bal√≥n de f√ļtbol. Despertada la curiosidad de todos, el objeto se reg√≥ en un patio anexo.

Lindow Moss
Imagen: David Kitching (CC BY-SA 2.0)

Y entonces pudieron confirmar que la bola tenía un ojo humano y pelo, y que era la parte superior de una cabeza, con restos que parecían del cerebro.

Nadie pod√≠a saberlo en ese momento, pero uno de los episodios m√°s extra√Īos de la arqueolog√≠a hab√≠a comenzado.

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El se√Īor Wood acudi√≥ r√°pidamente a la polic√≠a de Macclesfield. Las autoridades llevaban un tiempo buscando a la esposa de Peter Reyn-Bardt, la se√Īora Malika Mar√≠a de Fern√°ndez, quien hab√≠a desaparecido hac√≠a 23 a√Īos de forma muy extra√Īa y sin dejar rastro.

Reyn-Bardt ya era conocido por la polic√≠a y actualmente estaba cumpliendo una sentencia de c√°rcel. Al parecer, el hombre se hab√≠a jactado con varios compa√Īeros de celda de c√≥mo hab√≠a asesinado, desmembrado y quemado a su esposa, y hab√≠a enterrado lo que quedaba en el fondo de su jard√≠n.

Casualmente, su jardín daba a Lindow Moss, donde están las obras de turba. Donde se encontró la cabeza humana.

Cuando el laboratorio forense inform√≥ que los restos ven√≠an de una mujer europea con una edad comprendida entre los 30 a 50 a√Īos de edad y que hab√≠a fallecido recientemente, la polic√≠a estaba convencida de que ten√≠a a su hombre.

Imagen: MaxPixel

De hecho, ya habían cavado la mayor parte del terreno detrás de la casa de Reyn-Bardt, sin embargo, no encontraron nada, y Reyn-Bardt había negado todas las acusaciones hasta ese momento. La policía acudió a la cárcel para informar al preso del hallazgo de la cabeza, supuestamente de su esposa.

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Para sorpresa de las autoridades, Reyn-Bardt confesó al instante, se derrumbó, y para diciembre de 1983 fue declarado culpable de asesinato en un tribunal.

Sin embargo, en un giro de los acontecimientos ins√≥lito, la confesi√≥n del sospechoso iba a convertirse en la √ļnica evidencia del caso. S√≠, la polic√≠a hab√≠a cavado m√°s terreno en el jard√≠n de Reyn-Bardt, pero no apareci√≥ nada m√°s. Tan solo era sospechoso de un cr√°neo que todav√≠a deb√≠a analizarse.

Esto fue lo que hizo inspector Smith, quién envió los restos a Oxford para una datación por radio-carbono. El informe llegó unos meses después, tras la confesión de Reyn-Bardt, pero antes del juicio que se iba a celebrar en 1983.

La cabeza no sólo no era de su mujer, la cabeza pertenecía al período romano.

Unos mese despu√©s, Reyn-Bardt estaba cumpliendo una sentencia por el asesinato de su esposa pero, a pesar de los registros exhaustivos, la polic√≠a a√ļn no hab√≠a encontrado las partes de un cuerpo que, seg√ļn √©l, hab√≠a enterrado.

Un auténtico galimatías que parecía resolverse por fin unos meses después, no muy lejos de dónde habían encontrado el cráneo del período romano.

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El hombre y un ritual insólito

Cuerpo del hombre de Lindow
Imagen: Mike Peel (CC BY-SA 4.0)

2 de agosto de 1984. Un hombre entra muy nervioso en la cafetería de una gasolinera a las afueras de Mobberley, junto a los límites de Wilmslow, Cheshire (Inglaterra). El tipo levanta la mano en la barra del local y pide un whisky doble, cuando el camarero se dispone a servirle el hombre le cuenta que está teniendo el día más sorprendente de su vida, y probablemente uno que no ha hecho más que empezar.

Aquel tipo que se bebi√≥ la copa de un trago era el arque√≥logo Rick Turner. El d√≠a anterior, casi en la misma zona donde un a√Īo antes hab√≠an encontrado los restos de un cr√°neo del per√≠odo romano, uno de los trabajadores empleados para cortar la turba hab√≠a arrojado al suelo lo que parec√≠a un trozo de madera.

Cuando el barro rebot√≥ sobre la pieza, se revel√≥ que la madera era la parte inferior de una pierna humana con un pie atado. El gerente de las obras de la turba, como el a√Īo anterior, llam√≥ r√°pidamente a las autoridades y posteriormente a un arque√≥logo, el se√Īor Turner.

Pie derecho del hombre de Lindow
Imagen: Einsamer Sch√ľtze (CC BY-SA 3.0)

Lo que Turner iba a desenterrar en ese sitio después del descubrimiento de la pierna humana sería el conocido como Hombre de Lindow, alias Pete Marsh, los restos casi completos y perfectamente conservados de alguien que se estima murió poco después del nacimiento de Cristo. Uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de la historia de Reino Unido.

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Al principio, en ese fat√≠dico d√≠a, Turner recuerda que encontr√≥ √ļnicamente una pieza de piel rodeada de turba, pero pronto se volvi√≥ obvio que se hab√≠a encontrado con un hallazgo raro e importante. De hecho, eso fue parte del problema. Los arque√≥logos en Reino Unido nunca antes hab√≠an tenido que lidiar con un cuerpo tan antiguo en un pantano. No hab√≠a un sistema sofisticado de recuperaci√≥n y conservaci√≥n que pudiera simplemente ponerse en marcha.

Además, Turner todavía no tenía la confirmación de la edad de aquel cuerpo, por lo que podrían seguir siendo los restos de la mujer de Reyn-Bardt, de hecho, esa fue la primera impresión del gerente de las obras de la turba.

Rostro del hombre de Lindow
Imagen: Einsamer Sch√ľtze (CC BY-SA 3.0)

Al no existir un museo local, el arque√≥logo tuvo que llamar a colegas de profesi√≥n para que le ayudaran. Al d√≠a siguiente por la ma√Īana dispon√≠a de seis excavadores y una veintena de espectadores, desde representantes de compa√Ī√≠as de turba hasta cient√≠ficos forenses.

Finalmente, y despu√©s de estudiar con detenimiento la zona, Turner decide levantar todo el bloque de turba que conten√≠a el cuerpo para poder excavarlo en condiciones y llevarlo a un laboratorio. As√≠ empez√≥ el viaje del llamado ‚Äúhombre de Lindow‚ÄĚ, en un tren ligero de turba que una horas despu√©s ya estaba a salvo en la morgue de un hospital.

El arque√≥logo lleg√≥ temprano al d√≠a siguiente. En el momento en que aparecieron la polic√≠a y los pat√≥logos, el cuerpo de Lindow, ahora conocido por todos como ‚ÄúPete Marsh‚ÄĚ (la necesidad de completar formularios dio como resultado el nombre), estaba protegido dentro de una caja de madera contrachapada repleta de espuma de poliuretano.

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Cabeza del hombre de Lindow. Puede verse el corte en forma de V en la parte inferior, al centro.
Imagen: Geni (CC BY-SA 4.0)

Mientras que los bot√°nicos hab√≠an convencido a Turner de que el cuerpo ten√≠a al menos 2.000 a√Īos de antig√ľedad, la polic√≠a segu√≠a interesada por verificar que no era la esposa asesinada.

Por tanto, Turner ten√≠a que demostrar que realmente era un cuerpo antiguo. ¬ŅQu√© hizo? El forense acept√≥ permitir la dataci√≥n por radio-carbono para determinar la edad del cuerpo. 10 d√≠as despu√©s, obtuvieron un resultado preliminar: el hombre de Lindow ten√≠a al menos 1.000 a√Īos de edad, y por alguna raz√≥n se dirig√≠a a Londres. O lo que fuera entonces.

Y entonces s√≠, decenas de especialistas y cient√≠ficos de todas las ramas aparecieron para estudiar aquel cuerpo hist√≥rico, qui√©n de la noche a la ma√Īana se hab√≠a convertido en el centro de la arqueolog√≠a moderna.

El hombre de Lindow en exhibición en el Museo Británico
Imagen: InSapphoWeTrust (CC BY-SA 2.0)

De hecho, en poco tiempo se descubrieron una gran n√ļmero de cosas: una concentraci√≥n de minerales en su piel suger√≠a que se hab√≠a pintado de verde (o quiz√°s azul). Los contenidos de su vientre estaban bien conservados. Su √ļltima comida consisti√≥ en un tipo de pan hecho de dos variedades de trigo y cebada.

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La resonancia electr√≥nica de alta tecnolog√≠a de la paja de trigo indic√≥ que se hab√≠a calentado brevemente entre 200 ¬į C y 250 ¬į C, demasiado caliente para un horno, pero alcanzable en un tipo de plancha. Parec√≠a ser un hombre sano, bien formado, de unos 25 a√Īos, con buenos dientes y u√Īas, barba corta y un bigote que se hab√≠a recortado con tijeras (s√≠, un nuevo rompecabezas para los arque√≥logos, que hab√≠an dicho que no hab√≠a tijeras en la Gran Breta√Īa romana).

Por √ļltimo, el cuerpo estaba desnudo, excepto por un brazalete de piel de zorro colocado justo sobre su codo derecho.

Sin embargo, lo que habría una nueva caja de pandora era su más que probable causa de muerte.

Rituales y violencia: cuerpos en el pantano

El hombre de Grauballe
Imagen: Sven Rosborn (Public Domain)

Lo primero que se notó cuando se extrajo la turba del cadáver arrugado y aplastado fue un agujero en la parte superior de su cabeza. Cuando levantaron de forma cuidadosa su barbilla de su pecho, se reveló un corte limpio en la garganta. Todo hacía indicar que no murió plácidamente.

El departamento de medicina forense se√Īal√≥ varias lesiones que podr√≠an haber sido fatales. Le hab√≠an golpeado en la cabeza no menos de tres veces. Un solo golpe fue lo suficientemente fuerte como para enviar astillas de cr√°neo al cerebro, un golpe de un objeto contundente en la parte superior de su cabeza, probablemente mientras estaba sentado, que le fractur√≥ el cr√°neo. Un diente destrozado probablemente se deb√≠a a la s√ļbita presi√≥n de su mand√≠bula cuando le golpearon.

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Y así todo, aquel hombre había sobrevivido al brutal ataque, al menos el tiempo suficiente para que las heridas causadas se hincharan, aunque después de la pérdida inmediata de la conciencia, sin duda murió unas pocas horas después. También recibió un fuerte golpe en el centro de la espalda, uno que rompió todas sus costillas.

Alrededor de su cuello había una cadena de tendones de animales atados en una soga apretada. Sin embargo, los extremos estaban cortados y parecía una especie de collar. En todo caso, su cuerpo revelaba una historia diferente.

La ligadura hab√≠a dejado una marca profunda en su piel, una que no pod√≠a explicarse por la hinchaz√≥n del cad√°ver despu√©s de la muerte. La piel del rostro estaba demasiado bien conservada para que se produjera cualquier putrefacci√≥n de este tipo. M√°s bien, las torceduras en el tend√≥n son t√≠picas de los cambios causados ‚Äč‚Äčpor un palo que se inserta y se gira hasta que el cuello se rompe. Esto podr√≠a explicar dos v√©rtebras de cuello fracturado.

As√≠ que todo indicaba que tras el primer impacto con el objeto contundente en el cr√°neo, alguien se acerc√≥ por detr√°s y lo rode√≥ con una cuerda alrededor de su cuello. Mientras lo estrangulaban, le cortaban la garganta. Combinado con la presi√≥n de la soga, esto habr√≠a provocado que un torrente de sangre brotara de la herida. Finalmente, recibi√≥ una fuerte patada en la espalda, y lo empuj√≥ boca arriba a las aguas del pantano, donde, casi dos mil a√Īos despu√©s, lo encontraron los trabajadores que cavaban la turba en Lindow Moss.

Todos estos an√°lisis surgieron a mediados de la d√©cada de 1980, y aunque el hombre de Lindow fue un hallazgo hist√≥rico, no hab√≠a sido el primero en presentar desde las profundidades de un pantano europeo un tipo de muerte que parec√≠a tener un patr√≥n en la antig√ľedad, o al menos, cierta similitud.

Como dec√≠amos al comienzo, desde el siglo XVIII se han sacado cientos de cuerpos con edades que abarcan miles de a√Īos, muchos mostrando estos signos preocupantes que parecen m√°s propios de lo que hoy podr√≠a pasar por alg√ļn tipo de rito o similar.

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Hace unos a√Īos, Miranda Aldhouse-Green, una arque√≥loga brit√°nica y experta en la antig√ľedad celta, dec√≠a en su libro Bog Bodies Uncovered, que al reunir los resultados del examen forense de muchos de estos cuerpos con el testimonio de los autores cl√°sicos y el material recopilado por arque√≥logos, la explicaci√≥n m√°s plausible tambi√©n se podr√≠a encontrar entre las m√°s inquietantes: fueron v√≠ctimas de sacrificios humanos y se dejaron en las aguas del pantano como ofrenda a los dioses.

Tollund Man
Imagen: Sven Rosborn (Public Domain)

Para ello exponía un ejemplo clásico en arqueología, el llamado Hombre de Tollund, el cadáver momificado de un hombre que data aproximadamente del siglo IV aC, y que se cree que pertenecía a alguno de los pueblos escandinavos en plena Edad de Hierro prerromana.

Este hallazgo es conocido entre los investigadores como el ‚Äúcad√°ver perfecto‚ÄĚ debido a la condici√≥n exquisita de su rostro y cabeza. Descubierto en 1950 por cortadores de turba en un pantano dan√©s, fue enterrado desnudo, a excepci√≥n de una gorra de piel y un cintur√≥n de cuero.

Lo hab√≠an colgado y el nudo que se us√≥ todav√≠a estaba alrededor de su cuello. Dada la violencia que parec√≠a haber sufrido antes de morir, sorprend√≠a que su rostro fuera la imagen de la calma. Un arque√≥logo dan√©s presente el d√≠a despu√©s de ser desenterrado, lo describi√≥ como que ten√≠a ‚Äúuna expresi√≥n amable: los ojos ligeramente cerrados, los labios suavemente fruncidos, como en una oraci√≥n silenciosa‚ÄĚ.

Mujer de Haraldskær
Imagen: McLeod (Public Domain)

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La preservación del hombre de Tollund es impresionante e insólita, pero no fue deliberada. A diferencia de otras, como las momias egipcias, los cuerpos de los pantanos deben su estado a un accidente de química. Los pantanos en los que fueron enterrados contienen poco oxígeno, lo que ayuda a inhibir el crecimiento de bacterias.

El ingrediente m√°s importante para la supervivencia de los cuerpos de los pantanos proviene de una planta llamada sphagnum. Cuando esta muere, libera polisac√°ridos que bloquean los metabolismos bacterianos. Esto ayuda a evitar que la materia org√°nica como la piel, la madera, el pelaje y los textiles sucumban a la descomposici√≥n. Por eso dec√≠amos al comienzo que los pantanos ‚Äúcuran‚ÄĚ la piel de los cuerpos, los preservan como pocas cosas.

De hecho, hay una gran cantidad de datos forenses preservados en los tejidos blandos de los cuerpos de los pantanos, y pueden decirnos mucho sobre quiénes eran en la vida: su estado social, su historia clínica e incluso la comida, como vimos en Lindow.

Hombre de Grauballe
Imagen: Malene Thyssen (CC BY-SA 3.0)

Por eso se sabe que muchas de las v√≠ctimas de los pantanos sufrieron de desnutrici√≥n. Otros parecen haber estado algo mejor. Algunos ten√≠an las manos bien cuidadas, o llevaban peinados elaborados que indicaban su rango. Un n√ļmero inusual de los cuerpos tambi√©n sufr√≠a de deformidades f√≠sicas. Algunas eran menores, pero otras eran anomal√≠as m√°s pronunciadas.

En cualquier caso, una cosa que los cuerpos dejan en claro es que el maltrato que sufrieron en la muerte fue tan extremo como variado. La mujer de Haraldskaer, otro cuerpo famoso, fue asesinada con un garrote. Otra fue estrangulada con su propia faja. El hombre de Tollund fue colgado. El ni√Īo de Kayhausen, un adolescente del norte de Alemania, fue secuestrado y torturado antes de morir.

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A los cuerpos de Lindow, Grauballe y Kayhausen les cortaron la garganta. La ni√Īa de Windeby se ahog√≥, y su brazo tambi√©n lo cortaron. La mujer de Borremose estaba esculpida, su rostro aplastado y su pierna derecha completamente rota. El viejo hombre de Croghan recibi√≥ decenas de golpes, probablemente de un hacha, lo suficiente como para cortarle la cabeza y cortar su cuerpo por la mitad.

Ni√Īa de Windeby
Imagen: Bullenwächter (CC BY-SA 3.0)

La violencia infligida a los cuerpos continuaba después de la muerte. Varios de los cuerpos tenían sus brazos perforados, y las ramas de sauce fueron arrastradas a través de la herida. Otros tenían estacas de madera clavadas en sus rodillas.

Dos hombres de Weerdinge, Holanda, yac√≠an juntos sobre sus espaldas, enterrados hace unos 2.000 a√Īos. Cuando se recuperaron en 1904, los excavadores los colocaron uno encima del otro, los enrollaron y los metieron en una caja. ¬ŅPor qu√©?

El propio Turner, el arqueólogo que estudió al hombre de Lindow, creía tener una hipótesis certera en 1985. Turner sugería la leyenda de San Edmund, el hombre que murió atado a un árbol en medio de una lluvia de flechas que proclamaba su amor por Cristo, el descubrimiento de lo que sería el primer cuerpo de pantano registrado en Europa.

Imagen: Mujer de Borremose (Public Domain)

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En la historia, la cabeza de Edmund, que hab√≠a sido decapitada, se re√ļne milagrosamente con su torso. El cuerpo exhumado a√ļn era flexible y no se hab√≠a descompuesto 300 a√Īos despu√©s de su muerte. ‚ÄúEspiritualidad y rituales asociados a ellos‚ÄĚ, dec√≠a Turner.

Aldhouse-Green dec√≠a que los celtas del norte de Europa ahogaban a desertores, cobardes y homosexuales en los pantanos. Para ellos, el sacrificio humano era un castigo com√ļn. De hecho, muchos de los cuerpos de pantanos mejor conservados eran sacrificios primaverales de tales personas a la Diosa Madre.

Localizaci√≥n donde encontraron a la ni√Īa de Yde
Imagen: Ruud Zwart (CC BY-SA 2.5 nl)

Varios cuerpos tambi√©n muestran signos de haber sido sometidos a alg√ļn tipo de humillaci√≥n ritual. La mayor√≠a fueron enterrados desnudos. La chica de Windeby ten√≠a el lado izquierdo de su cabeza afeitado. La cabeza entera de la ni√Īa de Yde estaba esquilada, con su cabello a su lado. Adem√°s, le cortaron los pezones.

Hombre de Croghan
Imagen: Mark Healey (CC BY-SA 2.0)

La escritora e investigadora cree que es obvio que detr√°s hay alg√ļn tipo de ‚Äúintento de domesticar a los muertos, inmovilizando a sus fantasmas en el lugar donde murieron‚ÄĚ.

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En todo caso, ninguno se trataba de un asesinato ‚Äúcom√ļn‚ÄĚ. La cremaci√≥n era la forma m√°s com√ļn en la Edad de Hierro en el norte de Europa, mientras que aquellos con un estatus m√°s alto a veces se colocaban en ata√ļdes de roble y se enterraban con utensilios para usarlos en el ‚Äúsiguiente mundo‚ÄĚ.

Los cuerpos de los pantanos no tenían ni uno ni lo otro.

Imagen: Hombres de Weerdinge (Public Domain)

Si hay algo que qued√≥ claro tras los numerosos y exhaustivos estudios que surgieron tras el hombre de Lindow, es que los cuerpos en los pantanos son la mejor evidencia del sacrificio humano que exist√≠a en la antig√ľedad, aderezada adem√°s por una violencia inusual para matarlos.

Es curioso, porque a media que han aumentado las pistas con nuevos descubrimientos, la extracción de turba industrial casi ha eliminado las turberas, lo que un día enterrará y pondrá fin sin remedio a una parte de nuestra historia que jamás volveremos a recuperar. Supongo que para entonces, los pantanos pasaran a formar parte del mito.

Por cierto, Reyn-Bardt sigue en la c√°rcel. Los restos de su mujer siguen sin aparecer. [Bog Bodies Uncovered, BBC, AtlasObscura, The Guardian, NewScientist]