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Ciencia

Beber agua embotellada cada día puede añadir hasta 90.000 microplásticos al año a tu cuerpo

Un análisis de más de 140 estudios internacionales revela que beber agua embotellada a diario puede aumentar drásticamente la ingesta de microplásticos. Según los investigadores, esta práctica podría añadir hasta 90.000 partículas plásticas adicionales al año, reavivando el debate sobre sus posibles efectos en la salud humana.
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El agua embotellada se ha convertido en un símbolo de comodidad y, para muchos, de seguridad. Sin embargo, una creciente evidencia científica sugiere que esta elección cotidiana puede tener un coste invisible. Más allá del impacto ambiental de los envases, los microplásticos presentes en el agua envasada plantean interrogantes cada vez más serios sobre la exposición diaria del cuerpo humano a estas partículas.

Una diferencia que preocupa a los científicos

Una revisión científica liderada por Sarah Sajedi, investigadora de la Universidad Concordia, analizó datos de más de 140 estudios realizados en distintos países. El resultado fue contundente: quienes consumen agua embotellada de forma habitual pueden ingerir hasta 90.000 microplásticos más al año que las personas que beben principalmente agua del grifo.

En términos generales, se estima que una persona promedio ingiere entre 39.000 y 52.000 partículas microplásticas al año a través de alimentos y bebidas. El consumo diario de agua envasada eleva esa cifra de manera significativa, convirtiendo un hábito aparentemente inocuo en una fuente relevante de exposición.

Beber agua embotellada cada día puede añadir hasta 90.000 microplásticos al año a tu cuerpo
© FreePik

De la botella al organismo

Los microplásticos presentes en el agua embotellada no aparecen por casualidad. Durante la fabricación de las botellas, su transporte y el almacenamiento, se liberan fragmentos microscópicos del propio envase. La exposición al calor, a la luz solar y a cambios de temperatura acelera este proceso, especialmente en envases de menor calidad.

A diferencia de los microplásticos que llegan al cuerpo a través de la cadena alimentaria, en este caso la vía es directa: cada sorbo incorpora partículas que provienen del propio recipiente. La repetición diaria amplifica el problema y plantea dudas sobre los efectos acumulativos a largo plazo.

Qué se sabe sobre los efectos en la salud

Los estudios recopilados señalan que las partículas microplásticas no siempre se eliminan por completo. Algunas pueden atravesar el sistema digestivo, entrar en el torrente sanguíneo y depositarse en órganos. Investigaciones recientes las han asociado con procesos inflamatorios, estrés celular, alteraciones hormonales y posibles efectos neurológicos.

No obstante, los propios científicos advierten que aún faltan datos concluyentes. La diversidad de tamaños, composiciones y formas de los microplásticos, junto con la ausencia de métodos de medición estandarizados, dificulta establecer relaciones claras entre exposición y enfermedad.

Beber agua embotellada cada día puede añadir hasta 90.000 microplásticos al año a tu cuerpo
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Un problema técnico y político

Uno de los grandes obstáculos es la medición. Detectar microplásticos requiere técnicas complejas y costosas, lo que limita la comparabilidad entre estudios y retrasa el desarrollo de regulaciones específicas. Actualmente, la mayoría de los marcos legales no contemplan límites claros para microplásticos en el agua embotellada.

Al mismo tiempo, el acceso universal a agua potable segura sigue siendo un objetivo central de las políticas públicas. La dependencia de envases plásticos de un solo uso plantea un doble desafío: ambiental y sanitario.

Repensar una costumbre cotidiana

El trabajo de Sajedi no busca alarmar, sino cuestionar una percepción ampliamente extendida: que el agua embotellada es siempre la opción más segura. Reducir el consumo de plásticos, mejorar los controles y avanzar en alternativas sostenibles aparece como una necesidad urgente.

En un mundo donde los microplásticos ya están en el aire, el suelo y los océanos, cada decisión cotidiana cuenta. Incluso algo tan simple como elegir cómo bebemos agua.

Fuente: Infobae.

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