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Ciencia

Algo está cambiando dentro de las tormentas más violentas del planeta. Los meteorólogos advierten que el granizo extremo podría volverse mucho más frecuente

Una piedra de hielo del tamaño de un pomelo acaba de romper todos los registros en Estados Unidos. Para muchos investigadores, no se trata de una simple anomalía, sino de una señal de cómo el cambio climático podría estar modificando la dinámica de las tormentas severas.
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Cuando pensamos en los efectos del cambio climático solemos imaginar olas de calor, sequías o inundaciones. Sin embargo, algunos científicos están prestando atención a un fenómeno mucho menos comentado, pero potencialmente igual de destructivo: el aumento del granizo extremo.

La preocupación volvió a crecer después de que una tormenta registrada en Illinois, Estados Unidos, produjera una piedra de hielo de más de 16 centímetros de diámetro, un tamaño comparable al de un pomelo y muy superior a los registros habituales. Para los meteorólogos que analizaron el caso, no se trató simplemente de un récord aislado, sino de una señal que encaja con una tendencia observada en distintos estudios climáticos.

El extraño efecto del calentamiento sobre el granizo

Los científicos observan una tendencia inquietante en las tormentas: el granizo gigante está aumentando y algunas piedras de hielo ya baten récords históricos
© Pexels / Philippe Donn.

A primera vista, podría parecer contradictorio que un planeta más cálido genere piedras de hielo más grandes. Sin embargo, la explicación está en la forma en que se desarrollan las tormentas.

El granizo se forma cuando fuertes corrientes ascendentes elevan gotas de agua hacia regiones muy frías de la atmósfera. Allí se congelan y comienzan a crecer capa tras capa. Cuanto más tiempo permanezcan suspendidas dentro de la nube, más grandes pueden llegar a ser.

El problema es que una atmósfera más cálida también contiene más humedad. Los científicos estiman que el aire puede retener aproximadamente un 4% más de vapor de agua por cada grado Celsius adicional de temperatura.

Esa energía extra alimenta tormentas más intensas, con corrientes ascendentes capaces de sostener bloques de hielo durante más tiempo y permitir que alcancen tamaños extraordinarios.

Menos granizos pequeños, más granizos gigantes

Aquí aparece una de las paradojas más interesantes. El mismo calentamiento que fortalece las tormentas también favorece el derretimiento del granizo durante su caída hacia la superficie. Las piedras pequeñas son las más perjudicadas. Muchas se funden completamente antes de tocar tierra y terminan convirtiéndose en lluvia.

Las grandes, en cambio, parten con ventaja. Aunque también pierden masa durante el descenso, conservan suficiente tamaño para llegar al suelo como auténticos proyectiles de hielo.

Según un estudio publicado en Nature, los eventos con granizos superiores a los 30 milímetros podrían aumentar entre un 38% y un 47% hacia finales de este siglo dependiendo de la evolución de las emisiones globales.

Una simulación basada en miles de tormentas reales

Los científicos observan una tendencia inquietante en las tormentas: el granizo gigante está aumentando y algunas piedras de hielo ya baten récords históricos
© Freepik.

Para comprobar si esta tendencia era real, un equipo internacional desarrolló modelos informáticos capaces de reproducir el crecimiento del granizo dentro de las nubes.

Los investigadores incorporaron variables como temperatura, humedad, velocidad del viento y dinámica atmosférica. Después compararon los resultados con más de 14.000 tormentas reales registradas entre 2014 y 2021.

El modelo logró reproducir con precisión los eventos observados y posteriormente se utilizó para proyectar escenarios futuros. Las conclusiones fueron claras: los daños asociados al granizo podrían aumentar entre un 36% y un 42% hacia finales del siglo XXI.

Una amenaza creciente para ciudades e infraestructuras

Aunque el granizo suele recibir menos atención que otros fenómenos meteorológicos extremos, sus consecuencias económicas son enormes. Solo en Estados Unidos provoca pérdidas cercanas a los 10.000 millones de dólares anuales, afectando viviendas, vehículos, cultivos e infraestructuras.

Los científicos advierten que el problema no depende únicamente del clima. También influye dónde construimos, cómo diseñamos nuestros edificios y qué tan preparados están para resistir impactos cada vez más intensos.

Lo que hace unos años parecía una rareza meteorológica podría convertirse en una imagen más habitual en muchas regiones del planeta. Y si las proyecciones actuales son correctas, las tormentas del futuro no necesariamente traerán más granizo, sino algo potencialmente más preocupante: menos piedras de hielo, pero mucho más grandes y destructivas.

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