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Ciencia

Antes de los dinosaurios, antes de los peces y antes incluso de los primeros animales complejos. Científicos descubren el origen de la primera célula sanguínea hace 700 millones de años

Un nuevo estudio ha reconstruido el árbol genealógico de las células sanguíneas y ha encontrado algo inesperado. El origen de parte de nuestro sistema inmunitario se remonta a organismos unicelulares que vivieron cientos de millones de años antes de que aparecieran los primeros vertebrados.
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La sangre parece algo inseparable de los animales complejos. Asociamos los glóbulos rojos al transporte de oxígeno, los linfocitos a la defensa frente a enfermedades y los macrófagos a la eliminación de amenazas microscópicas. Pero una nueva investigación sugiere que los cimientos de este sofisticado sistema aparecieron muchísimo antes de lo que imaginábamos.

Mucho antes de los dinosaurios. Mucho antes de los peces. Incluso antes de que los primeros animales multicelulares comenzaran a diversificarse en los océanos primitivos de la Tierra.

Según un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), las primeras células que dieron origen al sistema sanguíneo moderno podrían remontarse a un ancestro unicelular que vivió hace unos 700 millones de años.

El sorprendente origen de los primeros guardianes del organismo

Antes de los dinosaurios, antes de los peces y antes incluso de los primeros animales complejos. Científicos descubren el origen de la primera célula sanguínea hace 700 millones de años
© Shutterstock / ART-ur.

Para llegar a esta conclusión, investigadores de la Universidad de Kioto desarrollaron una metodología capaz de comparar perfiles de expresión genética entre distintos tipos celulares y múltiples especies, incluyendo organismos unicelulares muy alejados evolutivamente de los seres humanos.

Su objetivo no era reconstruir el árbol genealógico de los animales, sino algo mucho más específico: descubrir cómo evolucionaron las células sanguíneas.

Los resultados apuntaron siempre en la misma dirección. Entre todos los componentes de la sangre, los macrófagos aparecieron como los más cercanos a aquellos antiguos organismos unicelulares que precedieron a los animales modernos.

Hoy conocemos a los macrófagos como células especializadas en detectar, engullir y destruir microorganismos invasores. Sin embargo, el estudio sugiere que también representan el linaje más antiguo de nuestro sistema inmunitario.

La vida aprendió primero a defenderse

El hallazgo ofrece una perspectiva fascinante sobre la evolución. Cuando la vida comenzó a organizarse en estructuras multicelulares, uno de los primeros problemas que tuvo que resolver no fue cómo moverse más rápido ni cómo desarrollar órganos complejos. Fue cómo protegerse.

Según los investigadores, las capacidades básicas que hoy asociamos a los macrófagos ya existían en organismos de una sola célula. Esos mecanismos permitían reconocer amenazas, capturar partículas extrañas y coordinar respuestas biológicas elementales.

Con el paso de cientos de millones de años, la evolución reutilizó y perfeccionó esas herramientas hasta construir sistemas inmunitarios cada vez más sofisticados.

El árbol genealógico de la sangre

Antes de los dinosaurios, antes de los peces y antes incluso de los primeros animales complejos. Científicos descubren el origen de la primera célula sanguínea hace 700 millones de años
© Álvaro Herrero.

El análisis también permitió reconstruir el orden en que aparecieron distintos tipos de células sanguíneas. Los macrófagos ocuparían la base del árbol evolutivo. A partir de ellos surgieron otros linajes, incluyendo las células cebadas, que posteriormente darían lugar a los precursores de los linfocitos T y de los glóbulos rojos.

Los linfocitos B, fundamentales para la producción de anticuerpos, habrían aparecido más tarde como una rama evolutiva independiente. En otras palabras, las células que hoy circulan por nuestro organismo conservan una historia evolutiva escrita durante cientos de millones de años.

Una investigación que podría ayudar a entender el cáncer

Más allá de la curiosidad histórica, el trabajo tiene implicaciones prácticas. Los científicos creen que esta nueva metodología podría utilizarse para investigar el origen evolutivo de enfermedades complejas, incluido el cáncer. Muchos tumores aparecen cuando los mecanismos que controlan la diferenciación celular dejan de funcionar correctamente.

Comprender cuándo surgieron esas vías biológicas y cómo evolucionaron podría ayudar a explicar por qué algunos tejidos son más vulnerables a ciertos tipos de cáncer o por qué determinadas células desarrollan una resistencia extraordinaria a los tratamientos.

Aun así, los propios autores son prudentes. El árbol evolutivo presentado es el más completo elaborado hasta ahora para células sanguíneas, pero todavía quedan enormes vacíos de información en muchos grupos animales poco estudiados.

Lo que parece claro es que cada gota de sangre que circula por nuestro cuerpo transporta algo más que oxígeno o células inmunitarias. Transporta una herencia biológica que comenzó a escribirse cuando la vida apenas estaba aprendiendo a organizarse en formas cada vez más complejas, cientos de millones de años antes de que apareciera el primer animal reconocible sobre la Tierra.

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