Han pasado dos años desde que el primer vuelo tripulado de prueba de Starliner terminó convertido en un auténtico dolor de cabeza para Boeing y la NASA, dejando a dos astronautas atrapados en la Estación Espacial Internacional (EEI) durante mucho más tiempo del previsto. Ahora, la empresa asegura que su problemática cápsula está cerca de regresar al servicio.
Durante la presentación de resultados trimestrales de Boeing, el director ejecutivo de la compañía, Kelly Ortberg, afirmó que la mayor parte del trabajo destinado a corregir las fallas técnicas de Starliner ya está terminada. Según informó Ars Technica, Boeing y la NASA están coordinando una fecha para una próxima misión de carga hacia la Estación Espacial Internacional, un paso clave antes de intentar un nuevo vuelo tripulado de prueba, que podría concretarse a finales de 2027.
«Tenemos que trabajar con la NASA para coordinar los lanzamientos», explicó Ortberg durante la conferencia. «Por el momento no creo que esto vaya a representar un problema adicional de costos, aunque todavía existen algunas incertidumbres que debemos resolver junto con la NASA, y estamos trabajando en ello.»
El largo camino para recuperar la confianza
Boeing trabaja en la reparación de Starliner desde septiembre de 2024, cuando la nave regresó a la Tierra sin tripulación tras una misión que estuvo marcada por múltiples inconvenientes.
Durante el acercamiento a la Estación Espacial Internacional, cinco de los propulsores de maniobra dejaron de funcionar, obligando a los astronautas de la NASA Butch Wilmore y Sunita «Sunni» Williams a intervenir manualmente para controlar parte de las operaciones de la nave.
A esos problemas se sumaron cinco fugas de helio, una de las cuales ya había sido detectada antes del lanzamiento, pero fue considerada aceptable para continuar con la misión.
A comienzos de este año, responsables de la NASA aseguraban que los equipos habían logrado avances importantes tanto en la solución de las pérdidas de helio como en las pruebas de los propulsores que fallaron durante el vuelo. En ese momento, la agencia esperaba que Starliner regresara al espacio en abril con una misión no tripulada.
Ese lanzamiento nunca llegó a concretarse.
Más adelante, en junio, el tono de la NASA se volvió mucho más prudente. Funcionarios de la agencia señalaron que el siguiente vuelo tripulado probablemente tendría lugar «dentro del próximo año», sin ofrecer un calendario más preciso.
Las declaraciones recientes de Boeing, sin embargo, transmiten un panorama bastante más optimista.
«El rediseño de los problemas detectados en Starliner está avanzando muy bien y nos sentimos bastante confiados con el progreso», afirmó Ortberg.
El siguiente obstáculo está en la Estación Espacial Internacional
Según explicó el ejecutivo, la mayor parte del trabajo técnico ya habría concluido. El principal factor que retrasa el regreso de Starliner sería ahora la disponibilidad de un puerto de acoplamiento libre en la Estación Espacial Internacional.
Si la planificación de la NASA lo permite y existe un espacio disponible, Boeing considera posible lanzar una misión de carga antes de que termine este año. Ese vuelo serviría para demostrar que las modificaciones funcionan correctamente antes de volver a transportar astronautas.
Un contrato multimillonario bajo presión
Originalmente, la NASA esperaba que Starliner iniciara sus misiones operativas a principios de 2025. Sin embargo, tras el accidentado vuelo de prueba, la agencia modificó su contrato con Boeing y redujo el número de misiones previstas de seis a cuatro.
La presión sobre la compañía sigue siendo elevada. Si Starliner continúa acumulando retrasos, Boeing corre el riesgo de no poder cumplir plenamente el contrato de 4.300 millones de dólares firmado con la NASA dentro del Programa de Tripulación Comercial.
Además, el proyecto ya le ha generado a la empresa alrededor de 2.000 millones de dólares en sobrecostos, una cifra que refleja el impacto financiero de los múltiples problemas técnicos sufridos por la cápsula.
A diferencia de otros programas espaciales, Boeing conserva la propiedad de Starliner, mientras que la NASA actúa como cliente del servicio de transporte.
En medio de las dificultades, la compañía incluso llegó a estudiar la posibilidad de vender parte de su división espacial, incluida Starliner. Hasta el momento, sin embargo, no se ha concretado ninguna operación.
Por su parte, la NASA clasificó el accidentado vuelo de prueba como un incidente de Tipo A, la categoría más grave dentro de su sistema de investigación. La agencia reconoció que su objetivo de disponer de múltiples sistemas comerciales para transportar astronautas influyó en algunas decisiones técnicas y operativas durante la misión.
Pese a todo, la NASA parece seguir apostando por Boeing como uno de sus socios estratégicos. La gran incógnita ahora es si Starliner logrará demostrar, en su próximo vuelo, que finalmente ha dejado atrás los problemas que han marcado buena parte de su desarrollo.