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Ciencia

En Cantabria apareció una cápsula del tiempo de hace 105 millones de años y no contiene solo fósiles: su extraño ámbar azul-violeta conserva plumas de dinosaurio, insectos y hasta animales que quedaron congelados mientras se camuflaban

El ámbar de El Soplao ha conservado más de 1.500 artrópodos, plumas de dinosaurio y comportamientos completos durante 105 millones de años. Ahora una gran revisión reconstruye el bosque perdido que existió en Cantabria.
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Hay fósiles capaces de decirnos qué animales existieron hace millones de años. Y después están los que permiten descubrir qué estaba haciendo uno de esos animales exactamente antes de quedar enterrado para siempre.

En Cantabria existe un lugar extraordinario donde ocurre lo segundo. El yacimiento de El Soplao conserva gotas de resina producidas por un bosque hace unos 105 millones de años, durante el Cretácico Inferior. Dentro han aparecido más de 1.500 inclusiones de artrópodos, restos vegetales, hongos e incluso plumas de dinosaurios terópodos. Una revisión publicada ahora en Journal of the Geological Society reúne casi dos décadas de investigaciones y sitúa el yacimiento entre los grandes archivos europeos de ecosistemas cretácicos.

Y hay algo que hace todavía más extraño ese archivo fósil: parte del ámbar presenta bajo la luz una espectacular tonalidad azul-violeta, una rareza química que se ha convertido en la firma del yacimiento.

Una gota de resina consiguió conservar algo mucho más difícil que un dinosaurio: su comportamiento

En Cantabria apareció una cápsula del tiempo de hace 105 millones de años y no contiene solo fósiles: su extraño ámbar azul-violeta conserva plumas de dinosaurio, insectos y hasta animales que quedaron congelados mientras se camuflaban
© Equipo investigador de El Soplao.

Entre las inclusiones se han identificado 40 especies, muchas descritas por primera vez para la ciencia. Hay moscas, escarabajos, avispas, arañas, ácaros, crustáceos y otros diminutos habitantes de aquel bosque. Algunos conservan estructuras microscópicas prácticamente intactas. Pero uno de ellos ofrece algo todavía más raro.

Hallucinochrysa diogenesi era una pequeña larva de neuróptero que llevaba sobre la espalda un paquete de restos vegetales. No acabaron allí accidentalmente: el animal los había recopilado para camuflarse frente a depredadores y presas, una estrategia que algunos de sus parientes continúan utilizando hoy. El fósil constituye una de las evidencias antiguas más espectaculares de este comportamiento.

El ámbar también ha conservado evidencias de depredación, parasitismo, mutualismo y comensalismo. Es decir, no estamos observando simplemente un catálogo de especies desaparecidas, sino fragmentos de las relaciones que mantenían entre ellas.

También quedaron atrapadas plumas de dinosaurio

En Cantabria apareció una cápsula del tiempo de hace 105 millones de años y no contiene solo fósiles: su extraño ámbar azul-violeta conserva plumas de dinosaurio, insectos y hasta animales que quedaron congelados mientras se camuflaban
© J. A. Peñas.

Los vertebrados apenas aparecen en el ámbar porque, evidentemente, un dinosaurio entero difícilmente podía quedar encerrado en una gota de resina. Pero sí podía rozarla.

En El Soplao han aparecido restos de plumas pertenecientes a dinosaurios terópodos, algunas conservando estructuras extremadamente delicadas. Los investigadores interpretan que algunas pudieron desprenderse cuando el animal todavía estaba vivo y entró en contacto con la pegajosa resina del árbol. Y esa resina tiene otro misterio. Estudios químicos detectaron guaiazuleno, un derivado del azuleno que podría estar detrás de la característica fluorescencia azul del material. El Soplao es, de hecho, el único depósito conocido de ámbar azul del Cretácico descrito en esos análisis.

El bosque probablemente ardía una y otra vez

Reconstruir cómo terminó toda esa vida dentro del ámbar permite completar la escena.

La región era entonces un ecosistema costero y pantanoso, muy distinto de la Cantabria actual. Los investigadores han encontrado abundantes restos vegetales carbonizados y consideran que incendios recurrentes pudieron estresar a las coníferas, haciendo que produjeran enormes cantidades de resina. Después, parte de ella terminó enterrada en ambientes deltaicos y estuarinos antes de transformarse lentamente en ámbar.

El Soplao apareció gracias a unas obras de carretera y su importancia paleontológica fue reconocida en 2007. Desde entonces, cada nueva pieza ha ido añadiendo criaturas a aquella fotografía. Pero lo extraordinario es que la resina no congeló únicamente cuerpos. Congeló plumas, relaciones entre especies y hasta estrategias de supervivencia.

Hace 105 millones de años aquel bosque desapareció. Lo que nadie esperaba era que miles de sus habitantes siguieran allí, encerrados dentro de pequeñas gotas azul-violeta y todavía haciendo exactamente lo que hacían el día en que quedaron atrapados.

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