En 1997, Mark y Sarah Tompkins compraron su primera propiedad cerca de Graaff-Reinet, en el Gran Karoo, provincia del Cabo Oriental de Sudáfrica. Lo que empezó como una granja terminó convirtiéndose, con la adquisición sucesiva de otras diez propiedades ganaderas vecinas, en Samara Karoo Reserve, una reserva privada de 27.000 hectáreas. El objetivo declarado desde el inicio fue devolverle a esa tierra la fauna que las granjas de generaciones anteriores habían eliminado por completo: guepardos, rinocerontes, leones del Cabo, elefantes y springboks, entre otras especies, según relata la propia reserva.
Guepardos, primero

El primer gran hito de reintroducción llegó en 2004, cuando Samara recibió al primer guepardo salvaje que pisaba el Gran Karoo en más de 130 años. Antes de eso, el equipo había pasado años retirando plantas invasoras, desarmando los alambrados internos que separaban las antiguas granjas y dejando descansar el terreno para que la vegetación nativa y las poblaciones de herbívoros (hoy unas 20 especies de antílopes) pudieran recuperarse lo suficiente como para sostener a un depredador de ese tamaño.
El rinoceronte negro y la cebra de montaña

En 2013, Samara se convirtió en una de las pocas reservas privadas de Sudáfrica en reintroducir la subespecie de rinoceronte negro adaptada a zonas desérticas, catalogada en peligro crítico de extinción, con menos de 5.000 ejemplares en todo el mundo. Dos años después, en 2015, llegó la cebra de montaña del Cabo, otra especie endémica que había desaparecido de la zona.
El regreso de los elefantes
En octubre de 2017, después de una ausencia estimada en 150 años, una manada fundadora de seis elefantes llegó a Samara desde la reserva Kwandwe, cerca de Grahamstown, financiada en parte por la ONG Elephants, Rhinos & People. Al año siguiente se sumaron dos machos adultos provenientes de la reserva Phinda, en KwaZulu-Natal, consolidando la nueva población de estos grandes herbívoros dentro del ecosistema restaurado.
Los leones que completaron el Big Five
El capítulo más reciente llegó con el regreso de los leones, ausentes de la zona durante unos 180 años: la primera pareja, formada por un macho de tres años llamado Titus y una hembra de cuatro llamada Sikelele, pasó primero seis semanas en un recinto de adaptación antes de ser liberada dentro de la reserva a comienzos de 2019. Con su llegada, Samara se convirtió en la primera reserva privada Big Five (león, elefante, búfalo, leopardo y rinoceronte) del Gran Karoo, un logro que sus fundadoras describen como la culminación de más de dos décadas de trabajo de restauración ecológica.
Lo que volvió sin que nadie lo trajera
No todas las especies necesitaron ser reintroducidas activamente. Según relató Sarah Tompkins, tanto el leopardo como el buitre del Cabo regresaron a Samara por cuenta propia, atraídos por un ecosistema que había recuperado las condiciones necesarias para sostenerlos, sin necesidad de ningún operativo de traslado. Es, quizás, la señal más clara de que la restauración funcionó: cuando un hábitat mejora lo suficiente, parte de la fauna encuentra sola el camino de vuelta.