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Ciencia

Tres hermanos salvajes abandonaron su manada en Zambia para buscar pareja. Ocho meses y 4.126 kilómetros después habían sorteado ciudades, carreteras y embalses: su viaje revela una red invisible que aún conecta África, pero también lo fácil que es romperla

Tres licaones recorrieron 4.126 kilómetros tras abandonar su manada en Zambia. El viaje muestra que poblaciones separadas por cientos de kilómetros todavía pueden conectarse, aunque carreteras y trampas convierten esas rutas en corredores mortales.
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Tres hermanos de tres años abandonaron su hogar en el Parque Nacional de Kafue, Zambia, en julio de 2025. No estaban huyendo de una sequía ni siguiendo una migración ancestral. Estaban buscando pareja.

Ocho meses después habían acumulado 4.126 kilómetros de recorrido, atravesando regiones sin protección, acercándose a algunas de las mayores ciudades del país, bordeando embalses y evitando carreteras. Cuando finalmente establecieron un nuevo territorio, estaban apenas a 419 kilómetros en línea recta de donde habían empezado.

El gigantesco rodeo es uno de los grandes protagonistas de un nuevo estudio publicado en Ecology. Los investigadores siguieron mediante GPS a varios grupos de perros salvajes africanos o licaones (Lycaon pictus) y documentaron desplazamientos que muestran hasta qué punto este depredador amenazado puede conectar ecosistemas aparentemente aislados.

Llegaron hasta una ciudad de 600.000 habitantes y decidieron dar media vuelta

Tres hermanos abandonaron su manada en Zambia para buscar pareja. Ocho meses y 4.126 kilómetros después habían sorteado ciudades, carreteras y embalses: su viaje revela una red invisible que aún conecta África, pero también lo fácil que es romperla
© Dmitrii Zhodzishskii.

Los tres machos pertenecían a la manada Mayukuyuku, que antes de su salida tenía 18 adultos y jóvenes. Eran además parte de una extraordinaria cohorte de 19 cachorros que había conseguido llegar a la edad adulta.

El problema era precisamente ese éxito. En una manada de licaones normalmente solo se reproduce la pareja dominante. Al alcanzar los dos o tres años, los subordinados pueden quedarse ayudando a criar a sus parientes o marcharse para intentar fundar su propio grupo. Aquellos tres eligieron la segunda opción. Y pronto quedó claro que no iban a seguir una ruta sencilla.

Se aproximaron a Ndola, una ciudad de más de 600.000 habitantes, y terminaron retrocediendo unos 200 kilómetros siguiendo casi exactamente sus propios pasos. Evitaron después la Gran Carretera del Norte y se encontraron con dos grandes embalses de entre 20 y 30 kilómetros de extensión que no podían atravesar. Los rodearon y continuaron hacia el este.

Estudios anteriores del mismo equipo muestran que, cuando salen de espacios protegidos, estos animales cambian incluso su manera de caminar: se desplazan aproximadamente 1,7 veces más rápido y con trayectorias mucho más rectas, como si intentaran atravesar cuanto antes los lugares potencialmente peligrosos.

Lo increíble es que estuvieron a 1,6 kilómetros de encontrar pareja. Llegaron seis días tarde

Tres hermanos abandonaron su manada en Zambia para buscar pareja. Ocho meses y 4.126 kilómetros después habían sorteado ciudades, carreteras y embalses: su viaje revela una red invisible que aún conecta África, pero también lo fácil que es romperla
© Creel et al., Ecology (2026).

Después de recorrer 2.356 kilómetros, los tres machos pasaron por una zona que también habían atravesado cuatro hembras procedentes de otra manada. Sus caminos quedaron separados por apenas 1,6 kilómetros. Pero había un problema: habían pasado por allí con seis días de diferencia. Nunca llegaron a encontrarse. Finalmente los machos continuaron hasta el área de Luano, donde el 1 de abril de 2026 acumulaban esos extraordinarios 4.126 kilómetros.

Y ese fracaso parcial revela algo importante: moverse muchísimo no significa necesariamente conectar poblaciones. Cuatro grupos estudiados acumularon conjuntamente 9.863 kilómetros, pero generaron pocas evidencias de intercambio reproductivo efectivo. Encontrar otro grupo es solo el principio: después deben ser aceptados, sobrevivir y reproducirse.

El mayor obstáculo no fue una ciudad ni un río: fue un trozo de alambre

Tres hermanos salvajes abandonaron su manada en Zambia para buscar pareja. Ocho meses y 4.126 kilómetros después habían sorteado ciudades, carreteras y embalses: su viaje revela una red invisible que aún conecta África, pero también lo fácil que es romperla
© Hal Cooks.

La historia paralela de otras tres hermanas muestra el lado más oscuro del descubrimiento. Una hembra identificada como EWD-1355 recorrió más de 2.300 kilómetros durante 11 meses, llegó hasta Mozambique, cruzó grandes ríos y carreteras y ascendió repetidamente por el Gran Valle del Rift.

En junio de 2022 murió atrapada en un lazo metálico colocado para cazar carne silvestre. Sus dos hermanas desaparecieron del seguimiento. Los resultados dejan así una contradicción fascinante. Los licaones todavía pueden desplazarse entre poblaciones separadas por cientos de kilómetros, y los movimientos observados sugieren que buena parte de África oriental y meridional podría seguir formando una enorme red biológica conectada.

Pero esa red no aparece dibujada en ningún mapa de carreteras. Tres animales pudieron encontrar la forma de esquivar ciudades enteras y recorrer 4.126 kilómetros. Lo que todavía no han aprendido a esquivar es un simple alambre escondido entre la vegetación.

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