Cinco años después de su histórico triunfo con Parasite, Bong Joon-Ho vuelve a las pantallas con Mickey 17, un relato distópico que combina su característico humor negro, sátira social y una mirada compleja sobre la condición humana. La película, una coproducción entre Estados Unidos y Corea del Sur, se aleja un poco del estilo de sus obras anteriores en su país natal, al incorporar un elenco internacional y un guion en inglés. Sin embargo, mantiene el mismo enfoque crítico y un sentido del humor negro que se convierte en su sello distintivo.
Una trama futurista con tintes de sátira política
La historia de Mickey 17 se desarrolla en el año 2054, cuando la Tierra se ha vuelto inhabitable. Un gobierno liderado por un político con tintes populistas, interpretado por Mark Ruffalo, lanza una misión colonizadora hacia Niflheim, un planeta helado. En este viaje, los colonos intentarán asegurar la supervivencia de la humanidad, pero se enfrentarán a criaturas extrañas y peligrosas, como unos gigantescos ciempiés que la primera dama, interpretada por Toni Collette, desea exterminar.
El protagonista, Mickey Barnes (Robert Pattinson), es un hombre que, para escapar de las amenazas de muerte de un usurero, decide convertirse en un voluntario «descartable» para la misión. Mickey es utilizado como un experimento humano, muerto y resucitado repetidamente, siendo reciclado a través de una fotocopiadora 3D que escanea su cuerpo y le permite conservar sus recuerdos y emociones. Así, Mickey tiene la oportunidad de vivir una y otra vez, mientras enfrenta nuevos desafíos en un entorno hostil.
Un relato que combina ciencia ficción y sátira, pero con una crítica superficial
La película, que utiliza todos los recursos tecnológicos de una costosa producción de ciencia ficción, presenta una trama que en un principio parece compleja y laberíntica. Sin embargo, a medida que avanza, se va tornando en una historia algo predecible y, en ocasiones, demasiado básica. La crítica política y social de Mickey 17 parece quedarse en observaciones elementales y pueriles, algo que, aunque puede resultar entretenido, no ofrece una reflexión profunda sobre los temas que toca.
El personaje de Mark Ruffalo, que interpreta a un político tiránico y bufonesco, es uno de los puntos débiles de la película, al ser tratado de forma caricaturesca. La exageración de su rol llega a ser grotesca, lo que resta peso a su figura como antagonista. Sin embargo, la película mantiene su ritmo y logra entretener a lo largo de sus 139 minutos, a pesar de algunas escenas innecesarias y detalles que no aportan a la trama.
La verdadera fuerza de la película: Bong Joon-Ho y Robert Pattinson
Lo que realmente hace que Mickey 17 funcione es la dirección visual de Bong Joon-Ho y la interpretación de Robert Pattinson. El director, conocido por su capacidad para crear mundos visualmente fascinantes, hace uso de su talento para darle una atmósfera única a la película. La combinación de efectos especiales, paisajes futuristas y criaturas alienígenas crea un ambiente visualmente impresionante que sostiene la película.
Pattinson, por su parte, brilla con su interpretación de Mickey. A pesar de la naturaleza «desechable» de su personaje, Pattinson le infunde una gran humanidad, lo que le permite tener algunos momentos cómicos memorables. Su habilidad para entregar una actuación tan compleja, llena de matices, en medio de un relato que a veces se siente exagerado, es uno de los mayores logros de la película.
Mickey 17 es una película que, a pesar de tener una crítica social algo superficial y de recurrir a algunas soluciones narrativas simplistas, logra mantenerse interesante gracias a la imaginación visual de Bong Joon-Ho y la destacada interpretación de Robert Pattinson. Aunque su mensaje no sea tan profundo como se esperaba, sigue siendo una obra entretenida y sorprendentemente eficaz en su humor negro y sus momentos de comedia física. Con una trama que explora la condición humana desde una perspectiva futurista, Mickey 17 ofrece una experiencia de ciencia ficción visualmente impresionante, aunque algo básica en su contenido.
[Fuente: La Nación]