Brasil quiere dejar de depender exclusivamente de la infraestructura tecnológica desarrollada en Estados Unidos, China y Europa, y acaba de dar uno de sus pasos más ambiciosos para conseguirlo. El Gobierno anunció la construcción de un supercomputador con una capacidad prevista de 7.200 petaflops, una máquina que, según las autoridades brasileñas, podría situarse entre las diez más potentes del mundo dedicadas a inteligencia artificial.
La inversión rondará los 1.000 millones de reales, equivalentes a unos 192 millones de dólares, y el objetivo va mucho más allá de disponer de una computadora extremadamente rápida. Brasil quiere utilizarla para desarrollar modelos propios de inteligencia artificial, formar especialistas y reducir progresivamente su dependencia tecnológica del extranjero.
Una máquina capaz de realizar miles de billones de operaciones por segundo
El futuro supercomputador será instalado en el Parque Tecnológico Augusto Severo, vinculado a la Universidad Federal de Rio Grande do Norte, en el noreste del país, y debería comenzar a operar durante 2027.
Su capacidad prevista de 7.200 petaflops significa que podrá realizar una cantidad enorme de operaciones matemáticas cada segundo, un nivel de potencia especialmente útil para entrenar grandes modelos de IA, analizar enormes volúmenes de datos y ejecutar simulaciones científicas extremadamente complejas.
Durante la presentación del proyecto, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva dejó claro que la inversión tiene también una dimensión estratégica. Brasil, aseguró, quiere competir en igualdad de condiciones con las grandes potencias tecnológicas y desarrollar capacidades propias en lugar de limitarse a consumir soluciones creadas fuera del país.
Estou a caminho de Macaíba, no Rio Grande do Norte, para uma visita ao Parque Científico e Tecnológico Augusto Severo. Lá, vamos anunciar um conjunto de medidas para ampliar a capacidade do Brasil de desenvolver inteligência artificial.
São iniciativas que vão representar um…
— Lula (@LulaOficial) August 20, 2026
El contrato también exige transferencia de tecnología
La licitación no contempla únicamente comprar una gran máquina e instalarla en territorio brasileño. Entre sus condiciones aparecen requisitos relacionados con la transferencia de tecnología, la contratación de proveedores nacionales y la formación de aproximadamente 5.000 trabajadores locales.
El objetivo es que parte del conocimiento necesario para construir, mantener y operar este tipo de infraestructura permanezca dentro del país.
Según medios brasileños, Nvidia aparece como uno de los actores con la tecnología necesaria para cumplir las exigencias técnicas del proyecto, algo que refleja hasta qué punto las GPU avanzadas se han convertido en una pieza central de la carrera mundial por la inteligencia artificial.
Brasil prepara otro supercomputador junto a Huawei e iFlytek
El proyecto de Rio Grande do Norte no llegará solo. El Gobierno brasileño anunció además un segundo supercomputador que será instalado en Río de Janeiro mediante un acuerdo entre la Red Nacional de Enseñanza e Investigación y las compañías chinas Huawei e iFlytek.
Esta iniciativa tendrá una inversión estimada de 1.276 millones de reales durante cinco años y debería iniciar operaciones en julio de 2027. Una de sus prioridades será desarrollar grandes modelos de lenguaje capaces de trabajar específicamente con portugués, además de ampliar la capacidad nacional de computación científica.
El siguiente objetivo son los chips
Brasil también presentó una estrategia con un horizonte de entre 10 y 15 años destinada a reducir otro de sus grandes puntos de dependencia: los semiconductores.
El plan contempla desarrollar capacidades propias alrededor de RISC-V, una arquitectura abierta que permite diseñar procesadores sin depender de tecnologías propietarias tradicionales, y contará con colaboración del ecosistema tecnológico de Barcelona.
Los tres proyectos apuntan en la misma dirección. Brasil no quiere limitarse a comprar inteligencia artificial, capacidad de cálculo y chips diseñados en otros países, sino empezar a construir una parte cada vez mayor de esa infraestructura dentro de sus propias fronteras. El supercomputador de 7.200 petaflops será, si cumple el calendario previsto, una de las primeras grandes pruebas de esa ambición.