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Ciencia

Buzos encontraron más de 400 monedas de oro en el fondo del mar hace 30 años y ahora los arqueólogos por fin saben de qué barco son

El naufragio frente a la costa de Devon, en Inglaterra, guardó su identidad durante tres décadas. Una investigación conjunta del Museo Británico y la Universidad de Bournemouth determinó que los restos pertenecen al Dom van Keulen, un mercante holandés que cargaba oro marroquí cuando una tormenta lo hundió en 1633
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En 1995, un grupo de buzos exploró los fondos frente a Salcombe, en el condado de Devon, al sur de Inglaterra, y encontró algo que no esperaban: más de 400 monedas de oro en el lecho marino, junto a cañones, anclas y fragmentos de un casco de madera. El naufragio estaba ahí desde hacía siglos, pero nadie sabía a quién había pertenecido. Durante treinta años, la pregunta quedó sin respuesta.

Ahora, una investigación coordinada por la Universidad de Bournemouth, el Museo Británico y el Grupo de Arqueología Marítima del Sudoeste cerró el misterio: los restos pertenecen al Dom van Keulen, un barco mercante holandés que partió de Marruecos en el otoño de 1633 cargado de oro africano y nunca llegó a su destino.

Un cargamento que conectaba tres continentes

Barco Mercante
Un barco mercante atacado por piratas (Aert Anthonisz, c. 1615) © By Aert Anthoniszoon – http://www.nmm.ac.uk/collections/explore/object.cfm?ID=BHC0709 (archived here)., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2016018

El Dom van Keulen no era un barco cualquiera. Cuando zarpó de la costa marroquí llevaba 150 sacos de goma arábiga, 64 de salitre, 320 pieles de cabra y unos 9.000 ducados berberiscos: monedas de oro acuñadas en Marruecos durante la dinastía saadí, apreciadas en toda Europa por su pureza excepcional.

Este tipo de intercambio era el núcleo del comercio atlántico del siglo XVII. Los mercaderes holandeses llevaban productos manufacturados al norte de África y regresaban con materias primas y metales preciosos. El oro berberisco que llegaba a los Países Bajos solía fundirse para acuñar florines holandeses, que circulaban entonces como moneda de referencia en el comercio internacional. El Dom van Keulen era un eslabón de esa cadena global.

«Esto proporciona un contexto importante para la riqueza de los jerifes saadíes, el comercio de oro africano y pruebas tangibles del floreciente comercio marítimo del siglo XVII que unía Marruecos, los Países Bajos y Gran Bretaña», señaló Dave Parham, profesor de arqueología marítima en la Universidad de Bournemouth.

Cómo se reconstruyó el naufragio

La identificación del barco fue posible gracias a la combinación de arqueología submarina, análisis numismático y trabajo de archivo. El historiador independiente Ian Friel localizó en los Archivos Nacionales británicos documentos de la época que describen la travesía: la tripulación «se enfrentó a un clima muy tempestuoso», el casco abrió una vía de agua y el barco se hundió cerca de Salcombe. Todos los tripulantes sobrevivieron.

El pecio, de unos 30 metros de eslora, descansa a 18 metros de profundidad. Entre los objetos recuperados y depositados en el Museo Británico figuran cañones, anclas, cerámica, un cuenco y una cuchara de peltre, joyas de oro, un sello, una pesa de sondeo con forma de pez y una pepita de oro en forma de dedo. Las monedas —más de 400, el mayor conjunto de ducados berberiscos hallado en aguas británicas— se habían quedado en el fondo cuando el resto del cargamento fue rescatado pocos días después del hundimiento.

Treinta años de misterio y lo que revelan las monedas

Cuando los buzos del Grupo de Arqueología Marítima del Sudoeste sacaron a la superficie las primeras monedas en 1995, la pregunta obvia era: ¿qué hace oro marroquí del siglo XVII en el fondo del mar frente a Devon? «El descubrimiento de oro africano bajo el mar, frente a la costa de Devon, fue un hallazgo asombroso que suscitó muchas preguntas sobre su origen», recordó Jeremy D. Hill, jefe de investigación del Museo Británico. «Responder a esas preguntas requirió el trabajo conjunto de un equipo de expertos.»

La respuesta tardó tres décadas porque exigía cruzar disciplinas: la arqueología submarina podía describir el pecio, pero solo los archivos históricos podían nombrar el barco, y solo la numismática podía fechar y autentificar las monedas con precisión suficiente. El caso del Dom van Keulen es, en ese sentido, un ejemplo de cómo la arqueología marítima funciona hoy: no como una disciplina de buzos y tesoros, sino como investigación histórica con el océano como archivo.

El sitio del naufragio está protegido desde 1973 bajo la legislación británica de protección de pecios y solo puede ser visitado por buzos con licencia especial. Su vigilancia depende de la estación de guardacostas de Prawle Point y la policía marítima local, en el marco de la Operación Birdie, una iniciativa nacional contra el expolio de sitios históricos sumergidos.

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