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Ciencia

Científicos modificaron el ADN de pollos comunes y lograron que les crecieran las plumas primitivas de sus ancestros dinosaurios

Un equipo de la Universidad de Ginebra intervino el gen Sonic Hedgehog en embriones de pollo y consiguió revertir temporalmente 250 millones de años de evolución: las crías desarrollaron protoplumas tubulares idénticas a las de los primeros dinosaurios. El hallazgo revela por qué fue tan difícil para la ciencia alterar de forma permanente el plan corporal de las aves
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Un pollo de corral tiene, guardado en su genoma, el manual de instrucciones para fabricar las plumas de un dinosaurio. No como metáfora evolutiva, sino como código activo que puede reactivarse en el laboratorio. Eso es, en esencia, lo que acaba de demostrar un equipo de la Universidad de Ginebra en un estudio publicado en PLOS Biology.

Los investigadores intervinieron el gen Sonic Hedgehog —uno de los reguladores maestros del desarrollo embrionario, con un nombre sacado de un videojuego pero con un papel absolutamente fundamental en la biología— durante una ventana crítica del crecimiento de los embriones. El resultado fue inesperadamente nítido: en lugar de las plumas ramificadas y complejas de las aves modernas, los embriones desarrollaron estructuras tubulares simples, prácticamente idénticas a las protoplumas que exhibían los dinosaurios hace unos 250 millones de años.

Cómo se apaga y se enciende la evolución

Huevos Analisis
© Provincial Archives of Alberta – Unsplash

La intervención consistió en introducir un inhibidor del gen en los huevos durante el noveno día de desarrollo. A partir de ese momento, el crecimiento de las plumas se ralentizó y perdió complejidad estructural: aparecieron zonas sin plumaje y otras con coberturas rudimentarias, tubulares, sin las barbas y bárbulas que caracterizan a las plumas de las aves actuales.

Para documentar los cambios con precisión, el equipo empleó microscopía de fluorescencia de lámina de luz, una técnica que permite visualizar el desarrollo de tejidos en tiempo real y con una resolución que hace visible incluso las estructuras iniciales de las plumas —llamadas placodas— mientras se forman.

Lo más revelador vino después: el efecto no fue permanente. A medida que avanzaba el desarrollo embrionario, la actividad genética se normalizó por sí sola. Los pollos que eclosionaron tenían un plumaje irregular, pero semanas más tarde mudaron y desarrollaron un plumaje completamente normal. El genoma, en otras palabras, corrigió solo la anomalía.

Qué dice esto sobre 250 millones de años de historia

Para el investigador Michel Milinkovitch, uno de los autores del estudio, esta resistencia del sistema genético es precisamente el hallazgo más importante. «Nuestros experimentos muestran que es mucho más difícil alterar de forma permanente el desarrollo de las plumas», señaló. La robustez del proceso no es un accidente: es el resultado de millones de años de refinamiento evolutivo, durante los cuales el plan de construcción de las plumas se volvió cada vez más resistente a perturbaciones.

Esto tiene implicaciones directas para entender cómo evolucionaron las aves desde sus ancestros terópodos. Las plumas no aparecieron ya en su forma moderna: pasaron por etapas intermedias, desde filamentos simples hasta estructuras cada vez más complejas, a lo largo de decenas de millones de años. El gen Sonic Hedgehog fue uno de los actores principales en cada una de esas transiciones.

El nexo entre el pollo y el Velociraptor

La conexión entre las aves modernas y los dinosaurios no es nueva en la ciencia: está consolidada desde hace décadas por la paleontología y la genética comparada. Pero experimentos como este permiten algo diferente: no solo observar los fósiles de esa transición, sino reproducirla activamente en un embrión vivo y estudiarla en tiempo real.

El hallazgo se suma a una línea de investigación que, en los últimos años, ha conseguido reactivar en embriones de pollo rasgos como estructuras similares a dientes o la morfología de las extremidades anteriores de dinosaurios bípedos. Cada uno de estos experimentos no busca crear animales híbridos ni revivir especies extintas: busca entender qué instrucciones genéticas se apagaron o modificaron durante la evolución, y en qué orden.

En ese sentido, el pollo de corral sigue siendo uno de los organismos modelo más útiles de la biología del desarrollo. Dentro de cada uno de sus embriones, el registro de 250 millones de años de historia evolutiva permanece parcialmente legible, esperando que alguien sepa cómo leerlo.

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