La religión no desapareció del mundo. Esa es, quizá, la primera conclusión incómoda para cualquier lectura demasiado simple del presente. En 2020, más de tres cuartas partes de la población mundial seguía identificándose con alguna tradición religiosa. Pero el mapa de la fe sí está cambiando, y no lo hace de una sola manera.
Un nuevo informe del Pew Research Center analizó cómo se transformó la composición religiosa global entre 2010 y 2020 a partir de más de 2.700 fuentes de datos, incluidos censos nacionales, encuestas demográficas y registros de población. El resultado muestra un mundo donde el cristianismo sigue en primer lugar, pero pierde peso relativo; el islam crece más rápido que cualquier otro grupo; y las personas sin afiliación religiosa se consolidan como el tercer gran bloque global.
La foto de 2020 es clara: los cristianos llegaron a unos 2.300 millones de personas, equivalentes al 28,8% de la población mundial. Los musulmanes alcanzaron los 2.000 millones, el 25,6%. Y los no afiliados (ateos, agnósticos o personas que simplemente no se identifican con ninguna religión) llegaron a 1.900 millones, el 24,2% del total.
El cristianismo no se achica en números, pero sí en proporción

El dato más importante sobre el cristianismo no es que haya perdido fieles. No lo hizo. Según Pew, la cantidad de cristianos aumentó en 122 millones durante la década. El problema es otro: ese crecimiento fue más lento que el de la población mundial. Por eso, su peso global cayó 1,8 puntos porcentuales, hasta el 28,8%.
Ese matiz cambia toda la lectura. No estamos ante un derrumbe absoluto, sino ante una pérdida de centralidad relativa. El cristianismo sigue siendo la religión más numerosa del planeta, pero ya no crece al ritmo del mundo.
También cambió su centro geográfico. Pew señala que África subsahariana superó a Europa como la región con mayor número de cristianos: en 2020 concentraba el 30,7% de los cristianos del mundo, frente al 22,3% de Europa. La explicación combina dos fuerzas: mayor crecimiento demográfico africano y abandono religioso en países europeos.
Ese desplazamiento es enorme. Durante siglos, Europa fue el centro simbólico, institucional y cultural del cristianismo global. Hoy, el cristianismo crece más por Lagos, Kinshasa o Nairobi que por París, Londres o Berlín.
El islam crece porque tiene una población más joven
El islam fue el grupo religioso que más creció entre 2010 y 2020. Según Pew, sumó 347 millones de personas, más que todos los demás grupos religiosos combinados, y su proporción mundial subió del 23,8% al 25,6%.
La razón principal no es una ola global de conversiones, sino la demografía. Las poblaciones musulmanas, en promedio, son más jóvenes y tienen tasas de fertilidad más altas en muchas de las regiones donde están concentradas. Pew destaca que los musulmanes tenían en 2020 la mayor proporción de menores de 15 años entre los grandes grupos religiosos: 33% de todos los musulmanes del mundo estaban por debajo de esa edad.
Eso importa porque las religiones no crecen solo por convicción individual. También crecen por edad, nacimientos, mortalidad, migración y estructura familiar. El mapa espiritual del futuro se decide tanto en templos, mezquitas e iglesias como en pirámides demográficas.
Los “sin religión” crecen pese a tener la demografía en contra
El otro gran movimiento es el avance de los no afiliados. Pew calcula que crecieron en 270 millones durante la década y alcanzaron los 1.900 millones de personas. Su peso global subió de 23,3% a 24,2%.
Acá aparece una paradoja. Los no afiliados no tienen, en promedio, la ventaja demográfica del islam. Pew explica que este grupo es más viejo y tiene menor fertilidad que cristianos, musulmanes e hindúes. Aun así, creció como proporción de la población mundial. ¿Por qué? Principalmente por el cambio de identidad religiosa: muchas personas criadas dentro de una religión, sobre todo dentro del cristianismo, dejaron de identificarse con ella en la adultez.
Conviene usar bien la categoría. “No afiliado” no significa necesariamente ateo militante ni rechazo espiritual. Incluye ateos, agnósticos y personas que responden “ninguna religión” o “nada en particular”. Es una bolsa amplia, pero muy reveladora: muestra que cada vez más personas separan identidad, cultura y creencia formal.
Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Australia muestran el giro occidental

El cambio se ve con especial fuerza en varios países occidentales. Pew indica que el cristianismo cayó al menos cinco puntos porcentuales en 41 países y territorios entre 2010 y 2020, y que en casi todos esos casos el grupo cristiano se redujo como proporción de la población.
Hay casos simbólicos. En 2020, los cristianos ya no eran mayoría en Reino Unido, donde representaban el 49%; en Australia, con 47%; en Francia, con 46%; y en Uruguay, con 44%. En todos esos países, los no afiliados ya representaban el 40% o más de la población.
Estados Unidos también cambió con fuerza. Según Pew, el país tenía alrededor de 101 millones de personas sin afiliación religiosa en 2020, casi el doble que en 2010. Aun así, China seguía siendo, por enorme diferencia, el país con más no afiliados: 1.300 millones, equivalentes al 90% de su población bajo la medición usada por el informe.
Ese último punto tiene una advertencia metodológica importante. Pew aclara que modificó su forma de medir la religión en China y utilizó el concepto de identidad religiosa formal, lo que eleva la estimación global de personas no afiliadas. En otras palabras: el tamaño de China hace que cualquier decisión metodológica sobre religión en ese país cambie la foto mundial.
No es el fin de la religión, sino un reordenamiento global
La lectura más fácil sería decir que el mundo se seculariza. Pero eso solo explica una parte. La otra parte dice casi lo contrario: algunas religiones, especialmente el islam y el cristianismo en África subsahariana, siguen creciendo con fuerza por pura dinámica demográfica.
El resultado no es un planeta menos religioso de manera uniforme. Es un planeta más desigual en su distribución religiosa. Más secular en ciertas zonas de Europa, América del Norte, Oceanía y Asia oriental. Más religioso y joven en regiones como África subsahariana y partes de Medio Oriente. Más híbrido en América Latina, donde el cristianismo sigue siendo dominante, pero convive con un aumento de los no afiliados y cambios internos entre tradiciones.
Por eso el informe de Pew no habla solo de fe. Habla de población, edad, migración, fertilidad, identidad y cultura. La religión, al final, no cambia únicamente cuando alguien deja de creer o empieza a creer. Cambia cuando nacen más niños en unas regiones que en otras, cuando las generaciones jóvenes se identifican distinto a sus padres, cuando un continente se vuelve el nuevo centro de una tradición y cuando millones de personas responden “ninguna” a una pregunta que antes parecía tener una respuesta heredada.
El mundo sigue siendo mayoritariamente religioso. Pero ya no está organizado religiosamente de la misma manera. Y ese cambio, silencioso pero enorme, recién empieza a mostrar sus consecuencias.