Durante algunas décadas, Cumberland —una pequeña comunidad de la Columbia Británica— convivió con el legado incómodo de sus minas de carbón: túneles abandonados, agua contaminada y un paisaje marcado por la explotación del siglo XIX. Pero ahora, esos mismos pozos inundados podrían convertirse en la pieza central de una revolución energética local.
Un grupo de investigadores estudia cómo transformar el subsuelo minero en una red geotérmica capaz de proporcionar calefacción, refrigeración y ahorro energético a todo el municipio.
La geotermia escondida bajo las galerías del siglo XIX

Las minas de Cumberland fueron excavadas entre finales del 1.800 y los años sesenta. Desde entonces, los túneles se llenaron de agua, una consecuencia habitual tras el cese de operaciones. Lo extraordinario no es la inundación: es la temperatura estable que mantiene el agua durante todo el año. En invierno está más cálida que el ambiente exterior; en verano se mantiene más fresca.
Este diferencial térmico fue la clave. La iniciativa ACET, junto a investigadores locales, propone aprovecharlo mediante sistemas geoexchange: circuitos cerrados que mueven agua entre edificios y las minas para intercambiar calor. El subsuelo actúa como un gigantesco depósito térmico natural, lo que permite alimentar bombas de calor de alto rendimiento.
Según el planificador energético Zachary Gould, la red funcionaría como “un intercambiador de calor del tamaño de una ciudad”, con emisiones casi nulas y un coste operativo muy inferior al del gas o el petróleo.
Infraestructura ya hecha, impacto ambiental mínimo

Uno de los mayores atractivos del proyecto es que la infraestructura ya existe. No hace falta perforar kilómetros de roca ni instalar tuberías invasivas: los túneles están ahí, extendiéndose bajo gran parte del casco urbano. Para la investigadora Emily Smejkal, esto convierte a Cumberland en un caso único: “La densidad de minas bajo la ciudad permite pensar en una red geotérmica comunitaria”, explica.
Este estudio inicial se centra en varias parcelas municipales y una zona industrial cercana al lago Comox. Allí se evalúa si el calor del subsuelo puede abastecer a edificios públicos, invernaderos o procesadoras de alimentos que dependen de grandes demandas térmicas.
La idea no surge de cero. Otras comunidades de la Columbia Británica y Nueva Escocia ya utilizan minas abandonadas para calefacción geotérmica, con buenos resultados.
The old mines beneath Canada's village of Cumberland could soon power homes and businesses with clean geothermal energy. https://t.co/WPd3eq0YuS pic.twitter.com/fiPFDMvApk
— Interesting Engineering (@IntEngineering) November 26, 2025
Un pasado minero que podría convertirse en un futuro energético limpio
Para Cumberland, la propuesta tiene tanto un valor práctico como simbólico. La alcaldesa Vickey Brown lo resume así: transformar las secuelas de la minería en un recurso sostenible es una forma de reconciliar a la comunidad con su historia. En lugar de un pasivo ambiental, las minas podrían convertirse en un activo energético moderno.
El geólogo Cory MacNeill lo ve como un cambio de paradigma: “Hay que revisar la historia minera y pensar cómo aprovecharla en clave ambiental”, señala. En su visión, Cumberland podría convertirse en un modelo para cientos de comunidades en Norteamérica que también viven sobre una red de túneles abandonados.
Si la iniciativa prospera, las aguas estables de unas minas olvidadas podrían dar lugar a uno de los sistemas energéticos más eficientes del país. Una forma inesperada —y limpia— de devolver vida al subsuelo.