Saltar al contenido
Ciencia

Un hallazgo sorprendente revela cómo los mineros de la Edad del Bronce podrían haber creado uno de los primeros tintes resistentes

Un sorprendente descubrimiento arqueológico en una antigua mina alpina apunta a que sus trabajadores dominaban una técnica para obtener un pigmento amarillo muy estable. Todo indica que aprovecharon plantas locales y los propios minerales de la mina
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

La vida en los asentamientos mineros de hace tres mil años suele imaginarse en tonos grises: humo, roca, metal, herramientas rudimentarias. Sin embargo, un hallazgo reciente sugiere una escena mucho más colorida y sofisticada en plena Edad del Bronce. Un tipo concreto de planta apareció en cantidades tan extraordinarias en un antiguo yacimiento minero de los Alpes que los investigadores creen que sus habitantes podrían haber dominado un proceso sorprendentemente avanzado para teñir cuero y tejidos.

Una mina de cobre que escondía algo más que metal

Reseda Luteola
© Lipatova Maryna – Shutterstock

En las montañas de la Baja Austria, a más de 700 metros de altitud, se encuentra el yacimiento de Prigglitz-Gasteil. Durante el Bronce Final —entre el 1050 y el 780 a. C.— fue un centro minero activo, con grandes explotaciones a cielo abierto, zonas de fundición, talleres y terrazas construidas sobre antiguos vertederos de escoria.

Las excavaciones realizadas entre 2010 y 2014 mostraron que la vida allí no se limitaba a extraer mineral. Han aparecido herramientas de bronce y hueso para trabajar cuero, restos de animales sacrificados e indicios de procesamiento de alimentos. Era un pequeño ecosistema autosuficiente, donde metalurgia, ganadería y oficios convivían en un espacio reducido.

Y fue en ese contexto donde los arqueobotánicos encontraron algo inesperado: miles de semillas carbonizadas de una única planta, concentradas en capas muy concretas del asentamiento. Tras un análisis exhaustivo con microscopio óptico y electrónico, las semillas fueron identificadas, con toda precisión, como pertenecientes a Reseda luteola, una especie conocida por producir un pigmento amarillo excepcionalmente brillante.

La datación por radiocarbono disipó cualquier duda: no eran semillas medievales ni intrusiones posteriores. Eran contemporáneas del asentamiento minero y estaban exactamente donde debían estar.

La pista que faltaba: una planta tintórea junto a un recurso clave

Sulfato De Cobre
© Gerson Repreza – Unsplash

La Reseda luteola, también llamada gualda, contiene luteolina, un compuesto vegetal que fue ampliamente utilizado siglos después para teñir textiles. Pero el tinte por sí solo no basta. Para fijarlo de forma eficiente sobre fibras naturales se necesita un mordiente: un compuesto mineral que actúa como “puente” entre el tejido y la molécula del colorante.

Y aquí es donde el hallazgo se vuelve extraordinariamente coherente.

Este asentamiento era una mina de cobre. Los minerales presentes —como la calcopirita— pueden dar lugar, mediante procesos relativamente sencillos, a sulfatos de cobre y de hierro. Justo los mordientes tradicionales utilizados en tintorería histórica.

Los investigadores observaron incluso charcos naturales enriquecidos en sales metálicas en las escombreras actuales, un fenómeno habitual en minas de cobre antiguas. No sería descabellado pensar que los habitantes de Prigglitz-Gasteil vieron cómo ciertas fibras cambiaban de color al contacto con estos compuestos… y empezaron a experimentar.

Tal como apunta el estudio, “la coexistencia de la minería y la producción textil debió generar oportunidades únicas para desarrollar técnicas que mejoraran la solidez de los pigmentos”. No se trata de pruebas definitivas, pero sí de un conjunto de indicios muy bien alineados.

¿Qué teñían realmente? Las herramientas hablan por sí solas

En el yacimiento no han aparecido telares ni pesas suficientes como para afirmar una gran producción textil. En cambio, sí se han encontrado numerosas agujas de hueso y bronce, punzones y herramientas asociadas al tratamiento del cuero. La abundancia de restos de animales sacrificados en el propio campamento también encaja con esta hipótesis.

El cuero era fundamental para la minería: servía para confeccionar calzado, guantes, correas, contenedores de agua, bolsas para transportar mineral e incluso partes de los fuelles que alimentaban los hornos. No sería extraño que algunos de estos objetos se tiñeran para diferenciar usos, marcar pertenencias o, simplemente, por estética.

La referencia más llamativa está situada no muy lejos de allí: en las minas de sal de Dürrnberg, en Salzburgo, se halló un objeto de cuero de la Edad del Hierro teñido precisamente con luteolina, el mismo pigmento producido por la gualda.

Si en ese periodo ya se utilizaba el tinte, y si en Prigglitz-Gasteil aparece la planta en cantidades abrumadoras dos siglos antes… las piezas del rompecabezas empiezan a encajar.

Un vistazo inesperado a una forma temprana de economía circular

El estudio propone una lectura fascinante: los mineros de la Edad del Bronce probablemente no desperdiciaban nada. Las plantas que crecían en los vertederos de la mina podían convertirse en pigmento. Los minerales extraídos generaban, casi de forma natural, los mordientes necesarios. Y el resultado era un tinte resistente, capaz de colorear cuero y tejidos con un amarillo vibrante.

Es posible que nunca encontremos un fragmento de cuero teñido en el propio yacimiento —las condiciones de conservación hacen que esto sea poco probable—, pero las evidencias circunstanciales son tan consistentes que los expertos consideran este hallazgo como la prueba más antigua del uso de la gualda como tinte en la región alpina.

Lejos de la imagen oscura y monótona que solemos asociar a la prehistoria, los mineros de Prigglitz-Gasteil podrían haber trabajado rodeados de colores brillantes, creados con los mismos recursos que extraían de la tierra.

[Fuente: La Brújula Verde]

Compartir esta historia

Artículos relacionados