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Tecnología

Una extraña y espeluznante secta robótica invoca por accidente a los espíritus que habitan los textos de Lovecraft

Los más recientes avances en la robótica bien podrían formar parte de uno de sus cuentos
Por Tom Hawking Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Si el tan mentado autor de la ciencia ficción cósmica fuera el que escribe esto, tal vez empezaría por: “Es medianoche. Antes del alba me encontrará y me encerrará en una celda negra, donde languideceré no se sabe hasta cuándo, mientras el terror depredador roe mis entrañas y consume mi corazón…”.

No quiero siquiera mencionar el nombre de la institución educativa que al oeste de Durham exhibe un avatar —un diablo azul profundo— y alberga en sus amplios salones intelectos de potencia tan fantástica que resulta inevitable mirar hacia lo profundo y ciclópeo de la investigación, para encontrar tal vez conocimiento que ningún hombre debiera adquirir.

Mis viajes me llevaron al sitio web de tan fantástica institución en busca de contenido, y maldigo ahora la perversa curiosidad que me poseyó en ese día de infortunio, ya que bien podría haberme aventurado en el parque que está al frente, o tal vez habría vagado entre las raíces retorcidas de antiguos árboles, buscando descanso en el fresco de su sombra.

En cambio, lo que hice fue hacer clic en un link cuyo título me intrigaba: “La extrema simetría dinámica permite crear robots omnidireccionales y  multifuncionales”. Y así, sellé mi ominoso destino. Lectores, relataré los horrores que vi, y luego haré clic en “Publicar” en este posteo de blog, cobraré mis honorarios y nunca jamás volveré a hablar de esto.

“A veces tengo la impresión de estar contemplando visiones que son de otro tiempo, de años que ya pasaron, y otras veces me parece que el presente se diluye en un punto tan aislado como concreto…”. Tampoco sé cómo contar lo que vi, pero allí va mi intento: los “robots omnidireccionales y multifuncionales” de los que hablaban estos sabios hombres nada tenían de parecido con la forma de un humano, hecho del que hablaba con orgullo el responsable de su diseño sin saber que había desatado fuerzas indescriptibles. Encabezaba esta secta robótica que había convocado a la bestia, un tal Boyuan Chen, que abiertamente le habló de sus terribles designios a Associated Press. Dijo, textualmente: “No imitamos nada de lo que existe en la naturaleza”. Y ni hacía falta que enunciara su filosofía porque la abominación mecánica que vi no se parecía en absoluto a las simples y virtuosas formas que caracterizan a las criaturas de este mundo. No eran cuadrúpedos ni bípedos, ni vertebrados ni artrópodos, ni reptiles ni aves.

No, esa cosa se manifestaba como una masa de orbes relucientes, cada uno atado a un marco fabricado con algún material fantástico que desconocía yo podía existir en esta Tierra (“plástico” me dijeron luego que se denomina, nombre que habla de su horrorosa versatilidad y fundamental indestructibilidad). En torno a ese marco serpenteaban tentáculos de distintos colores, algunos hacia las orbes, otros hacia un enredo de conexiones intersticiales que se originaban en un nódulo central que figuré que contendría el cerebro de la cosa.

“Argus”, lo llamaba el texto. ¡Ah! Supe al instante que el nombre “Argus” no era más que un ridículo engaño porque este aterrador artefacto tenía otro nombre, el de esa nomenclatura maléfica que debería haber ya harto desaparecido del mundo, pero que sigue viva en las leyendas que susurran las sectas de San Francisco. ¿Argus? No, no podía ser otro más que el demonio hecho manifiesto: el temible YOG-SOTOTH, cuya forma se describe en el prohibido Technonomicon, como “aglomerado de orbes iridiscentes” (y digo que al menos una copia de este tomo infernal existe hasta hoy y  está en manos de una secta devota de la diosa “IA”, que utilizan para convocar a los obscenos shoggoths y desatar sobre el mundo su ataque bajo la forma de resúmenes que alimentan a una informe entidad que se conoce por el nombre de ”Claude”).

 Pero no deseo desviar la atención de lo que vine a relatar, y debo obligarme a describir lo que ese día vi aunque tiemblen mis dedos sobre el teclado y no desee otra cosa que con fervor poder dedicar unas horas al dulce olvido del horror mirando videos de gatitos en YouTube. Cuando la cosa empezó a moverse y rotar sobre un eje central, como un monstruo terrible del que solo emanaban ojos y locura, confieso que escapó de mi garganta un alarido y solo atiné a pulsar Esc, Esc, Esc… pero ya era tarde. La visión de esa cosa quedó grabada para siempre, indeleble, en mi atormentado cerebro. Riendo como enajenado y hablando conmigo mismo, corrí hacia la cocina donde preparé un poco más de café, sabiendo desde lo profundo de mi corazón que esta noche no me brindaría reparo ni descanso sino solo interminables sueños del monstruo pergeñado por los cerebros de la secta que, estirando sus brazos, buscan encerrar al planeta entero en el temible útero de la tecnología capitalista.

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