Durante años, bastaba con pedirle a ChatGPT que escribiera un cuento “al estilo de Stephen King” o un poema “como Pablo Neruda” para recibir un texto que intentaba reproducir su voz, su ritmo y algunos de sus recursos más reconocibles.
Eso parece estar cambiando.
Pruebas recientes realizadas con ChatGPT muestran que el sistema comenzó a rechazar los pedidos que buscan imitar directamente el estilo de escritores famosos. En lugar de negarse a escribir por completo, ofrece crear un texto original que conserve cualidades generales —como una atmósfera inquietante, un lenguaje lírico o una narración fragmentaria— sin reproducir una voz individual.
ChatGPT todavía escribe, pero evita copiar una voz concreta
El cambio no significa que el chatbot haya perdido su capacidad para crear poemas, relatos o novelas. La diferencia está en la manera en que interpreta el pedido.
Cuando un usuario solicita una imitación directa, ChatGPT puede explicar que no reproducirá fielmente el estilo del autor y proponer una alternativa. Por ejemplo, ante una petición relacionada con Stephen King, puede ofrecer una historia de terror atmosférico, centrada en personajes y con tensión gradual, pero sin presentarla como una copia de su escritura.
Algo similar ocurre con autores fallecidos. Las pruebas citadas por Ars Technica sugieren que la restricción no se limita exclusivamente a escritores vivos, aunque las respuestas pueden variar según el modelo, la formulación del pedido y el contexto de la conversación.
Por eso, todavía es posible solicitar características concretas: frases breves, narrador poco fiable, realismo mágico, humor absurdo, estructura epistolar o una ambientación gótica. Lo que el sistema intenta evitar es utilizar el nombre de una persona como atajo para reproducir todos sus rasgos distintivos.

Los modelos no buscan fragmentos en una biblioteca secreta
La explicación habitual de que ChatGPT “revisa su base de datos” cada vez que recibe una petición resulta demasiado simplificada.
Los modelos de lenguaje son entrenados con grandes cantidades de texto para aprender relaciones estadísticas entre palabras, estructuras, temas y formas de expresión. Cuando responden, generan una secuencia nueva a partir de esos patrones aprendidos; no necesariamente buscan y recuperan un libro concreto almacenado en una biblioteca interna.
Eso no elimina el debate sobre los datos utilizados para entrenarlos. Escritores, medios y otras organizaciones sostienen que sus obras fueron incorporadas sin autorización, mientras que las compañías de inteligencia artificial defienden que el entrenamiento puede estar protegido por el principio de uso legítimo. Varias demandas contra OpenAI y Microsoft fueron agrupadas en un litigio multidistrital en Nueva York, y algunas continúan activas.
OpenAI no confirmó que el cambio se deba a las demandas
La coincidencia temporal permite pensar que la nueva conducta busca reducir riesgos legales y proteger a los creadores, pero atribuirla exclusivamente a los litigios sería una conclusión especulativa.
OpenAI no anunció públicamente una nueva norma específica para la imitación literaria ni explicó que las demandas sean la causa directa del cambio observado. La empresa sí señala que el comportamiento de sus modelos se ajusta continuamente mediante entrenamiento, evaluaciones, políticas y comentarios de los usuarios.
ChatGPT n'écrit plus à la manière de vos auteurs préférés.
Réclamez une scène d’ouverture à la manière de Stephen King, et la machine répond qu’elle ne peut imiter ni son « style exact » ni sa « voix distinctive » pic.twitter.com/338XyH7qME
— Jonathan Chan 💡📣 (@ChanPerco) August 3, 2026
Su Model Spec funciona como un marco público que define el comportamiento deseado, aunque la propia compañía reconoce que es un documento evolutivo y que los modelos disponibles pueden no aplicarlo siempre de manera perfecta o uniforme.
De copiar un nombre a describir una técnica
El cambio obliga a los usuarios a formular pedidos más precisos. En vez de solicitar “un cuento como Cortázar”, pueden pedir una narración en la que lo cotidiano se vuelva inquietante, el tiempo sea ambiguo y el final permita varias interpretaciones.
El resultado puede conservar la intención creativa sin intentar reproducir la identidad literaria de una persona concreta.
ChatGPT no ha dejado de escribir ficción ni de reconocer movimientos, géneros y técnicas narrativas. Lo que está desapareciendo es una de sus funciones más polémicas: convertir el nombre de un escritor en un comando para fabricar una versión artificial de su voz.