Desde la década de 1950, el desarrollo urbano acelerado, la construcción de represas, la sobrepesca y la contaminación fueron degradando de forma sostenida la biodiversidad de agua dulce del río Yangtsé, el más largo de Asia y el tercero del mundo. El delfín de río chino (baiji) se extinguió, y el pez espátula chino, una especie que había convivido con los dinosaurios durante más de 150 millones de años, fue declarado extinto por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza en 2022. Otras 135 especies de peces registradas en relevamientos históricos dejaron de encontrarse. El declive continuó incluso después de que China invirtiera más de 300.000 millones de dólares en áreas protegidas y gestión de la calidad del agua.
La opción nuclear: prohibir la pesca en toda la cuenca

El 1 de enero de 2021, el gobierno chino puso en marcha una prohibición total de la pesca comercial durante diez años en el cauce principal del Yangtsé, sus afluentes principales y los lagos conectados a la cuenca, una medida que muchos especialistas calificaron directamente como la «opción nuclear» de la conservación fluvial, según Live Science.
Lo que costó en términos humanos
Para aplicar la veda, las autoridades retiraron unos 111.000 barcos pesqueros de la actividad y tuvieron que reubicar a 231.000 pescadores que dependían de ese trabajo para vivir. De ese total, 141.000 personas lograron conseguir otro tipo de empleo, unas 220.000 quedaron cubiertas por programas de seguro de pensión, y 12.000 personas en situación de mayor vulnerabilidad económica fueron incorporadas a programas de asistencia temporal, según cifras oficiales difundidas por el Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales de China.
Los números de la recuperación

Entre 2021 y 2025, el monitoreo de toda la cuenca del Yangtsé registró 351 especies de peces nativos, 43 más que en el período previo a la prohibición (2017-2020). El volumen de recursos pesqueros monitoreado en el cauce principal del río se recuperó, hacia 2025, hasta alcanzar el doble del nivel registrado antes de la veda. Un estudio independiente publicado en la revista Science, liderado por Fangyuan Xiong, confirmó de forma científica que la interrupción de la pesca logró detener siete décadas de declive continuo en la biodiversidad del río, con mejoras documentadas en biomasa, diversidad de especies y condición corporal de los peces analizados, según la propia revista Science.
Lo que todavía no se puede recuperar

La veda no puede revertir lo que ya se perdió antes de aplicarse: el delfín baiji y el pez espátula chino siguen extintos, y ninguna medida de conservación posterior podrá traerlos de vuelta. El foco de las autoridades chinas se concentró entonces en las especies amenazadas que todavía sobreviven, como el esturión del Yangtsé y la marsopa sin aleta del Yangtsé, con programas específicos de recuperación poblacional. Según especialistas citados por Live Science, el hallazgo tiene un valor que va más allá del propio río: demuestra que decisiones políticas suficientemente firmes pueden revertir procesos de pérdida de biodiversidad que muchas veces se asumen como irreversibles.
Parte de una estrategia más amplia
La prohibición de pesca se combinó con otras medidas dentro de un plan más amplio conocido como la «Gran Protección del Río Yangtsé»: controles más estrictos sobre la contaminación industrial, restricciones a la extracción de arena del lecho del río y programas de repoblación mediante la liberación de peces criados en cautiverio. El objetivo declarado del gobierno chino es sostener la recuperación de uno de los ecosistemas fluviales más importantes del planeta, del que depende directa o indirectamente el abastecimiento de agua y la actividad económica de cientos de millones de personas.