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Ciencia

La URSS pasó casi dos décadas perforando un pozo de 12.262 metros: lo que encontró en el camino cambió la idea que se tenía del interior de la Tierra

El objetivo era llegar a 15 kilómetros de profundidad. Nunca lo lograron. Pero lo que sí encontraron en el intento resultó mucho más interesante que la meta original
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En mayo de 1970, un equipo de científicos soviéticos comenzó a perforar en la península de Kola, en el noroeste de Rusia, cerca de la frontera con Noruega, con el objetivo de alcanzar los 15 kilómetros de profundidad dentro de la corteza continental. El proyecto, conocido como Pozo Superprofundo de Kola, nunca llegó a esa meta: tras casi dos décadas de trabajo, en 1989 la perforación principal (la rama SG-3) alcanzó su profundidad máxima de 12.262 metros, todavía hoy el pozo más profundo jamás excavado por el ser humano.

La pared que nadie pudo atravesar

Corteza Continental
Grosor de la corteza continental demostrado en kilómetros © By USGS/USGov – http://quake.wr.usgs.gov/research/structure/CrustalStructure/, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=961722

Durante los primeros kilómetros, la temperatura del subsuelo aumentó siguiendo bastante de cerca lo que los modelos geológicos de la época predecían. Pero a partir de cierta profundidad, el calor empezó a superar ampliamente esas proyecciones: donde se esperaban unos 100°C a los 12 kilómetros, los instrumentos registraron 180°C, casi el doble. A esa temperatura, la roca dejó de comportarse como un sólido rígido y empezó a volverse plástica, deformándose y fluyendo lentamente hacia el propio pozo en lugar de fracturarse bajo la perforadora, lo que terminó haciendo inviable seguir profundizando con el equipamiento disponible en aquel momento.

Agua donde se creía imposible

Uno de los hallazgos más sorprendentes llegó cuando el equipo atravesó una capa de roca cristalina intensamente fracturada, saturada de agua mineralizada caliente, algo que nadie esperaba encontrar a esas profundidades dentro de roca cristalina densa. Según Earthdate, del Bureau of Economic Geology de la Universidad de Texas, ese hallazgo obligó a revisar buena parte de lo que se asumía sobre la porosidad y la circulación de fluidos en la corteza terrestre profunda, además de registrar la presencia de gases diversos y formaciones rocosas que no encajaban con los modelos geológicos vigentes hasta ese momento.

Vida fosilizada a 6 kilómetros de profundidad

Microfosil
© By Alfred William Alcock – Alcock, Alfred W. (1902) Naturalist in Indian Seas : or, Four Years with the Royal Indian Marine Survey Ship ‘Investigator’, New York City, NY: E. P. Dutton & Co., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=42537996

El hallazgo más llamativo, sin embargo, apareció bastante antes de tocar el fondo del pozo: a unos 6 kilómetros de profundidad, dentro de roca sedimentaria metamorfizada de más de 2.000 millones de años de antigüedad, el equipo encontró microfósiles de organismos unicelulares, principalmente fitoplancton, en un estrato donde en ese momento se creía imposible que hubiera existido vida alguna vez. El hallazgo amplió de forma considerable los límites conocidos hasta entonces sobre hasta dónde había logrado desarrollarse la vida microscópica en el pasado geológico del planeta.

El final del proyecto

Después de 1989, los soviéticos intentaron perforar ramas adicionales del mismo pozo para seguir avanzando, pero ninguna logró superar la profundidad ya alcanzada: los intentos posteriores se frenaron en 1992, a raíz de las mismas temperaturas extremas, y un último intento con financiamiento limitado se detuvo en 1994 a menor profundidad, por falta de fondos tras la disolución de la Unión Soviética. El sitio quedó finalmente abandonado y el pozo se selló de manera oficial en 2005.

Un récord que sigue en pie

Pese a toda esa inversión de tiempo y recursos, el pozo de Kola apenas logró atravesar cerca de un tercio del espesor de la corteza continental báltica en ese punto, y representa solamente un 0,19% de la distancia total hasta el centro de la Tierra: para llegar hasta ahí, haría falta perforar unas 520 veces más hondo. Aun así, más de tres décadas después de su última perforación, el pozo de Kola sigue siendo el más profundo jamás excavado por el ser humano, por encima incluso de proyectos posteriores como el Programa Alemán de Perforación Profunda Continental, que aprendió de sus dificultades técnicas para diseñar cabezales de perforación capaces de resistir mejor las altas temperaturas.

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