Saltar al contenido
Ciencia

Las valquirias pudieron esconderse a plena vista durante 140 años. Una tumba de Birka revela que la arqueología veía a un guerrero cada vez que encontraba armas, incluso cuando los huesos eran de una mujer

La ocupante de Bj 581 fue enterrada con espada, hacha, lanzas, escudos, flechas, caballos y un juego de estrategia. El hallazgo no demuestra que las valquirias fueran reales, pero obliga a aceptar que algunas mujeres pudieron alcanzar identidades y posiciones guerreras en la sociedad vikinga.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

Durante casi un siglo y medio, nadie necesitó comprobar si la persona enterrada en la tumba Bj 581 era un hombre. El ajuar parecía responder por ella: una espada, un hacha, un cuchillo de combate, dos lanzas, dos escudos y 25 flechas capaces de atravesar protecciones. Cerca del cuerpo también aparecieron dos caballos y un juego completo de tablero.

Para la arqueología del siglo XIX, la conclusión resultaba automática. Tantas armas solo podían pertenecer a un guerrero y un guerrero, necesariamente, debía ser masculino.

El problema apareció cuando los huesos empezaron a contar una historia diferente. Un análisis osteológico identificó rasgos femeninos y, en 2017, un estudio genómico confirmó que el individuo tenía dos cromosomas X y ninguna señal del cromosoma Y. La tumba utilizada durante décadas como ejemplo del guerrero vikingo de alto rango pertenecía biológicamente a una mujer.

El descubrimiento no convirtió automáticamente a las valquirias de la mitología en personajes históricos. Sí reveló algo quizá más incómodo: los objetos habían sido suficientes para identificar a un guerrero mientras se creyó que el esqueleto era masculino, pero dejaron de parecer concluyentes cuando la ciencia demostró que era femenino.

La tumba era demasiado guerrera para ser confundida con un entierro corriente

Las valquirias pudieron esconderse a plena vista durante 140 años. Una tumba de Birka revela que la arqueología veía a un guerrero cada vez que encontraba armas, incluso cuando los huesos eran de una mujer
© Cambridge University.

Bj 581 fue excavada en 1878 por el arqueólogo Hjalmar Stolpe en Birka, un antiguo centro comercial situado en la isla sueca de Björkö. La persona había sido depositada en una cámara de madera, cerca de la fortificación y en una posición elevada con vistas al lago Mälaren.

No se trataba de una tumba con una espada ceremonial colocada de forma aislada. Entre los más de 1.100 enterramientos excavados en Birka, solo 75 contenían alguna clase de arma ofensiva. Bj 581 era uno de los dos únicos con un equipamiento militar completo y estaba incluida entre las 20 tumbas más ricas de todo el asentamiento.

La variedad de las armas sugería que la persona podía combatir de diferentes maneras: a caballo, a distancia y cuerpo a cuerpo. Tampoco había herramientas agrícolas ni utensilios domésticos que permitieran interpretar el armamento como un elemento secundario dentro de una identidad diferente.

El juego de tablero añadió otra capa al misterio. Las piezas se encontraban en una bolsa sobre el regazo y el tablero había sido colocado junto al cuerpo. Según la reevaluación publicada en Antiquity en 2019, estos conjuntos aparecen ocasionalmente vinculados con figuras militares de autoridad, por lo que podrían representar conocimientos de estrategia o una posición de mando. Es una interpretación plausible, aunque no una prueba de que aquella mujer dirigiera ejércitos.

Cuando el ADN dijo que era una mujer, comenzaron las dudas que nunca aparecieron ante un hombre

Las valquirias pudieron esconderse a plena vista durante 140 años. Una tumba de Birka revela que la arqueología veía a un guerrero cada vez que encontraba armas, incluso cuando los huesos eran de una mujer
© Cambridge University.

El estudio genético publicado en 2017 no pretendía encontrar una guerrera vikinga. Formaba parte de una investigación más amplia sobre la población de Birka y buscaba confirmar el sexo biológico de unos restos que el análisis óseo ya había clasificado como femeninos.

Los resultados respaldaron que los huesos pertenecían a un único individuo femenino. Esto permitió descartar una de las explicaciones planteadas tras conocerse la noticia: que el esqueleto de una mujer se hubiera mezclado accidentalmente con el ajuar de un hombre procedente de otra tumba. Los autores también revisaron los registros originales y defendieron que la integridad del enterramiento era sólida.

La discusión, sin embargo, no terminó allí. Algunos especialistas recordaron que ser enterrado con armas no demuestra necesariamente que una persona participara en combates. Los funerales podían construir identidades simbólicas, exagerar el prestigio del fallecido o expresar las aspiraciones de su familia.

Ese mismo cuidado debe aplicarse a cualquier tumba, independientemente del sexo. El punto conflictivo es que Bj 581 había sido aceptada sin grandes objeciones como el entierro de un guerrero profesional mientras se pensaba que contenía a un hombre. Solo cuando apareció una mujer se multiplicaron las explicaciones alternativas.

Los autores de la reevaluación admitieron que “guerrero” podía ser una identidad social y no una certificación de experiencia en el campo de batalla. Aun así, sostuvieron que la combinación del armamento funcional, los caballos, la ubicación y la ausencia de objetos domésticos hace que la interpretación guerrera siga siendo la más sencilla.

Una guerrera real no convierte a las valquirias en personajes históricos

Las valquirias pudieron esconderse a plena vista durante 140 años. Una tumba de Birka revela que la arqueología veía a un guerrero cada vez que encontraba armas, incluso cuando los huesos eran de una mujer
© Cambridge University.

Las valquirias eran seres sobrenaturales relacionados con Odín, la batalla y la elección de quienes morirían para llegar al Valhalla. No eran simplemente mujeres humanas con escudos. Las llamadas doncellas escuderas pertenecen a otra tradición literaria y aparecen en sagas y textos escritos, en muchos casos, siglos después del periodo que describen.

Bj 581 no demuestra que existieran unidades enteras de guerreras ni que las mujeres participaran habitualmente en las incursiones vikingas. Es una tumba excepcional y los propios investigadores advierten que un único caso no puede utilizarse para reconstruir todo el sistema de género de la Escandinavia medieval.

Lo que sí demuestra es que la posibilidad no puede descartarse por principio. Al menos una mujer fue enterrada utilizando todos los códigos materiales que la arqueología llevaba décadas asociando con un guerrero de élite. Quizá combatió, dirigió, ocupó un rango militar o representó una combinación de funciones que nuestras categorías modernas todavía no consiguen describir.

La gran revelación de Bj 581 no está únicamente en que una mujer pudiera empuñar una espada. Está en descubrir que, durante 140 años, la arqueología vio las armas antes que los huesos y convirtió una suposición cultural en una certeza científica.

La mujer de Birka no prueba que las leyendas fueran historia. Prueba que, a veces, nuestra idea de la historia era demasiado estrecha para reconocer a las personas que ya estaban dentro de ella.

Compartir esta historia

Artículos relacionados