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Tecnología

China aplica una reestructuración educativa al eliminar 12.200 carreras universitarias en cinco años y reemplazarlas con IA, robótica e inteligencia encarnada

Entre 2021 y 2025, el gobierno chino eliminó o suspendió más del 30% de todos los programas universitarios del país: desaparecieron humanidades, lenguas extranjeras y administración. En su lugar aparecieron 10.200 nuevas carreras centradas en inteligencia artificial, semiconductores y robótica. Es la mayor reestructuración educativa que haya ejecutado un país en décadas
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En algún momento entre 2021 y 2025, una carrera universitaria dejó de existir en China cada pocas horas. No por falta de alumnos ni por escándalos académicos, sino por decisión de Estado. El Ministerio de Educación chino decidió que esos programas ya no encajaban en el mundo que se aproxima y los eliminó. El resultado, confirmado por datos oficiales citados por la agencia estatal Xinhua, es que 12.200 programas de grado fueron revocados o suspendidos en cinco años, mientras 10.200 nuevos tomaban su lugar.

Más del 30% del mapa universitario chino fue reconfigurado en un lustro. No hay precedente reciente de una intervención educativa de esta magnitud en ningún país del mundo.

Qué se fue y qué llegó

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© tabitha turner – Unsplash

Los programas eliminados se concentran en artes, humanidades, lenguas extranjeras y administración de empresas: disciplinas que el gobierno clasifica como saturadas o desconectadas de las necesidades del mercado laboral. Relaciones públicas, literatura clásica, idiomas de uso limitado, contabilidad convencional: todo aquello que las autoridades consideraron prescindible en una economía cada vez más automatizada.

En su lugar aparecieron carreras en inteligencia artificial, robótica, semiconductores, computación avanzada, redes inteligentes, equipos marítimos inteligentes y tecnologías de neutralidad carbónica. Uno de los campos más llamativos es el de la inteligencia encarnada (embodied intelligence), una disciplina que integra IA avanzada en sistemas físicos —robots, sensores, dispositivos— para que perciban, razonen y actúen en el mundo real. Nueve universidades chinas ya ofrecen títulos en esta área, que como disciplina académica formal no existía hace cinco años.

El problema que la reforma intenta resolver

Detrás de la reestructuración hay una crisis concreta: el desempleo juvenil en China superó el 21% en 2023 y se ha mantenido elevado desde entonces, con más de 12,7 millones de graduados universitarios esperados en el mercado laboral solo en 2026, el mayor número de la historia del país. Una parte significativa de esos graduados provenía de carreras cuyos empleos estaban desapareciendo antes de que terminaran de estudiar.

Chu Zhaohui, investigador senior del Instituto Nacional de Ciencias de la Educación, ha señalado que las estructuras académicas rígidas no pueden seguir el ritmo de industrias transformadas por la IA y la automatización, y ha llamado a crear modelos más flexibles que permitan a los estudiantes desarrollar competencias en múltiples disciplinas. El padre que le aconsejó a su hija estudiar estadística y gobernanza de datos en lugar de su carrera soñada resume el cambio de mentalidad: «El camino antiguo —estudiar una carrera, encontrar un trabajo perfecto y mantenerlo toda la vida— simplemente ya no existe».

Una apuesta que otros países observan con atención

Sudeste Asiatico
© Z – Unsplash

La reforma china no ocurre en el vacío. India, los Emiratos Árabes Unidos, Kazajistán, Vietnam e Indonesia han puesto en marcha revisiones de sus planes de estudio universitarios con mandatos explícitos para incorporar contenidos de IA. Pero ninguno ha llegado a la escala ni a la velocidad de China, que optó por la eliminación directa en lugar de la actualización gradual.

El debate que abre esta decisión es el más profundo de todos: ¿qué tipo de graduado necesita una economía donde la IA hace el trabajo operativo y rutinario? El gobierno chino apostó por la especialización tecnológica masiva. Algunos economistas advierten que esa apuesta concentra riesgos: si los empleos en inteligencia encarnada o diseño de chips no se crean al ritmo proyectado, los graduados en esas carreras tendrán menos herramientas adaptables que alguien formado en pensamiento crítico o escritura.

Lo que está claro es que Beijing decidió que el costo de no actuar es mayor que el de la disrupción. Doce mil carreras eliminadas en cinco años son la evidencia más concreta de esa convicción. El resto del mundo observa, y algunos ya toman nota.

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