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Ciencia

China cubrió cientos de kilómetros de desierto con paneles solares para producir electricidad. Una década después, debajo ha crecido tanta vegetación que ahora necesita 20.000 ovejas para mantenerla a raya

El gigantesco parque fotovoltaico de Talatan, en Qinghai, nació para aprovechar uno de los lugares más soleados y áridos de China. Más de diez años después, los paneles también han cambiado el microclima del suelo: frenan el viento, reducen la evaporación y han favorecido el regreso de la vegetación.
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Si uno piensa en colocar millones de paneles solares sobre un terreno prácticamente desnudo, lo último que esperaría es que el problema unos años después fuera tener demasiada hierba. Pero eso es precisamente lo que ha terminado ocurriendo en Talatan, una extensa zona desertificada de la provincia china de Qinghai, a gran altitud sobre la meseta tibetana.

La construcción del enorme complejo fotovoltaico comenzó alrededor de 2012. Hoy el parque tiene prevista una superficie de 609 kilómetros cuadrados y sus responsables esperan superar los siete millones de paneles cuando todas sus fases estén terminadas. Associated Press señalaba en 2025 que aproximadamente dos tercios del terreno planificado ya estaban cubiertos por instalaciones solares.

La electricidad era el objetivo. Lo que empezó a ocurrir debajo de las placas fue bastante menos esperado.

Los paneles terminaron creando su propio pequeño microclima

China cubrió cientos de kilómetros de desierto con paneles solares para producir electricidad. Una década después, debajo ha crecido tanta vegetación que ahora necesita 20.000 ovejas para mantenerla a raya
© Xinhua/Zhang Long.

Talatan ofrecía casi 3.000 horas de sol al año, terrenos planos y poca población, características ideales para instalar fotovoltaica a gran escala. También sufría una fuerte desertificación, con vegetación muy escasa y vientos capaces de desplazar arena continuamente.

Las filas de paneles empezaron a modificar esas condiciones. Según las autoridades locales, las estructuras redujeron aproximadamente a la mitad la velocidad del viento cerca del suelo y su sombra disminuyó la evaporación alrededor de un 30%. A ello se sumaron el agua de lluvia y la utilizada para limpiar las placas, que acaba escurriendo hacia el terreno.

No se trata únicamente de una observación anecdótica. Un estudio publicado en Scientific Reports sobre el parque fotovoltaico de Gonghe encontró mayor humedad del suelo y mejores condiciones para la vegetación dentro de las zonas fotovoltaicas que en las áreas exteriores analizadas. Los investigadores también detectaron cambios positivos en el microclima, las propiedades del suelo y la diversidad vegetal y microbiana.

Los paneles, por tanto, hacen algo bastante sencillo: interceptan radiación solar, generan sombra y reducen el viento. En un lugar donde cada pequeña cantidad de agua cuenta, eso puede cambiar radicalmente las posibilidades de que una planta sobreviva.

La vegetación volvió con tanta fuerza que apareció otro problema

China cubrió cientos de kilómetros de desierto con paneles solares para producir electricidad. Una década después, debajo ha crecido tanta vegetación que ahora necesita 20.000 ovejas para mantenerla a raya
© People’s Net.

Las autoridades de Hainan aseguran que la cobertura vegetal, anteriormente muy reducida, ha llegado a superar el 80% en áreas del parque. Esa cifra procede de responsables locales y conviene diferenciarla de los resultados experimentales del estudio científico, pero ambos apuntan en la misma dirección: el entorno bajo las placas ha cambiado notablemente. Y entonces apareció una consecuencia bastante peculiar.

La hierba empezó a crecer lo suficiente como para proyectar sombra sobre algunos módulos y aumentar el riesgo de incendio cuando se secaba durante el invierno. Retirarla manualmente llegó a costar más de cuatro millones de yuanes al año.

La solución fue mucho menos tecnológica que los millones de placas: ovejas.

Actualmente existen 14 zonas de pastoreo fotovoltaico por las que pasan más de 20.000 animales entre junio y octubre. Las ovejas mantienen baja la vegetación, fertilizan el terreno y permiten que los pastores aprovechen una superficie que anteriormente ofrecía muchísimo menos alimento. Incluso se han elevado paneles hasta alrededor de 1,5 metros y aumentado algunos espacios entre filas para facilitar su movimiento.

No fueron únicamente los paneles los que hicieron “verde” el desierto

China cubrió cientos de kilómetros de desierto con paneles solares para producir electricidad. Una década después, debajo ha crecido tanta vegetación que ahora necesita 20.000 ovejas para mantenerla a raya
© People’s Net.

Aquí está el matiz importante. Decir que China simplemente colocó placas sobre un desierto y diez años después apareció un oasis sería demasiado sencillo.

La investigación científica señala que los paneles sí pueden mejorar ciertas condiciones ecológicas, pero el proceso de Talatan incluye también medidas de conservación del suelo y del agua, gestión activa de la vegetación, limpieza de paneles y pastoreo. El propio estudio advierte además de que el ecosistema continúa sometido a fuertes presiones y todavía está lejos de encontrarse en una condición ecológica óptima.

Lo extraordinario está precisamente ahí: una infraestructura construida para generar electricidad terminó alterando el terreno hasta crear un segundo uso que apenas estaba previsto.

Primero llegaron los paneles. Después volvió la hierba. Y cuando hubo demasiada, China tuvo que mandar miles de ovejas a comérsela.

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