Durante décadas, una colina junto a la Interestatal 91, en New Haven, Connecticut, tuvo una función bastante poco atractiva: acumular la basura de la ciudad.
El vertedero dejó de recibir residuos hace unos 22 años y terminó convertido en una enorme superficie sellada y cubierta, con posibilidades muy limitadas de volver a utilizarse. Hasta que alguien decidió cubrirla de paneles solares.
El pasado 9 de julio entraron en funcionamiento más de 1.900 módulos fotovoltaicos instalados sobre el antiguo vertedero. Juntos producirán más de 1,4 millones de kWh de electricidad al año, aproximadamente el consumo anual de 200 hogares.
De montaña de basura a pequeña central eléctrica
La ciudad no tuvo que construir directamente la planta.
El desarrollador Greenskies Clean Energy alquila el terreno mediante un acuerdo de 20 años y paga a New Haven 72.000 dólares anuales. Eso supone alrededor de 1,44 millones durante el contrato, aunque la compañía redondea los ingresos previstos a unos 1,5 millones.
La electricidad generada se vende a United Illuminating y entra en la red eléctrica local. La idea parece sencilla, pero instalar una central solar encima de millones de kilos de basura enterrada tiene un problema: no conviene perforar la cubierta que mantiene aislados los residuos.

La propia EPA recomienda para estos lugares sistemas de soportes lastrados, capaces de descansar sobre la superficie sin atravesar el terreno ni crear vías por las que el agua pueda llegar al interior del vertedero.
Es una característica que encaja especialmente bien con la energía fotovoltaica.
EEUU tiene más de 10.000 vertederos cerrados
New Haven es solamente un ejemplo de una oportunidad mucho mayor.
Un análisis realizado por RMI identificó más de 10.000 vertederos cerrados en Estados Unidos. De ellos, los investigadores pudieron estudiar con suficiente detalle 4.312.
La conclusión fue sorprendente.
Solo esos terrenos podrían albergar al menos 63 GW de capacidad solar, suficientes para producir alrededor de 83 TWh de electricidad al año. Según los cálculos del informe, equivaldría al consumo eléctrico anual de unos 7,8 millones de hogares estadounidenses.
Hay un matiz importante: esos 63 GW son potencial técnico, no plantas que estén listas para construirse.
Cuando RMI realizó el estudio, en 2021, Estados Unidos había instalado únicamente unos 500 MW de energía solar sobre vertederos, y casi tres cuartas partes de los proyectos estaban concentrados en Massachusetts, Connecticut, Nueva Jersey y Nueva York.
La ventaja es no tener que ocupar un terreno nuevo
Las plantas solares necesitan mucho espacio, y eso puede provocar conflictos con agricultura, bosques, viviendas o conservación ambiental.
Los vertederos clausurados presentan justamente la situación contraria: son terrenos ya alterados y con muy pocos usos alternativos.
Además, muchos pertenecen a gobiernos locales y se encuentran cerca de carreteras, zonas urbanizadas e infraestructura eléctrica, factores que pueden facilitar determinados proyectos. RMI considera por ello que transformarlos en brightfields —antiguos terrenos degradados convertidos en instalaciones solares— puede ser una de sus reutilizaciones más interesantes.
Pero no cualquier vertedero sirve
Construir sobre basura enterrada tampoco está libre de dificultades.
Los residuos pueden seguir asentándose durante décadas y provocar movimientos en el terreno. También hay que conservar sistemas de drenaje, captación de gases y monitoreo ambiental, estudiar el peso añadido de los paneles y mantener acceso a la cubierta. La EPA señala precisamente estos factores entre las condiciones que deben analizarse antes de instalar fotovoltaica sobre un vertedero.
También importa la cercanía de una conexión eléctrica y que el proyecto resulte económicamente viable.
Por eso Estados Unidos no va a cubrir automáticamente sus 10.000 vertederos con paneles.
Pero el proyecto de New Haven resume perfectamente la oportunidad: un terreno que durante décadas recibió basura, luego quedó sellado y aparentemente inútil, ahora produce electricidad y dinero sin ocupar un solo metro cuadrado nuevo de bosque o suelo agrícola.
Y repetido en los lugares adecuados, aquel montón de residuos enterrados podría formar parte de una reserva solar de decenas de gigavatios.