A unos 55 millones de años luz de la Tierra existe una galaxia que parece haber sido montada con piezas que no terminan de apuntar hacia el mismo sitio.
Se llama NGC 4698 y forma parte del cúmulo de Virgo. A primera vista, la nueva imagen obtenida por el telescopio espacial Hubble muestra algo bastante familiar: un disco atravesado por franjas oscuras de polvo, estrellas jóvenes azuladas y unos brazos espirales que rodean un centro brillante. Pero basta fijarse en ese centro para que la geometría deje de tener sentido.
El bulbo central está alargado prácticamente en ángulo recto respecto al disco principal. Y no es únicamente una ilusión producida por cómo vemos la galaxia: las mediciones muestran que las estrellas y el gas de la región nuclear también rotan alrededor de un eje casi perpendicular al de buena parte del resto de NGC 4698.
Es como encontrar una rueda girando en horizontal dentro de otra que gira en vertical.
Por fuera parece una espiral. En el centro, las reglas cambian

NGC 4698 tiene otra peculiaridad visible en la fotografía. En muchas galaxias espirales, los brazos pueden seguirse prácticamente hasta la región central. Aquí parecen mantenerse alejados de ella y formar una especie de anillo alrededor del núcleo. Por encima y por debajo del disco también puede distinguirse el resplandor tenue del bulbo estelar orientado de una manera completamente distinta.
Dentro de esa concentración de estrellas hay además un agujero negro supermasivo de millones de masas solares. NASA señala que existen indicios de que actualmente está acumulando materia. La fotografía es nueva, pero hay un matiz importante: los astrónomos no acaban de descubrir ahora esta rotación perpendicular.
La extraña estructura de NGC 4698 lleva décadas estudiándose. Ya en 1999 se habían descrito tanto la desalineación geométrica entre bulbo y disco como su comportamiento cinemático. Un análisis publicado en 2012 confirmó después la existencia de un pequeño disco nuclear de gas y estrellas que rota perpendicularmente al disco principal.
Lo que hace Hubble ahora es ofrecer una imagen extraordinariamente detallada de una anomalía cuya historia los investigadores llevan años intentando reconstruir.
Algo tuvo que entrar desde fuera

Una galaxia no empieza necesariamente su vida con todos sus componentes orientados exactamente igual, pero una separación tan marcada apunta a que NGC 4698 sufrió algún acontecimiento posterior a su formación inicial.
Una de las explicaciones más estudiadas propone que la galaxia capturó gas procedente del exterior. Ese material habría llegado con un momento angular diferente al del disco original, se habría asentado en una órbita casi perpendicular y finalmente habría comenzado a formar estrellas.
Existe además otra pista. NASA señala que las observaciones muestran una pequeña cola de hidrógeno extendiéndose desde uno de los lados de la galaxia. Podría ser la cicatriz de una antigua fusión menor: NGC 4698 habría absorbido una galaxia más pequeña sin que el encuentro destruyera completamente su estructura espiral.
Ambas posibilidades cuentan, en realidad, una historia parecida: el centro que vemos actualmente podría estar hecho en parte con material que no pertenecía originalmente a la galaxia.
Hubble está mirando las cicatrices que dejan las galaxias al crecer
La nueva observación forma parte de un programa dedicado a estudiar galaxias del cúmulo de Virgo, un enorme conjunto de más de mil galaxias ligadas gravitacionalmente. La idea es utilizar la resolución de Hubble para estudiar desde cúmulos estelares individuales hasta los efectos que el entorno produce sobre la evolución y la formación de nuevas estrellas.
Porque las galaxias no son estructuras aisladas y perfectamente ordenadas. Capturan gas, pierden material, se acercan unas a otras y, en ocasiones, se fusionan.
NGC 4698 conserva una de esas historias de una forma particularmente visible. Desde lejos parece una galaxia espiral tranquila. En su interior, una parte entera continúa girando como si perteneciera a otra galaxia.