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Ciencia

Ötzi lleva 5.300 años muerto y tres décadas congelado en un museo. Su cuerpo acaba de revelar que todavía es un ecosistema

Un estudio de su microbioma encontró bacterias intestinales de la Edad del Cobre y levaduras adaptadas al frío capaces de persistir en la momia. Algunas podrían seguir activas bajo las condiciones del museo.
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Desde hace más de 30 años, Ötzi permanece a -6 ºC y con una humedad relativa del 99% dentro de una cámara frigorífica del Museo Arqueológico del Tirol del Sur, en Bolzano. La idea es acercarse todo lo posible a las condiciones que conservaron su cuerpo durante más de cinco milenios bajo el hielo de los Alpes.

Parecía razonable pensar que, biológicamente, allí no ocurría demasiado.

Un estudio publicado en Microbiome acaba de complicar bastante esa imagen. Los investigadores analizaron tejidos, agua procedente del interior de la momia, hielo superficial y muestras tomadas durante distintas décadas y descubrieron que Ötzi alberga una mezcla extraordinaria de microorganismos de épocas diferentes: algunos proceden de su propio intestino cuando estaba vivo, otros llegaron desde el glaciar y otros colonizaron su cuerpo después de 1991. Y algunos de estos últimos no son simples restos de ADN.

Encontraron microorganismos que todavía podían cultivar

Ötzi lleva 5.300 años muerto y tres décadas congelado en un museo. Su cuerpo acaba de revelar que todavía es un ecosistema
© South Tyrol Museum of Archaeology/Eurac Research/Marion Lafogler.

El equipo de Eurac Research combinó secuenciación genética con cultivos microbiológicos. En las muestras internas aparecieron bacterias características del intestino humano, entre ellas Romboutsia hominis, Ruminococcus bromii y Treponema succinifaciens.

Su ADN mostraba el patrón de degradación característico del material antiguo, lo que permitió distinguirlas de contaminantes modernos. Además, su composición se parece más a microbiomas intestinales de poblaciones humanas no industrializadas que a los habituales actualmente en sociedades occidentales. Pero la sorpresa apareció en otro grupo.

Los investigadores consiguieron aislar y cultivar cuatro levaduras adaptadas al frío procedentes de muestras asociadas a Ötzi: Glaciozyma watsonii, Mrakia robertii, Phenoliferia glacialis y una especie de Goffeauzyma. Algunas tienen parientes conocidos en lugares como la Antártida, el Ártico y glaciares de alta montaña. Eso demuestra que al menos parte de la comunidad microbiana encontrada era viable cuando se tomaron las muestras.

Una levadura aumentó mientras Ötzi estaba dentro del museo

Ötzi lleva 5.300 años muerto y tres décadas congelado en un museo. Su cuerpo acaba de revelar que todavía es un ecosistema
© South Tyrol Museum of Archaeology Augustin Ochsenreiter.

Todavía hay algo más extraño. Al comparar muestras de piel tomadas en 2010 y 2019, el equipo encontró que una levadura del género Glaciozyma había aumentado notablemente su representación. Su ADN en las muestras más recientes era además más largo y mostraba menos señales de degradación.

Para los autores, ese patrón no encaja bien con ADN muerto acumulándose pasivamente. Es compatible con una actividad microbiana reciente o incluso con replicación bajo las condiciones actuales de conservación. Eso no significa que los microorganismos que vivían con Ötzi hace 5.300 años hayan despertado ahora.

El estudio distingue precisamente entre tres historias diferentes: bacterias antiguas que pertenecieron a su microbioma original, microorganismos adquiridos durante milenios dentro del glaciar y colonizadores modernos introducidos desde que la momia fue recuperada.

Lo extraordinario es que todos ellos pueden encontrarse ahora sobre el mismo cuerpo.

Incluso el intento de desinfectarlo pudo seleccionar quién sobrevivía

Ötzi lleva 5.300 años muerto y tres décadas congelado en un museo. Su cuerpo acaba de revelar que todavía es un ecosistema
© Eurac Research Andrea De Giovanni.

Tras el descubrimiento de Ötzi en 1991, su superficie fue tratada con fenol para combatir el crecimiento de hongos. Décadas después, los investigadores encontraron que varias de las levaduras y bacterias presentes poseen genes capaces de degradar precisamente compuestos fenólicos. Es posible, por tanto, que una intervención destinada a eliminar microorganismos terminara creando una presión selectiva favorable para algunos especialmente resistentes.

El hallazgo no significa que la momia esté descomponiéndose. Eurac Research señala que actualmente no existen indicios de daños provocados por estos microorganismos, y las condiciones de conservación se monitorizan cuidadosamente. Pero sí obliga a vigilar qué ocurre a escala microscópica: algunos microbios poseen genes relacionados con la degradación de proteínas, grasas e incluso colágeno.

Durante décadas hemos tratado a Ötzi como una cápsula temporal congelada en 3300 a.C. El nuevo estudio propone una imagen bastante más rara: dentro de esa cámara a -6 ºC no se conserva únicamente un hombre de la Edad del Cobre. También conviven cinco milenios de historia microbiana, y una parte de ella podría no haberse detenido del todo.

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