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Ciencia

China lanzó el Long March 12B sin avisar a nadie: es su cohete reutilizable más ambicioso, puede llevar 20 toneladas a órbita baja y debutó alimentando la megaconstelación rival de Starlink

Desde el Centro de Lanzamiento de Jiuquan, en el desierto de Gobi, partió el pasado lunes un cohete Long March 12B con un cargamento de satélites para la constelación Qianfan, la respuesta china a Starlink. El lanzamiento fue la primera misión del LM-12B, un cohete reutilizable capaz de llevar 20 toneladas a órbita baja, y se realizó sin previo aviso oficial, algo inusual incluso para programas secretos. La gente se enteró por redes sociales
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Las posiciones en la órbita baja de la Tierra no son infinitas. Las frecuencias de comunicación satelital tampoco. Y las reglas internacionales establecen que quien llega primero y coordina una constelación obtiene prioridad de uso, en un sistema que funciona como una carrera donde el terreno se agota. Con ese contexto, tiene sentido que China haya lanzado el pasado lunes, sin previo aviso, su cohete reutilizable más ambicioso desde el desierto de Gobi: el Long March 12B, que en su vuelo debut llevó satélites a la megaconstelación Qianfan, la respuesta china a Starlink.

El cohete: reutilizable, 20 toneladas a LEO y primer vuelo sin recuperación

Lanzamiento Falcon 9
El lanzamiento del Falcon 9, de SpaceX, desde Vandenberg SCL-4 © By U.S. Air Force – http://www.vandenberg.af.mil/photos/media_search.asp?q=Falcon (image link), Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=28739891

El Long March 12B es uno de los rivales directos del Falcon 9 de SpaceX que China está desarrollando. Tiene 72 metros de altura, nueve motores y puede transportar hasta 20 toneladas a la órbita terrestre baja. Como el Falcon 9, está diseñado para que su primera etapa aterrice mediante propulsión en una plataforma de recuperación en tierra. En este primer vuelo, sin embargo, no se realizó ningún intento de recuperación: el objetivo era demostrar que el cohete funciona, no que también puede reutilizarse. La Corporación China de Ciencia y Tecnología Aeroespacial declaró que el vuelo fue un éxito.

Así como reporta Xataka en su cobertura del lanzamiento, este vuelo marca el número 647 de la serie Long March y es la primera misión del modelo 12B. El lanzamiento se realizó desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan, en el desierto de Gobi, en la madrugada de un lunes.

El secreto: la gente se enteró por redes sociales, no por aviso oficial

Lo más llamativo del lanzamiento no es el cohete sino cómo ocurrió: sin ningún aviso previo oficial. Cuando se realiza una misión espacial, sea gubernamental o privada, lo habitual es emitir avisos previos tanto a las autoridades de control del espacio aéreo como a las marítimas, por si algo sale mal y hay que gestionar una emergencia. En este caso, la misión se llevó en secreto y la gente se enteró a través de redes sociales cuando el cohete ya había partido. Es una práctica inusual que contrasta con la transparencia habitual de incluso los programas espaciales más militarizados.

La carga: satélites para Qianfan, la constelación que China construye para competir con Starlink

Los satélites lanzados por el LM-12B alimentan la constelación Qianfan, también conocida como Shanghai Spacecom Satellite Technology o SSST. Es el proyecto de internet satelital de cobertura global que China construye como respuesta directa a Starlink de SpaceX. La carrera entre ambas constelaciones no es solo comercial: quien llene primero las órbitas disponibles con satélites coordinados y frecuencias registradas obtiene prioridad de uso legal sobre esas posiciones. Eso convierte cada lanzamiento en un movimiento estratégico en una disputa que va mucho más allá de quién vende más suscripciones de internet.

Por qué las órbitas son territorio que se agota: el trasfondo geopolítico

El Tratado del Espacio Exterior de 1967 establece que ningún Estado puede reclamar soberanía sobre cuerpos celestes. Pero lo que sí aplica en el espacio orbital es el principio de prioridad: las posiciones orbitales geoestacionarias y las bandas de frecuencia se rigen por un sistema donde quien primero registra y coordina una constelación ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones obtiene el derecho de uso preferente. Eso es lo que hace que SpaceX y Amazon aceleren sus constelaciones, y lo que explica por qué China lleva meses intensificando el ritmo de sus lanzamientos. Controlar constelaciones significa controlar infraestructura crítica: internet satelital, observación terrestre y comunicaciones militares. El terreno es finito y todos quieren ocuparlo cuanto antes.

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