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Ciencia

El futuro del hidrógeno verde quizá estaba escondido en un material usado en pinturas y protectores solares. Investigadores australianos lo modificaron y multiplicaron por más de 80 su producción en laboratorio

El equipo de RMIT añadió átomos aislados de níquel, defectos controlados y una estructura de diminutas esferas huecas al dióxido de titanio. El resultado promete abaratar la producción de hidrógeno, aunque todavía funciona mejor con luz ultravioleta y necesita metanol.
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En ocasiones, una tecnología no necesita un material recién descubierto, extremadamente raro o difícil de fabricar. Basta con tomar algo conocido desde hace décadas, observar dónde pierde eficiencia y modificarlo con suficiente precisión.

Eso es lo que ha hecho un equipo dirigido por investigadores de la Universidad RMIT de Australia. Los científicos trabajaron con dióxido de titanio, un compuesto barato y abundante utilizado habitualmente en pinturas, pigmentos, revestimientos y diferentes tecnologías energéticas. Después de alterar su estructura a escala atómica, consiguieron que produjera más de 80 veces más hidrógeno que una versión comercial sin tratar bajo las mismas condiciones experimentales.

El resultado, publicado en Applied Catalysis B: Environment and Energy, no significa que mañana vaya a aparecer una nueva generación de plantas solares fabricando hidrógeno barato. Las pruebas se realizaron en un laboratorio, con radiación ultravioleta y una solución que contenía metanol. Sin embargo, muestran que uno de los materiales fotocatalíticos más estudiados todavía escondía un margen de mejora enorme.

El problema no era únicamente captar la luz, sino evitar que su energía desapareciera

Una de las vías más atractivas para producir hidrógeno consiste en utilizar luz para impulsar las reacciones que separan las moléculas de agua. El material que absorbe esa radiación actúa como fotocatalizador: recibe la energía, genera cargas eléctricas y las dirige hacia los puntos donde puede formarse hidrógeno.

Sobre el papel parece sencillo. En la práctica, buena parte de esa energía se pierde antes de completar la reacción. Cuando el dióxido de titanio recibe luz, aparecen electrones excitados y espacios cargados positivamente conocidos como huecos. Ambos deberían mantenerse separados el tiempo suficiente para participar en las reacciones químicas. El problema es que suelen recombinarse rápidamente, devolviendo la energía al material en forma de calor y reduciendo la cantidad de hidrógeno obtenida.

Los investigadores no sustituyeron completamente el dióxido de titanio. Decidieron reorganizar la forma en que gestiona esas cargas, creando rutas más favorables para que los electrones lleguen hasta los centros activos antes de desaparecer. El objetivo no era simplemente absorber más energía, sino aprovechar durante más tiempo la que ya había entrado en el sistema.

Átomos de níquel, defectos deliberados y pequeñas esferas huecas

El futuro del hidrógeno verde quizá estaba escondido en un material usado en pinturas y protectores solares. Investigadores australianos lo modificaron y multiplicaron por más de 80 su producción en laboratorio
© Will Wright / RMIT University.

La mejora surgió de combinar tres modificaciones que, por separado, podrían parecer relativamente modestas. La primera fue introducir pequeñas cantidades de níquel. Muchos de los fotocatalizadores más eficientes dependen de metales nobles como el platino, capaces de acelerar la formación de hidrógeno, pero demasiado caros para utilizarlos sin restricciones en instalaciones de gran tamaño. El níquel resulta considerablemente más accesible y abundante.

Los átomos de níquel quedaron conectados al soporte mediante enlaces asimétricos de níquel, oxígeno y titanio. Según el estudio, esa configuración Ni–O–Ti favorece la acumulación de electrones, mejora la interacción con los protones y reduce la barrera energética necesaria para formar moléculas de hidrógeno.

La segunda modificación consistió en crear vacantes de oxígeno y otros defectos controlados dentro de la estructura cristalina. Aunque la palabra “defecto” suele sugerir un fallo, en ciencia de materiales puede significar justo lo contrario: una irregularidad colocada deliberadamente para cambiar el comportamiento eléctrico o químico de un compuesto.

Finalmente, el equipo fabricó el material con forma de microesferas huecas. Esta geometría incrementa la superficie disponible para las reacciones y permite que la luz rebote o permanezca atrapada dentro de la estructura durante más tiempo. La combinación ayudó a conservar las cargas activas y dirigirlas hacia los lugares donde se produce el hidrógeno.

Multiplicar el rendimiento por 80 impresiona, pero aún no equivale a producir combustible con Sol y agua

La cifra central necesita contexto. El nuevo material generó más de 80 veces el hidrógeno producido por dióxido de titanio comercial sin modificar, pero la comparación se realizó bajo condiciones controladas y especialmente favorables.

El sistema alcanzó su mejor rendimiento con luz ultravioleta. También mostró cierta actividad bajo luz visible, aunque todavía tendrá que optimizarse para aprovechar de manera eficiente la iluminación solar natural. Además, el experimento utilizó una solución con metanol, que facilita la reacción al consumir los huecos generados durante el proceso. Por tanto, no se trató de una separación completa del agua utilizando únicamente luz, agua y el fotocatalizador.

El siguiente desafío será comprobar si el material conserva una ventaja similar sin sustancias auxiliares, bajo el espectro completo del Sol y en dispositivos mucho mayores que los utilizados en laboratorio. También será necesario estudiar su fabricación masiva, su durabilidad durante periodos prolongados y el coste real de integrar el níquel a escala atómica.

Aun con esas limitaciones, la investigación señala un camino interesante. En lugar de depender de cantidades importantes de platino o de materiales exóticos, sería posible mejorar compuestos baratos mediante cambios extremadamente precisos en su estructura.

El avance no ha resuelto todavía el coste del hidrógeno verde. Pero sí ha demostrado que una sustancia presente desde hace décadas en paredes, cosméticos y revestimientos puede comportarse de una manera completamente distinta cuando se reorganizan unos pocos átomos. Y, algunas veces, esa clase de mejora silenciosa es la que termina acercando una tecnología de laboratorio al mundo real.

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