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Tecnología

China llevaba seis años sin ver fallar un Long March 7A. Bastaron 85 segundos para que su último lanzamiento terminara en una enorme bola de fuego

El cohete transportaba el satélite de comunicaciones ChinaSat-4B hacia una órbita alta cuando se desintegró poco después de despegar desde Wenchang. Era el primer fallo del Long March 7A desde su accidentado debut en 2020 y rompe una racha de más de una docena de misiones exitosas.
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El despegue comenzó como tantos otros desde la isla china de Hainan. A las 20:02 del 10 de agosto, un Long March 7A abandonó la plataforma del Centro de Lanzamiento Espacial de Wenchang transportando el satélite ChinaSat-4B, también conocido como Zhongxing-4B. Aproximadamente 85 segundos después, las imágenes grabadas desde tierra mostraban algo completamente distinto: el vehículo se desintegraba en vuelo y dejaba tras de sí una enorme bola de fuego.

La confirmación oficial llegó horas después y fue mucho más escueta. La agencia estatal Xinhua informó únicamente de una “anomalía durante el vuelo”, confirmó que la misión había fracasado y señaló que las causas estaban siendo investigadas.

El accidente no es especialmente llamativo porque los cohetes fallen (la exploración espacial continúa siendo una actividad extraordinariamente exigente), sino por qué cohete ha fallado. El Long March 7A llevaba desde 2020 sin perder una misión y se había convertido en una pieza importante de la capacidad china para enviar satélites pesados a órbitas altas.

El cohete y el satélite quedaron completamente destruidos antes de alcanzar el espacio

Los vídeos disponibles permiten reconstruir parcialmente lo sucedido, aunque todavía no explicar su causa.

El astrónomo Jonathan McDowell señaló a Reuters que el vehículo quedó completamente destruido cuando todavía viajaba a una altitud y velocidad relativamente bajas. Eso significa que ni ChinaSat-4B ni los restos principales del lanzamiento llegaron a alcanzar la órbita.

Las grabaciones muestran al Long March 7A ascendiendo aparentemente con normalidad antes de que, menos de minuto y medio después del despegue, se produzca una gran explosión seguida por una nube oscura. Algunos observadores espaciales han planteado que una anomalía grave podría haber activado el sistema de terminación de vuelo, diseñado para destruir un vehículo fuera de control, pero por ahora no existe una explicación oficial sobre qué componente falló ni sobre si la explosión visible fue la avería inicial o una consecuencia de ella.

El satélite perdido era ChinaSat-4B, un vehículo de comunicaciones. Reuters señala que pertenece a la misma serie que ChinaSat-4A, lanzado en 2024 y destinado a servicios de voz, datos, radio y televisión, aunque todavía no se han publicado detalles suficientes para asegurar que el nuevo satélite tuviera exactamente las mismas funciones y clientes.

El Long March 7A mide 60 metros y puede enviar siete toneladas a una órbita de transferencia geoestacionaria

El vehículo perdido tampoco era un lanzador experimental.

El Long March 7A es un cohete de tres etapas desarrollado por la Academia China de Tecnología de Vehículos de Lanzamiento. Mide 60,13 metros, pesa aproximadamente 573 toneladas al despegue y utiliza cuatro propulsores laterales. Su misión principal es colocar cargas pesadas en órbitas altas y tiene capacidad para transportar hasta siete toneladas a una órbita de transferencia geoestacionaria.

Su historia, sin embargo, empezó precisamente con otro accidente.

El primer Long March 7A despegó en marzo de 2020 y sufrió una anomalía durante el vuelo que también terminó con la pérdida de la misión. China tardó aproximadamente un año en volver a utilizarlo. El segundo lanzamiento, en marzo de 2021, tuvo éxito y comenzó una racha de más de una docena de vuelos exitosos consecutivos que no se había interrumpido hasta ahora.

Eso convierte el accidente del 10 de agosto en el segundo fracaso de la historia del modelo y el primero en más de seis años.

Ahora la pregunta es si fue un fallo aislado o hay que revisar otros programas

Hasta conocer la causa, el impacto real resulta difícil de medir. Si la investigación identifica un componente exclusivo del Long March 7A, las consecuencias podrían quedar restringidas a futuras misiones de este modelo. Si el problema afecta a motores, sistemas de fabricación u otros elementos compartidos con vehículos de la familia Long March, podrían ser necesarias inspecciones adicionales. Expertos consultados por Reuters consideran, por ahora, que el impacto probablemente será limitado.

El Long March 7A está especializado principalmente en enviar grandes satélites de comunicaciones hacia órbitas altas, por lo que su inmovilización temporal tampoco debería frenar significativamente los enormes despliegues de constelaciones chinas en órbita terrestre baja, que utilizan otros lanzadores.

La atención también se ha dirigido a Chang’e 7, la próxima gran misión lunar china. Está previsto que explore el polo sur de la Luna durante la segunda mitad de 2026, pero viajará en un Long March 5, un vehículo distinto. Por ese motivo, especialistas citados por Reuters no esperan que el accidente del 7A provoque por sí solo un retraso significativo de la misión lunar.

El Long March 7A había necesitado más de un año para regresar al espacio después de su primer fracaso en 2020. Esta vez China parte de una situación muy diferente: más de una docena de vuelos exitosos y seis años de experiencia acumulada.

Lo que todavía no sabe es qué convirtió, en apenas 85 segundos, uno de sus lanzamientos de rutina en el segundo gran fracaso de la historia de este cohete.

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