Photo: Africa Studio (Shutterstock)

Las actuales minas de diamantes se están agotando, pero el diamante ha bajado de precio. Para entender por qué, hay que fijarse en China: al país asiático se ha vuelto tan bueno sintetizando estas gemas que ningún experto es capaz de diferenciar los diamantes de laboratorio de los que aparecen en la naturaleza.

El tema está cobrando tal importancia para la industria de la joyería que De Beers, una de las grandes firmas dedicadas a la explotación y el comercio de diamantes, se ha visto forzada a invertir decenas de millones de dólares en nuevas tecnologías con las que identificar diamantes hechos por el hombre.

Advertisement

El problema es que un diamante, al fin y al cabo, no es más que un pedacito de carbono cristalizado de una manera concreta. Los diamantes sintéticos, que se pueden crear en laboratorios en cuestión de semanas, son químicamente idénticos a los naturales e imposibles de distinguir a simple vista. Se fabrican en una cámara de microondas que funciona a temperaturas y presiones extremadamente altas. Para ello se utiliza una “semilla” de diamante que produce cristales nuevos con la ayuda de un gas que contiene carbono.

Se estima que China produce entre 160.000 y 200.000 quilates de diamante con calidad de gema cada mes, lo que la convierte en la primera nación del mundo en términos de producción sintética. La mayoría son para uso industrial (aparte de ser una joya, el diamante tiene propiedades únicas que lo hacen útil como herramienta de corte o material conductor), pero parte de esos diamantes ha llegado al mercado de la joyería y ya trae de cabeza a empresas como De Beers.

Según la financiera Morgan Stanley, los diamantes sintéticos van a representar entre un 7,5 y un 15% de las ventas globales en 2020. Mientras tanto, marcas como Swarovski se van subiendo al carro con sus propias líneas de “diamantes creados”, más baratos y alejados de la mala imagen de los llamados diamantes de sangre, aquellos obtenidos en una zona de guerra.

Advertisement

Este acelerado crecimiento está haciendo que la creencia popular de que el diamante siempre sube de precio haya quedado obsoleta: la oferta de diamantes naturales alcanzó su máximo por la fuerte demanda asiática, y los propios asiáticos están metiendo nuevos diamantes en el mercado gracias a los laboratorios que los sintetizan.

En definitiva, el precio del diamante está cayendo y el proceso de fabricación ha mejorado tanto que está poniendo en aprietos a los gigantes de la joyería. La pregunta es, ¿cómo querrán sus trocitos de carbono cristalizado los compradores del futuro?

[South China Morning Post]