Vivir hasta los 95 años con buena salud no sería una utopía reservada a pocos, sino una posibilidad real si se cumplen cuatro condiciones científicamente comprobadas: alimentación equilibrada, ejercicio regular, sueño suficiente y vínculos sociales sólidos.
Así lo sostiene Eric Verdin, médico y presidente del Buck Institute for Research on Aging, en diálogo con TIME.
“La mayoría de las personas hoy podría vivir hasta los 95 en buen estado de salud, basándonos en lo que sabemos sobre estos cuatro factores”, afirmó el especialista.
Un informe de Harvard Health Publishing coincide: pequeñas mejoras sostenidas en estos pilares pueden prolongar la vida y, sobre todo, mejorar su calidad.
El envejecimiento: un proceso que puede desacelerarse
Verdin explica que el envejecimiento no es más que la acumulación de daños celulares que el cuerpo ya no consigue reparar. Radiación, estrés oxidativo o inflamación constante deterioran el ADN y las proteínas.
Sin embargo, los genes solo determinan una pequeña fracción del proceso: más del 90% de la esperanza de vida depende de factores no genéticos, es decir, del estilo de vida.
“Tus decisiones diarias influyen mucho más en cuánto y cómo vivirás que tus genes”, subraya el experto.
1. Nutrición: menos azúcar, más equilibrio

Lejos de las dietas extremas, la evidencia respalda el modelo mediterráneo, basado en frutas, verduras, legumbres, pescado y aceite de oliva.
Verdin advierte sobre los carbohidratos de rápida absorción, como jugos, cereales procesados o pan blanco, que disparan la glucosa e insulina y aceleran el envejecimiento celular.
Recomienda comer con moderación, evitar ultraprocesados y priorizar alimentos frescos.
2. Movimiento: el mejor fármaco natural
El sedentarismo se asocia a un riesgo mayor incluso que el tabaco.
Caminar entre 35 y 40 minutos diarios, combinar ejercicios de fuerza, equilibrio y flexibilidad, y moverse durante el día son estrategias simples que reducen la inflamación y fortalecen músculos y huesos.
3. Sueño: el laboratorio nocturno del cuerpo
Dormir entre 7 y 8 horas por noche es crucial. Cerca del 70% de la población duerme menos de lo necesario, lo que aumenta el riesgo de obesidad, deterioro cognitivo y enfermedades metabólicas.
“Dormir bien es tan importante como comer sano o hacer ejercicio”, afirma Verdin.

4. Relaciones sociales: el factor más poderoso
El hábito más determinante para la longevidad, según el investigador, no es físico sino emocional: la calidad de las relaciones humanas.
Tener vínculos de confianza y pertenencia reduce el estrés, fortalece el sistema inmune y mejora la salud cardiovascular.
“El efecto más poderoso proviene de la comunidad: las personas en las que puedes confiar y que te cuidan”, dice Verdin.
Sin píldoras milagrosas
Aunque proliferan suplementos “antiage”, el especialista es tajante: no existen fármacos que prolonguen la vida en humanos.
La ciencia avanza en terapias prometedoras, pero la clave —insiste— sigue siendo el estilo de vida.
La longevidad no es un privilegio genético ni un sueño futurista: es una consecuencia diaria de lo que comemos, cómo dormimos, cuánto nos movemos y a quién tenemos cerca.
Fuente: Infobae.