Una computadora tradicional necesita transistores, circuitos y energía eléctrica para procesar información. Pero un equipo internacional de investigadores acaba de demostrar que existe otra posibilidad mucho más extraña: construir una computadora que utilice bacterias vivas para resolver problemas matemáticos. Y lo más sorprendente es que su capacidad de procesamiento puede aumentar a medida que los microorganismos se reproducen.
La investigación, liderada por científicos de la Universidad McGill, en Canadá, es el resultado de aproximadamente dos décadas de trabajo. En lugar de fabricar procesadores más pequeños, los investigadores aprovecharon dos capacidades naturales de las bacterias: desplazarse por espacios diminutos y multiplicarse rápidamente para explorar distintas soluciones al mismo tiempo.
El dispositivo fue presentado públicamente a comienzos de noviembre, aunque el estudio original se publicó el 11 de agosto de 2026 en Microsystems & Nanoengineering. Sus autores describen una prueba de concepto que podría abrir una nueva generación de sistemas informáticos basados en organismos vivos.
Una computadora donde los procesadores se reproducen solos

El funcionamiento parece sacado de una película de ciencia ficción. Los científicos construyeron redes microscópicas de canales interconectados, diseñadas para representar distintas posibilidades de un problema matemático. Después introdujeron bacterias capaces de desplazarse por esos caminos.
Cada microorganismo actúa como una unidad de procesamiento extremadamente sencilla. Cuando llega a una bifurcación, puede continuar por diferentes trayectos, y la multiplicación bacteriana permite que cada vez más organismos exploren alternativas simultáneamente. Los investigadores reconstruyen los resultados mediante imágenes que muestran qué recorridos fueron utilizados.
Según detalla la investigación científica original, el equipo trabajó con bacterias como Escherichia coli y Vibrio natriegens. Esta última resulta especialmente interesante porque puede dividirse rápidamente, aumentando el número de microorganismos disponibles para explorar la red.
Para comprobar que el sistema funcionaba, eligieron el problema de la suma de subconjuntos. Consiste en determinar si algunos números de una lista pueden combinarse para alcanzar una cifra determinada. Por ejemplo, ante los números 3, 5, 7 y 10, habría que comprobar si alguna combinación suma exactamente 15.
Aunque parezca sencillo, la cantidad de combinaciones posibles crece exponencialmente cuando aumenta el número de elementos. En las pruebas experimentales, las bacterias resolvieron instancias de hasta siete números, mientras que los análisis de escalabilidad permitieron estudiar las limitaciones de sistemas más complejos.
La tecnología podría cambiar cómo resolvemos problemas que exigen enormes recursos

El aspecto revolucionario no es que una bacteria pueda realizar cálculos más rápidamente que un chip moderno. De hecho, individualmente es muchísimo más lenta. La diferencia está en que millones de microorganismos pueden trabajar en paralelo, y su reproducción permite ampliar la cantidad de unidades disponibles.
En una presentación del proyecto difundida en noviembre, los investigadores destacaron que esta arquitectura podría resultar útil para problemas que requieren explorar enormes cantidades de soluciones, especialmente en criptografía, biología molecular y determinadas tareas de optimización.
Sin embargo, todavía existen obstáculos importantes. El crecimiento bacteriano debe controlarse para impedir que los microorganismos saturen los canales, mientras que las desviaciones en las bifurcaciones pueden introducir errores. Tampoco se ha demostrado que estas computadoras superen el rendimiento de los sistemas electrónicos en problemas reales de gran escala.
Los autores consideran que la tecnología podría funcionar como complemento de la informática convencional y no como sustituto de los ordenadores personales o los sistemas de computación cuántica.
La gran novedad es que, por primera vez en esta arquitectura, el propio crecimiento de los organismos se utiliza para ampliar los recursos de cálculo. Si el sistema logra escalar, algunas computadoras del futuro podrían tener procesadores que no se fabriquen en una planta de semiconductores, sino que se reproduzcan dentro de un laboratorio.