Los glaciares de los Pirineos atraviesan una situación crítica. Las enormes masas de hielo que durante miles de años permanecieron en las cumbres de esta cordillera están retrocediendo a una velocidad que preocupa a los investigadores. Las últimas mediciones indican que su desaparición podría producirse mucho antes de lo esperado.
Un informe publicado a finales de octubre de 2026 por el grupo CryoPyr, perteneciente al Instituto Pirenaico de Ecología del CSIC, confirma que la temporada 2025-2026 fue una de las más destructivas para los glaciares de la región.
Los científicos advierten que, si continúa la tendencia actual, gran parte del hielo glaciar podría desaparecer durante la próxima década.

Los glaciares perdieron varios metros de espesor en apenas un año
Aunque las montañas recibieron importantes nevadas durante el invierno y la primavera, las temperaturas elevadas terminaron anulando sus beneficios.
Los registros muestran que la última temporada fue la tercera con mayores pérdidas desde que comenzaron las mediciones anuales en 2012. El glaciar de Ossoue, ubicado en la vertiente francesa, perdió una media de 3,1 metros de espesor, con sectores donde el retroceso alcanzó los 4,9 metros.
En el Aneto, uno de los glaciares más conocidos de los Pirineos, la reducción media fue de 2,4 metros. Monte Perdido también sufrió pérdidas importantes, con una media de 2,3 metros y sectores donde desaparecieron hasta seis metros de hielo.
Para obtener estos resultados, los investigadores utilizaron drones y modelos tridimensionales que permiten comparar la superficie de los glaciares año tras año.
El hielo se está fragmentando y acelera su propia desaparición
Uno de los fenómenos más preocupantes es la fragmentación de las masas heladas.
El glaciar del Aneto, que ya había experimentado divisiones durante 2025, presenta nuevas fracturas que lo separan en cuatro cuerpos de hielo.
Esta transformación reduce su capacidad de mantenerse activo y favorece la aparición de superficies rocosas. Además, cuando el hielo queda cubierto por sedimentos y pierde su característico color blanco, absorbe más radiación solar. Como consecuencia, aumenta su temperatura y se acelera el derretimiento.
Los investigadores también observan que algunos glaciares prácticamente dejaron de desplazarse, una señal de que están perdiendo las características que los definen.

El año 2034 aparece como una fecha crítica
Las proyecciones científicas sitúan alrededor de 2034 la posible desaparición del hielo glaciar de los Pirineos, aunque se trata de una estimación condicionada por la evolución del clima. Los modelos indican que el Aneto podría perder aproximadamente el 79% de su hielo para 2030, incluso bajo escenarios de emisiones moderadas.
Si se repiten veranos extremadamente cálidos como el de 2022, el proceso podría acelerarse todavía más.
¿Qué consecuencias tendrá la desaparición de los glaciares?
Aunque su contribución actual al caudal de los ríos pirenaicos es relativamente pequeña, su desaparición tendrá importantes consecuencias ambientales y paisajísticas. Los ecosistemas de alta montaña perderán ambientes asociados al hielo permanente y algunas especies deberán adaptarse a condiciones completamente diferentes.
También desaparecerá una parte fundamental del patrimonio natural de la región.
El retroceso de los glaciares pirenaicos representa una advertencia sobre el futuro de otras regiones montañosas del planeta. Lo que está ocurriendo en esta cordillera podría anticipar transformaciones similares en los Alpes, los Andes y el Himalaya durante las próximas décadas.