Hay un detalle que convierte el tráfico de iguanas marinas de Galápagos en un rompecabezas especialmente extraño. Ecuador asegura que nunca ha autorizado la exportación de ejemplares vivos para fines comerciales o personales. Aun así, estos animales exclusivos del archipiélago han terminado apareciendo documentados a miles de kilómetros, en países como Suiza, Uganda o Japón.
¿Cómo llega al mercado internacional un animal que legalmente nunca debería haber salido de su país de origen?
Una carta publicada el 3 de septiembre en Science por investigadores de Ecuador, Canadá y Estados Unidos pone el foco precisamente ahí: no solo en las iguanas escondidas dentro de maletas, sino en la posibilidad de que el tráfico ilegal consiga blanquear posteriormente su origen mediante documentos que las presentan como animales nacidos en cautiverio. Y 2026 ha ofrecido dos ejemplos difíciles de ignorar.
En cuatro meses encontraron 44 iguanas dentro de equipajes

El 19 de mayo, tres ciudadanos tailandeses fueron detenidos en el aeropuerto de Guayaquil cuando intentaban viajar hacia Ámsterdam. Dentro de tres maletas de mano había 12 iguanas marinas ocultas entre prendas de vestir. Una murió. La Fiscalía ecuatoriana abrió un proceso por el presunto traslado ilegal de fauna silvestre.
Tres meses después ocurrió algo todavía mayor. El 28 de agosto, una ciudadana rusa fue detenida en el aeropuerto internacional de Quito. En su equipaje había ocho recipientes de plástico con cuatro iguanas en cada uno: 32 animales vivos. La investigación preliminar señalaba que pretendía viajar hacia Islandia. Los ejemplares estaban debilitados y deshidratados. En total, 44 iguanas en dos operaciones.
Pero esas incautaciones probablemente muestran solo la parte más visible del negocio. La carta publicada en Science sostiene que el tráfico se beneficia de mercados internacionales de mascotas exóticas donde la rareza funciona precisamente como parte del atractivo: cuanto más difícil es obtener legalmente una especie, mayor puede ser su valor para determinados coleccionistas.
El verdadero agujero aparece después de sacar al animal de Galápagos

Aquí la historia se vuelve más extraña. En una notificación oficial, CITES recogió que Ecuador no había exportado desde 1975 ningún ejemplar vivo de iguana marina (Amblyrhynchus cristatus). Sin embargo, su base internacional de comercio registraba desde 2012 al menos 11 animales vivos comercializados entre otros países, todos declarados como “criados en cautividad”.
Por ejemplo, tres aparecieron exportados de Malí a Suiza en 2012. Dos fueron enviados de Austria a Japón en 2013. En 2014, Suiza declaró dos exportaciones hacia Uganda. Más tarde aparecen movimientos vinculados con Japón, Malí y Uganda, algunos incluso sin el correspondiente registro de exportación o importación de la contraparte.
Eso no demuestra por sí solo que cada uno de esos animales fuera capturado ilegalmente. Pero plantea una pregunta difícil de evitar: ¿de dónde salió la población reproductora que supuestamente permitió criarlos?
Ecuador comunicó formalmente a CITES en 2025 que nunca había autorizado exportaciones vivas de sus iguanas endémicas con fines comerciales o personales y pidió a otros países extremar las verificaciones sobre su procedencia.
Ese es precisamente uno de los puntos que los autores de Science quieren endurecer: trazabilidad genética, comprobación con el país de origen y auditorías de permisos cuando un ejemplar aparece etiquetado como nacido en cautividad.
Ni siquiera recuperar una iguana significa poder devolverla a casa

La extracción tiene además una consecuencia paradójica. Una iguana confiscada fuera de Galápagos no puede simplemente colocarse en un avión y liberarse nuevamente en las islas.
Después de convivir con otros animales, personas o ambientes fuera del archipiélago puede haber quedado expuesta a virus, bacterias o parásitos ausentes en Galápagos. Reintroducirla sin estrictas cuarentenas podría llevar junto con ella una amenaza completamente nueva para la población salvaje. Por eso Ecuador está incorporando también perros entrenados específicamente para detectar fauna protegida en puntos de salida, además de controles aeroportuarios y nuevas medidas de trazabilidad.
El problema, sin embargo, ya no termina en una maleta. Una iguana puede salir clandestinamente de unas islas en las que es imposible comprarla legalmente y, miles de kilómetros después, reaparecer en el circuito internacional acompañada por un papel que cuenta una historia completamente diferente: que nació allí.