El ruido que producen los automóviles, los trenes y las grandes máquinas industriales suele considerarse una molestia. Sin embargo, un equipo de científicos españoles descubrió que estas vibraciones pueden convertirse en una herramienta para estudiar lo que ocurre bajo nuestros pies.
Investigadores de Geociencias Barcelona (GEO3BCN), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), desarrollaron un método llamado REFTION, capaz de aprovechar el ruido generado por actividades humanas para detectar cambios en el subsuelo.
La tecnología fue presentada en un estudio publicado en septiembre de 2026 en la revista científica Geophysical Research Letters y probada en la mina de Riotinto, en Huelva, España.
Cómo el ruido de las ciudades puede revelar lo que ocurre bajo tierra
Las actividades cotidianas generan vibraciones que se transmiten constantemente a través del terreno.
Aunque normalmente no las percibimos, estas ondas pueden registrarse mediante estaciones sísmicas especializadas.
Cuando atraviesan diferentes materiales, las vibraciones experimentan modificaciones relacionadas con las propiedades físicas del subsuelo.
Analizando esos cambios, los científicos pueden obtener información sobre el estado del terreno y detectar pequeñas alteraciones a lo largo del tiempo. El principal problema es que las fuentes de ruido no siempre son constantes. Una máquina puede modificar su velocidad o intensidad y producir señales diferentes, incluso cuando el terreno permanece estable.
Esto puede generar errores en las mediciones e impedir distinguir entre un cambio geológico real y una variación en el funcionamiento de los equipos industriales.
REFTION: la tecnología que permite observar el subsuelo sin excavaciones
El nuevo método desarrollado por el CSIC busca resolver precisamente esta dificultad.
A diferencia de las técnicas convencionales, que comparan las vibraciones actuales con registros obtenidos anteriormente, REFTION utiliza mediciones realizadas simultáneamente en diferentes puntos. El sistema compara las señales recogidas en la zona que se quiere estudiar con las obtenidas en otra ubicación considerada estable.
De esta manera, ambas mediciones se realizan bajo condiciones similares, reduciendo los errores provocados por cambios en las fuentes de vibración.
Según la investigadora Pilar Sánchez-Pastor, primera autora del estudio, este enfoque permite transformar señales que antes complicaban el análisis en una herramienta útil para vigilar continuamente el terreno.
Los investigadores probaron el sistema en una mina española
Para comprobar su funcionamiento, el equipo utilizó datos de una red de 30 estaciones sísmicas instaladas en la presa de residuos mineros de Aguzadera, dentro de la mina de Riotinto.
Las vibraciones procedentes de trituradoras de roca y otras máquinas industriales permitieron estudiar el comportamiento del subsuelo.
Durante las pruebas, REFTION identificó pequeñas alteraciones relacionadas con trabajos de elevación del muro de la presa y posteriores depósitos de residuos mineros. Los resultados coincidieron con mediciones independientes realizadas mediante instrumentos geodésicos y sensores de presión del agua.
Esto permitió demostrar que el método puede reducir las interferencias que afectan a otras técnicas de vigilancia sísmica.
Una tecnología que podría ayudar a vigilar túneles, presas y ciudades
Las posibles aplicaciones de REFTION van mucho más allá de las explotaciones mineras.
Los investigadores consideran que podría utilizarse para vigilar túneles, presas, instalaciones industriales, campos geotérmicos y sistemas de almacenamiento subterráneo de gas. También podría ayudar a estudiar acuíferos y detectar cambios en el terreno situado bajo grandes infraestructuras urbanas.
Aunque todavía necesita pruebas en otros entornos, la tecnología abre nuevas posibilidades para desarrollar sistemas de vigilancia continua y no invasiva.
El descubrimiento demuestra que incluso aquello que consideramos contaminación acústica puede contener información científica valiosa: las vibraciones producidas por nuestra actividad diaria podrían convertirse en una herramienta para comprender mejor el suelo sobre el que construimos nuestras ciudades.