Hace millones de años, América del Norte y América del Sur eran dos mundos separados. Entre ambos se extendían aguas, islas y territorios todavía en formación. Para muchos animales terrestres, aquella separación representaba una barrera formidable que condicionaba dónde podían vivir y hasta dónde podían desplazarse.
Pero algunas criaturas parecen haber encontrado la manera de atravesarla mucho antes de que existiera un puente terrestre completo.
Una investigación publicada en Frontiers of Biogeography acaba de reconstruir la historia de los ictéridos, una familia de aves que incluye tordos, oropéndolas, zanates y pechos amarillos. Sus resultados apuntan a algo sorprendente: sus antepasados habrían alcanzado Sudamérica hace aproximadamente 6,1 millones de años, cuando todavía faltaban millones de años para la formación del puente terrestre de Panamá según la cronología tradicional.
El hallazgo no demuestra cómo cruzaron. Y precisamente ahí comienza la parte más interesante de esta historia.
Un viaje de millones de años reconstruido sin encontrar un solo fósil

Los investigadores Axel Arango García y Chaitanya Gokhale, de la Universidad de Wurzburgo (Alemania), utilizaron una estrategia diferente a la paleontología convencional. En lugar de analizar restos fósiles, combinaron información sobre las relaciones evolutivas y la distribución geográfica de 104 especies actuales, prácticamente toda la diversidad reconocida de esta familia.
Después dividieron América en seis grandes regiones y compararon 18 modelos biogeográficos para identificar qué reconstrucción explicaba mejor los patrones observados. El estudio, publicado en septiembre de 2026, señala que los ictéridos probablemente surgieron en América del Norte y comenzaron una expansión gradual hacia el sur.
Primero alcanzaron Mesoamérica y el Caribe hace unos 7,5 millones de años. Posteriormente habrían llegado a la Amazonía hace 6,1 millones, a los Andes hace 5,8 millones y al sur de Sudamérica hace aproximadamente 4,8 millones.
La Patagonia fue uno de sus últimos destinos, hace unos 2,7 millones de años. Es importante entender que estas fechas son estimaciones estadísticas, no registros directos de aves fosilizadas. Los propios modelos incorporan incertidumbre y no permiten establecer el momento exacto de cada desplazamiento.
El problema es que Panamá todavía no había cerrado el camino entre los océanos

Aquí aparece la gran incógnita. El cierre final del istmo de Panamá suele situarse alrededor de hace tres millones de años, aunque su formación fue un proceso geológico complejo y la existencia de conexiones terrestres anteriores continúa siendo objeto de debate. Si los ictéridos ya habían alcanzado la Amazonía millones de años antes, sus antepasados debieron superar una separación geográfica muy distinta a la actual.
Los científicos consideran dos explicaciones posibles: que atravesaran tramos de mar abierto mediante el vuelo o que aprovecharan islas y conexiones terrestres parciales. Ninguna de las dos alternativas puede confirmarse con los datos disponibles.
En un comunicado de la Universidad de Wurzburgo, Arango García destaca que incluso después de años estudiando estas aves resultó sorprendente descubrir que sus linajes habían llegado al sur antes de que se cerrase el puente terrestre. Además, los resultados coinciden temporalmente con transformaciones ambientales asociadas al levantamiento de los Andes y la expansión de hábitats abiertos. Estos ambientes pudieron ofrecer oportunidades para determinados linajes, aunque el análisis no demuestra una relación causal.
La gran sorpresa no está únicamente en cómo llegaron
Los investigadores también querían comprender por qué algunas regiones albergan muchas más especies de ictéridos que otras. Su reconstrucción indica que Mesoamérica y el Caribe desempeñaron un papel especialmente importante en la diversificación de la familia. Sin embargo, las diferencias geográficas por sí solas no explican toda esa variedad.
Aspectos como la alimentación, la selección de pareja, la especialización ecológica y las conductas sociales podrían haber influido considerablemente en la aparición de nuevos linajes. Esto cambia la perspectiva del problema. La historia evolutiva de estas aves no depende únicamente de dónde pudieron llegar, sino también de lo que ocurrió cuando se establecieron en cada territorio.
Los resultados, por tanto, no reescriben definitivamente la historia geológica de Panamá ni prueban que existiera una ruta concreta entre continentes. Pero sí plantean una posibilidad fascinante: mientras la geografía americana todavía estaba tomando su forma actual, algunas aves ya estaban construyendo una historia evolutiva que acabaría extendiéndose desde Alaska hasta Tierra del Fuego.