A unos 20 kilómetros de la costa norte de Portugal, tres enormes aerogeneradores flotan sobre un mar de casi 100 metros de profundidad. No están clavados en el fondo: se sostienen sobre plataformas semisumergibles ancladas con cables. Su función es producir electricidad, pero bajo la superficie parecen haber cumplido otro papel inesperado: convertirse en refugio para pulpos, rayas, tiburones y decenas de especies marinas.
Así lo indica un informe de monitoreo presentado por la empresa Ocean Winds en la conferencia WindEurope 2026, celebrada en Madrid. El documento fue elaborado por la consultora Blue Grid junto con investigadores del centro de ciencias marinas MARE de la Universidad de Lisboa y del Politécnico de Leiria, y se encuentra disponible en el sitio oficial del proyecto.
Un parque eólico que flota

WindFloat Atlantic está frente a Viana do Castelo, una ciudad costera del norte de Portugal, cerca de la frontera con España. Tiene una potencia instalada de 25 megavatios, suficiente para abastecer a unos 25.000 hogares, y está conectado a la red eléctrica desde fines de 2019.
La tecnología flotante permite instalar turbinas en aguas profundas, donde las estructuras fijas al lecho marino no son viables. Eso abre la puerta a la energía eólica marina en costas como las del Atlántico portugués o las del Pacífico sudamericano, donde el fondo cae rápidamente.
Más de 270 especies en ocho años

El seguimiento ambiental abarcó ocho años, incluidas las etapas previas a la construcción, la instalación y la operación. En total se identificaron más de 270 especies, entre ellas 52 de peces, 33 de aves, 5 de mamíferos marinos y 3 de murciélagos.
Los pulpos y los elasmobranquios, el grupo que incluye a rayas y tiburones, resultaron más abundantes dentro del área del parque que en las zonas de control cercanas. También aumentó la actividad de delfines durante la fase de operación, y se registró el paso de orcas y de un tiburón peregrino. El estudio no detectó efectos negativos sobre el plancton ni colisiones significativas de aves.
Arrecifes artificiales y una reserva sin pesca

Los investigadores atribuyen estos resultados a dos efectos. El primero es el llamado efecto arrecife: las estructuras sumergidas, los cables y los anclajes se cubren de mejillones, percebes y anémonas, que atraen a peces y depredadores. Los pulpos, en particular, aprovechan las grietas para esconderse y cazar en una zona donde antes el fondo era casi todo arena.
El segundo es el efecto reserva. Dentro del perímetro del parque está prohibida la navegación y la pesca, por lo que el área funciona en la práctica como una pequeña zona protegida. Aun así, el informe aclara que la variabilidad natural de las estaciones y de un año a otro sigue siendo el principal factor que explica los cambios en las comunidades marinas.
La otra versión: los pescadores
No todos comparten la lectura optimista. Asociaciones de pescadores de Viana do Castelo aseguran que algunas especies comerciales, como la merluza y el besugo, se volvieron escasas en los alrededores del parque, y piden estudios independientes y de largo plazo. Ocean Winds, por su parte, sostiene que los desembarques pesqueros en la zona no disminuyeron desde que el parque entró en operación.
Conviene tener en cuenta que se trata de un informe encargado por la empresa operadora y presentado en una conferencia, no de un estudio publicado en una revista científica con revisión de pares. Aun así, los datos se suman a un debate cada vez más relevante: si los parques eólicos en el mar pueden convivir con los ecosistemas e incluso favorecer a algunas especies. Es una pregunta que también empieza a importar en América Latina, donde países como Brasil y Colombia estudian desarrollar sus primeros proyectos de eólica marina.