La tortuga gigante de Floreana (Chelonoidis niger niger) se extinguió en su isla de origen a mediados del siglo XIX, probablemente porque los balleneros de la época solían embarcar tortugas vivas como reserva de alimento fresco para sus largos viajes. Según confirmó la Fundación Charles Darwin, 158 tortugas gigantes juveniles fueron liberadas en la isla Floreana, marcando la primera vez en más de 180 años que la especie vuelve a caminar libremente por ese territorio.
El rastro genético que sobrevivió en otro volcán

El hallazgo que hizo posible este regreso partió de estudios genéticos realizados a comienzos de los años 2000, que revelaron que algunas tortugas del volcán Wolf, al norte de la isla Isabela, portaban ascendencia genética de la extinta tortuga de Floreana. Esos ejemplares resultaron ser los últimos descendientes vivos conocidos de un linaje que se creía completamente perdido.
A partir de ahí, un programa de reproducción cuidadosamente gestionado permitió criar individuos con una composición genética lo más cercana posible a la de la tortuga original de Floreana, hasta reunir la población suficiente para esta primera liberación.
Un proyecto liderado por 160 vecinos de la isla

El proyecto está encabezado por el Ministerio del Ambiente y Energía de Ecuador, a través de la Dirección del Parque Nacional Galápagos, junto con la Agencia de Regulación y Control de la Bioseguridad y Cuarentena para Galápagos, y coejecutado por la Fundación Jocotoco, la propia Fundación Charles Darwin e Island Conservation, con el apoyo de Galápagos Conservancy en la reintroducción específica de las tortugas.
Lorena Sánchez, directora del Parque Nacional Galápagos, señaló que este regreso responde a una visión de restauración de largo plazo, construida a partir de años de trabajo científico riguroso. La comunidad de Floreana, de apenas unos 160 habitantes, participó activamente en talleres de planificación, medidas de bioseguridad y monitoreo ecológico a lo largo de todo el proceso.
Por qué una tortuga puede cambiarle la cara a una isla entera

Las tortugas gigantes funcionan como especie clave dentro del ecosistema: mantienen hábitats abiertos, dispersan semillas a través de sus desplazamientos y excrementos, y crean microhábitats propios, como los revolcaderos que forman al descansar, que benefician a otras especies. Rakan Zahawi, director ejecutivo de la Fundación Charles Darwin, explicó que estos animales ayudan a restablecer procesos ecológicos de los que dependen muchas otras especies del ecosistema.
Se espera además que su regreso fortalezca las conexiones entre la tierra y el mar: al dispersar semillas y abrir espacios de vegetación, las tortugas mejoran indirectamente las condiciones de anidación y alimentación de aves marinas, cuyos nutrientes a su vez sostienen ecosistemas marinos cercanos, incluidos arrecifes de coral y zonas de pesca.
Apenas la primera de doce especies

Esta liberación es solo el primer paso del Proyecto de Restauración Ecológica de Floreana, que contempla la erradicación de tres especies de mamíferos invasores y la reintroducción de un total de 12 especies nativas, entre ellas el cucuve de Floreana, la culebra corredora de Floreana, el pinzón vegetariano y el pequeño pájaro brujo. La participación comunitaria ya había arrojado otro resultado inesperado: el redescubrimiento del pachay, un ave rara que no se registraba en la isla desde la primera visita de Charles Darwin a Galápagos.
Hugo Mogollón, presidente de Galápagos Conservancy, remarcó que identificar tortugas con ascendencia de Floreana en el volcán Wolf y reproducir a sus descendientes permitió devolver la especie a su isla de origen con un linaje genéticamente muy cercano al original.
El proyecto de restauración más grande jamás hecho en Galápagos
Una vez completado en todas sus fases, el proyecto de Floreana se convertirá en el mayor esfuerzo de restauración ecológica realizado hasta ahora en todo el archipiélago de Galápagos. Eliécer Cruz, director del Programa Galápagos de la Fundación Jocotoco, resumió el proceso como el resultado de más de 15 años de trabajo dedicado, coordinación y planificación sostenida junto a la comunidad local, socios científicos y organizaciones de conservación.