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Momento del acoplamiento entre dos miriápodos del género Pseudopolydesmus.
Momento del acoplamiento entre dos miriápodos del género Pseudopolydesmus.
Foto: Stephanie Ware, Field Museum (Eurekalert)

Mientras tú te preguntabas por el sentido de la vida, el universo y todo lo demás, un equipo de científicos miraba al techo por las noches y se preguntaba: ¿cómo practican sexo los miriápodos? Probablemente fueran los únicos en hacerse esa pregunta, pero admítelo. Ahora tú también quieres saberlo.

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Se da la circunstancia de que el sexo de los diplópodos (esa familia de bichos de muchas patas que conocemos comúnmente como milpiés) era todo un misterio. Para su estudio, los investigadores se centraron en un género muy concreto de las más de 13.000 especies que conocemos de esta gran familia de artrópodos: el género Pseudopolydesmus. ¿Por qué este género concreto y no otro? Pues básicamente porque no tienen vergüenza. Petra Sierwald, conservadora del Museo Field de Historia Natural de Chicago y principal autora del estudio, lo explica así:

Uno de los problemas con los milpiés es que la mayor parte de las cosas que hacen las hacen bajo tierra. Si los sacas de ese entorno, alteras tanto su comportamiento que dejan de hacer sus actividades normales. Este no es el caso de los Pseudopolydesmus. Son capaces de copular sobre una placa petri bajo las luces del laboratorio.

Incluso contando con la calenturienta colaboración de una especie de milpiés proclive al exhibicionismo, averiguar las oscuras mecánicas de la cópula entre diplópodos no era tarea fácil. Aunque los milpiés no tienen tantos pies como apunta su nombre (Normalmente tienen entre 34 y 400. La especie con más pies tiene 700) semejante número de extremidades es más que suficiente como para censurar cualquier imagen explícita de su aparato reproductor. Todo lo que ve un espectador es a dos milpiés enrollados uno alrededor del otro.

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Por fortuna, Sierwald y su equipo comprobaron que los aparatos genitales de los milpiés brillan bajo la luz ultravioleta. Esta exótica cualidad sexual sirvió a los investigadores como guía en la oscuridad para tomar decenas de fotos que un milpiés consideraría abiertamente pornográficas. Esas imágenes han servido para ampliar nuestro conocimiento sobre sexualidad miriápoda en un nuevo estudio titulado: Morfología genital y mecánicas de la cópula en el género Pseudopolydesmus de miriápodos.

Una vulva de Pseudopolydesmus bajo la luz ultravioleta.
Una vulva de Pseudopolydesmus bajo la luz ultravioleta.
Foto: Stephanie Ware, Field Museum (Eurekalert)
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Si has llegado hasta aquí probablemente es para satisfacer tu curiosidad científica respecto al procedimiento. Resumido mucho, el macho deposita su semen (de color azul) en el extremo de unos órganos llamados gonopodios situados en el extremo de un par de patas concreto. Este proceso no es precisamente sencillo si tenemos en cuenta que los testículos están entre el segundo par de patas, y las mencionadas extremidades están a la altura del séptimo anillo de su cuerpo.

Morfología exacta del acoplamiento entre milpiés de este género.
Gif: Stephanie Ware, Field Museum (Science Direct)
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Superado este obstáculo, el macho procede a insertar sus gonopodios en dos orificios que la hembra tiene, gracias a dios, a la misma altura del séptimo anillo. Tras la cópula, la hembra segrega una sustancia que preserva el esperma hasta que vaya a usarlo para fecundar sus huevos y al mismo tiempo sella su aparato reproductor impidiendo a otros machos aparearse con ella. Hasta ahora, por citar solo un dato que desconocíamos, se pensaba que esta secreción provenía del macho y resulta que no es así.

El estudio, por mucho humor con el que nos lo tomemos, es importante porque permitirá analizar bajo una nueva luz a los otros 16 órdenes de miriápodos de cuya reproducción sabemos poco o nada. [Science Direct vía Eurekalert]

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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