Image: Reconstrucción de combustión espontánea humana (Wikimedia Commons)

Víspera de Navidad de 1885 en la pequeña ciudad de Seneca, Illinois. Una mujer llamada Matilda Rooney muere junto a su marido bajo unas circunstancias supuestamente insólitas: Matilda estalló en llamas.

Al parecer, la mujer estaba sola en su cocina cuando sucedió. Aparentemente el fuego incineró rápidamente todo su cuerpo, excepto sus pies. El incidente también se llevó la vida de su esposo, Patrick. Al hombre lo encontraron asfixiado por los humos en otra habitación de la casa.

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La tragedia dejó desconcertados a los investigadores. No había ninguna razón para sospechar de algo raro. La reconstrucción de la escena explicaba que aquella noche los Rooneys se encontraban relajados y bebiendo whisky. Un granjero que había pasado unas horas con ellos no notó nada fuera de lo común.

Tampoco se pudo encontrar ninguna fuente de ignición para el incendio. Aunque las llamas fueron lo suficientemente intensas como para reducir a Matilda Rooney a cenizas, no se habían extendido al resto de la habitación. El fuego parecía haber comenzado en su cuerpo y allí permaneció confinado hasta el final. 

Parecía que los Rooneys fueron víctimas del enigmático fenómeno de la combustión espontánea humana.

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Image: Wikimedia Commons

Saltamos en el tiempo al 22 de diciembre de 2010, más de un siglo desde el primer caso. A Michael Faherty, de 76 años, lo encuentran muerto en su casa en Galway, Irlanda. Su cuerpo mostraba graves quemaduras.

Como en el caso de Matilda, los investigadores no encontraron fuente de ignición cerca del cuerpo ni señales de algo raro, así que descartaron algún tipo de fuego cerca en la escena. Ocurre que eliminando ambos factores, los expertos forenses solo tenían el cuerpo chamuscado de Faherty y el daño causado por el fuego tanto en el techo como en el piso debajo de él para tratar de explicar lo que le sucedió al anciano.

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Después considerarlo durante días, un médico forense determinó que la causa de la muerte de Faherty era la combustión espontánea humana, una decisión que generó bastante controversia.

Lo cierto es que entre Matilda y Faherty se dieron muchos más supuestos casos, y la historia y la literatura hablan de esta posibilidad desde varios siglos atrás.

Origen y casos

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El fenómeno tiene sus raíces (médicamente hablando) en el siglo XVIII. Paul Rolli, miembro de la Royal Society de Londres, la academia científica más antigua del planeta que sigue existiendo, acuñó el término en un artículo de 1744 titulado Philosophical Transactions, y lo describió como “un proceso en el que un cuerpo humano supuestamente se incendia como resultado del calor generado por la actividad química interna, pero sin evidencia de una fuente externa de ignición”.

Cuentan que la condesa Cornelia Zangari di Bandi de Cesena sufrió un destino similar en el verano de 1745. Di Bandi se acostó temprano y, a la mañana siguiente, la doncella de la condesa la encontró en cenizas. Solo quedaba su cabeza parcialmente quemada y sus piernas. Aunque la condesa tenía dos velas en la habitación, las mechas estaban intactas. 

Prácticamente todos los casos llevan al mismo rompecabezas. En primer lugar, el fuego se limita a la persona y su entorno inmediato. Además, no es raro encontrar quemaduras y daños por humo justo encima y debajo del cuerpo de la víctima. Finalmente, el torso se reduce a cenizas, dejando solo las extremidades intactas.

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Image: Wikimedia Commons

En la ficción, el caso más notorio se dio con la obra Bleak House de Charles Dickens. El autor defendió su uso de la combustión espontánea contra las acusaciones de engaño citando varios casos famosos y los juicios de médicos eminentes afirmando que tal cosa era posible.

El público lo aceptó en su mayoría apoyados en razones morales. Las víctimas a menudo eran alcohólicas y tenían sobrepeso, y había más mujeres que hombres, por lo que existía una percepción general de que era una especie de retribución por un estilo de vida libertino y/o decadente. Esta idea se vio reforzada por los informes periodísticos, a menudo sensacionalistas, sobre casos sospechosos. 

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Explicaciones y ciencia

Image: PxHere

Llegados a este punto es el momento de hacernos la pregunta, ¿Es real la combustión espontánea del ser humano? ¿Es la posibilidad de estallar de repente en llamas algo a tener en cuenta?

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La respuesta corta es la más simple: posiblemente no. Aunque se han informado de más de 200 casos en todo el mundo, la mayoría de la comunidad científica lo considera más un fenómeno que una causa de muerte reconocida médicamente. Y es que ninguna de las explicaciones científicas propuestas sobre cómo un cuerpo estallaría espontáneamente en llamas se ha sometido al escrutinio. 

Algunos de los primeros mecanismos propuestos se basan en ideas médicas obsoletas, como la noción de que una ignición podría ser el resultado de un desequilibrio interno del cuerpo. La explicación victoriana de que el alcohol hace que el cuerpo sea inflamable tampoco funciona, dado que las concentraciones de alcohol, incluso en las personas más intoxicadas, son demasiado bajas y se requeriría una fuente de ignición externa.

A pesar de que los investigadores no han logrado ubicar con éxito una posible causa de muerte diferente, no están convencidos de que la combustión espontánea humana fuera algo más que un accidente, y por algunas razones específicas.

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En primer lugar, la limitación del daño a las áreas que rodean a la víctima no es tan infrecuente como parece. Muchos incendios son autolimitantes y mueren de flora natural al quedarse sin combustible. Y debido a que los incendios tienden a arder hacia arriba en lugar de hacia afuera, la visión de un cuerpo gravemente quemado en medio de una habitación sin tocar puede parecer extraño (como mínimo), aunque ciertamente no se consideraría anormal.

En el siglo XX, los científicos forenses notaron el “efecto mecha”, es decir, que la ropa usada por una víctima podía absorber grasa derretida, actuando como la mecha en una vela y creando las condiciones para que el cuerpo arda durante un período prolongado.

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De hecho, los experimentos han demostrado que este efecto puede producir muchas de las características inusuales asociadas con la combustión espontánea humana, como la incineración completa o casi del cuerpo y la falta de daño por fuego en el entorno de la víctima.

Por tanto, la posible explicación para los casos sospechosos de combustión espontánea es que hay una fuente de ignición externa (un fósforo, un cigarrillo, una chispa eléctrica) que desencadena el efecto de mecha, aunque la evidencia de ello es destruida por el fuego.

Image: Pexels

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Muchas víctimas se descubrieron cerca de una chimenea o con un cigarrillo encendido cerca, y un buen número de ellas fue vista por última vez tomando una bebida. Aunque el alcohol no hace que el cuerpo sea más inflamable, la embriaguez severa u otras formas de deterioro pueden ser un factor en algunas de estas muertes, ya que la víctima puede ser incapaz de reaccionar ante un fuego que se desarrolla lentamente.

Y sí, en circunstancias normales el cuerpo humano, que se compone de 60-70% de agua, simplemente no posee los elementos necesarios para la combustión: calor elevado y material inflamable. Pero la combinación de alcohol y una fuente de ignición crea un escenario que también incluye los agentes necesarios para crear y mantener un incendio.

Sea como fuere, y debido a que casi todos los casos reportados de combustión espontánea ocurrieron sin testigos (y muchos de ellos eran ancianos), es difícil concluir si estas muertes fueron simplemente el resultado de un accidente de embriaguez, sueño u otro elemento accidental.

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De hecho, de los 200 casos reportados, solo una docena se han investigado a fondo, lo que posiblemente podría dar lugar a nuevas especulaciones. Visto así, la verdad de la combustión espontánea humana parece que no es más que humo. [LiveScience, Wikipedia, BBC, SmithSonian, HowStuffWorks]