Cómo la búsqueda de la momia de Nefertiti reveló un secreto inesperado

Imagen: ¿Nefertiti, un plebeyo u otras persona? (AP)

Es posible que Canadá nunca tuviese un rey o una reina propia, pero hasta hace relativamente poco tiempo, tenía escondido el cuerpo de una de las figuras históricas más importantes de todos los tiempos, y ni siquiera ellos lo sabían. La búsqueda de la momia de Nefertiti iba a descubrir un tesoro sorprendente.

Probablemente, y después de Cleopatra, Nefertiti sea la reina más famosa del antiguo Egipto. Se trata de la esposa de Akhenaton, quien gobernó desde 1353 hasta 1336 a. C. De hecho, un famoso busto de piedra caliza de ella se exhibe en el Museo Egipcio de Berlín, y gracias a ello su figura histórica es tremendamente popular en Alemania.

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Imagen: Busto de Nefertiti en el Museo de Berlín (Wikimedia Commons)

¿Dónde está Nefertiti? Esa es la gran pregunta. La momia de la reina ha estado desaparecida durante miles de años, hasta que en 1966, un turista alemán llamado Meinhard Hoffmann parecía que iba a cambiar la historia.

Meinhard visitaba el Museo de las Cataratas del Niágara, el típico museo turístico, algo destartalado entonces, y con la inclusión de algún show friki en el lado canadiense de las cataratas. El hombre observó su famosa exposición de momias egipcias, una que se había exhibido junto a terneros de dos cabezas, cerdos de cinco patas y otras rarezas fascinantes durante casi 150 años.

Imagen: Postcard Roundup
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De aquel tour, una momia en particular captó su atención: la figura estaba desenvuelta (de hecho, quitar las vendas de lino de una momia fue una práctica común en el siglo XIX) y el cuerpo estaba parcialmente cubierto. Hoffmann se preguntó si la momia podría ser realmente Nefertiti pero, ¿cómo podría demostrarlo? Realmente no podía, no había forma de verificar su sospecha. Aún así, tomó varias fotos antes de regresar a Alemania.

Pasó más o menos una década hasta que un día de 1976, Hoffmann leyó en un artículo que las reinas egipcias de la era de Nefertiti estaban momificadas con su brazo izquierdo, pero no con su brazo derecho, doblado sobre el pecho. Entonces recordó que un brazo de aquella momia en el museo se había doblado sobre el pecho de la momia desnuda.

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Imagen: Relieve en caliza, que probablemente formaba parte de un altar de adoración familiar. Akenatón sostiene a su primogénita Meritatón y enfrente, Nefertiti sostiene en el regazo a su segunda hija, Meketatón (Wikimedia Commons)

El hombre acudió a su álbum de fotos y vio que en realidad era el brazo izquierdo. ¿Podría ser Nefertiti? En cualquier caso, no podía decir si el brazo derecho también estaba doblado sobre el pecho porque estaba oscurecido por el ropaje. Meinhard sacó una fotografía del busto de Nefertiti en el Museo Egipcio y lo comparó con sus fotografías de la momia. Por supuesto, la cara de la momia estaba muy arrugada, mientras que la cara del busto era incluso hermosa. Aun así, pensó que eran asombrosamente similares.

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Varios días después, se convenció a sí mismo de que la momia era efectivamente Nefertiti, Hoffmann se propuso convencer a todo el que quisiera escucharle. Durante los siguientes años, el hombre trabajó arduamente en su caso, y en 1985 logró persuadir a un productor de televisión de un canal de Alemania de que había encontrado a la mítica momia perdida.

Imagen: Momia egipcia en el museo indio (Wikimedia Commons)
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El productor hizo planes para hacer un especial de televisión sobre el tema y llevó a Hoffmann y un equipo de cámaras al Museo de las Cataratas del Niágara. Allí, un egiptólogo examinaría a la momia para confirmar que era la de una reina, y muy probablemente la de Nefertiti.

El examen no fue como esperaba Hoffmann. Tan pronto como el egiptólogo le retiró los ropajes se pudo observar que ambos brazos estaban cruzados sobre el pecho, lo que prácticamente descartaba la posibilidad de que la momia fuera una reina, mucho menos Nefertiti. Además, parecía claro que la momia desnuda era anatómicamente masculina, lo que descartaba la teoría de la reina.

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Imagen: Akhenaton y Nefertiti en el Louvre (Wikimedia Commons)

Sin embargo, Meinhard seguía pensando que allí había una figura histórica. Si no es una reina, pensó, “quizás es un faraón”, exclamó al equipo que iba con él de la televisión alemana. En realidad, sus conjeturas con eran tan descabelladas e incluso tenían un punto de realidad.

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Los reyes de aquel período estaban momificados y con ambos brazos cruzados sobre el pecho. Lo cierto es que unos 1.300 años después de la Reina Nefertiti, Egipto fue anexionado por el Imperio Romano y se puso de moda embalsamar a los plebeyos con sus manos dobladas sobre su pecho. Esto dificultó distinguir a un rey antiguo de un plebeyo. De hecho, los dos se habían confundido muchas veces en el pasado, especialmente entre aficionados como el propio Hoffmann.

Imagen: Conjunto de vendas de lino conservadas de los egipcios (Wikimedia Commons)
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No sólo eso. La sospecha de que la momia era un plebeyo de la época romana parecía confirmarse cuando fue sometida a una radiografía y se observaron masas oscuras dentro de la cavidad torácica. A las momias de la época de Nefertiti se les extrajeron sus órganos y sus cavidades del pecho se rellenaron con lino para conservar su forma natural.

Por otro lado, durante la época romana los órganos eran envueltos en lino y colocados de nuevo en la cavidad torácica. ¿Qué ocurrió? Que los rayos X parecían mostrar paquetes de órganos, lo que llevó al grupo a concluir que la momia era la de un plebeyo de la época romana. Por supuesto, nadie en su sano juicio querría ver un programa de televisión sobre un plebeyo momificado. El canal canceló el especial, nunca se emitió, y Hoffmann pasó a la historia.

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Imagen: Las Pirámides de Guiza (Egipto) (Wikimedia Commons)

Unos años después, a punto de acabar la década de los 80, una estudiante de egiptología llamada Gayle Gibson comenzó a visitar el Museo de las Cataratas del Niagara para estudiar cuatro ataúdes bien conservados que formaban parte de la colección egipcia. Allí se encontró aquellos brazos cruzados sobre la momia y también se preguntó sobre ello, pero la idea de una momia real que permanecía sin descubrir en un espacio tan friki durante tantos años parecía tener poco sentido común como para ser verdad.

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Así todo, en 1991 Gibson se llevó a un experto en momias llamado Aidan Dodson para observar la colección. Tan pronto como Dodson observó a la momia, su exquisita condición o la habilidad más que notable de los embalsamadores, el hombre también comenzó a sospechar seriamente que la momia podría ser un faraón.

Imagen: Momia egipcia embalsamada (Wikimedia Commons)
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El siguiente paso fue tratar de obtener una estimación científica de la edad de la momia utilizando la datación por carbono. En 1994, el museo acordó permitir que la momia fuera examinada, y los investigadores marcaron una fecha de entre 800 y 1500 a.C, demasiado antigua para haber sido embalsamada durante la época romana. Por tanto, la momia finalmente no parecía plebeya, ¿de quién demonios era?

Dada la edad de la momia, las posibilidades de que fuera realmente un rey aumentaron considerablemente. No fue hasta después de que el Museo de las Cataratas del Niágara cerrara en 1998 y toda la colección egipcia se vendiese a la Universidad de Emory en Atlanta (por 2 millones de dólares), que se hicieron más pruebas.

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Los investigadores llevaron a cabo todo tipo de pruebas sofisticadas que no habían estado disponibles previamente, incluidas las tomografías computarizadas y las imágenes por ordenador. Esto les permitió obtener una visión más certera de las masas oscuras en el pecho, que finalmente resultaron no ser paquetes de órganos. Eran rollos de lino apretados que se han encontrado en otras momias reales de la época. 

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La evidencia que se había pensado que descartaba una conexión real ahora parecía confirmarlo, al igual que una tomografía computarizada del cráneo. Esta mostraba que la cavidad craneal contenía una gran cantidad de resina de árbol, un material precioso y muy raro en el antiguo Egipto, una prueba más de que la momia era de hecho la de un rey, ¿pero cual?

Imagen: El Faraón Sethi I, representado como sacerdote purificador (Wikimedia Commons)
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A medida que los investigadores desbloqueaban los secretos de la momia, las pruebas apuntaban cada vez más lejos, hasta llegar a un único candidato: Ramsés I, fundador de la Dinastía XIX que gobernó Egipto entre 1291 y 1183 a. C. En el trono durante menos de dos años, fue el abuelo de Ramsés II, o Ramsés el Grande, cuyo reinado de 66 años fue el segundo más largo en la historia de Egipto.

Hasta aquel instante, se creía que el cuerpo de Ramsés I se había retirado de una tumba que contenía varias momias reales a mediados del siglo XIX, casi al mismo tiempo que un coleccionista que representaba al Museo de las Cataratas del Niágara recorría Egipto adquiriendo las momias que allí se encontraban. Increíble, ya que “compró” al faraón por un puñado de dólares.

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Imagen: Rostro de Ramsés II (Wikimedia Commons)

La momia de Ramsés I había estado ausente en Egipto durante más de 140 años, pero las de su hijo, Seti I, y su nieto, Ramsés el Grande, estaban en el Museo Egipcio de El Cairo. Sus caras tenían un parecido sorprendente con la momia del Museo de las Cataratas del Niágara, y esa similitud se vio respaldada cuando se compararon los rayos X del cráneo de la momia con los rayos X de todas las momias reales del Museo Egipcio tomadas en la década de 1960.

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La forma de un cráneo humano es hereditaria, por lo que si la momia estaba relacionada con Seti I y Ramsés II, las medidas de su cráneo probablemente serían similares a las suyas. Y efectivamente, las medidas de la momia del Niagara coincidían más estrechamente con las de Seti I y Ramses II que con las de cualquier otra momia real en el Museo Egipcio.

Imagen: Ramsés I antes de partir a “casa” (AP)
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Por si alguien se lo pregunta, el caso de la momia de Ramsés I está basado enteramente en la evidencia circunstancial, pero hay tantas que existe muy poco lugar a la duda: la momia del Museo en las Cataratas del Niágara es casi seguramente la de un rey, y muy probablemente la de Ramsés I.

Cuando la Universidad Emory se enteró de la identidad de la momia, el centro anunció que le cedían la figura a Egipto. En octubre de 2003, Ramsés regresó a su casa después de una ausencia de 150 años.

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Y aunque la historia no lo suele nombrar, el señor Hoffmann tuvo mucho que ver en esta historia. Aquel viaje como turista a un museo destartalado en Canadá acabó recuperando de forma accidental la figura histórica de un faraón del Antiguo Egipto.

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Miguel Jorge

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