Una mirada al pasado cósmico desde Chile
El radiotelescopio ALMA, ubicado en el desierto de Atacama, volvió a protagonizar un hallazgo histórico.
Un equipo de la Universidad Keio y del Observatorio Astronómico Nacional de Japón logró la medición más precisa de la temperatura del universo primitivo, cuando tenía unos 6.500 millones de años.
Los resultados, publicados en The Astrophysical Journal, confirman que el enfriamiento del cosmos ocurrió exactamente como lo predicen las leyes de la física moderna, reduciendo un 40 % la incertidumbre de estudios anteriores.
La huella térmica del Big Bang
La clave está en la radiación cósmica de fondo, un débil resplandor que recorre el espacio desde los primeros instantes del universo.
Esta radiación, detectada por primera vez en 1965, es el eco térmico del Big Bang: una especie de fósil cósmico que conserva información sobre cómo evolucionó la temperatura a lo largo de miles de millones de años.
Los científicos sabían que el universo debía ser más caliente en el pasado, pero comprobarlo experimentalmente ha sido un desafío enorme. Medir esa temperatura en épocas tan lejanas exige analizar señales extremadamente débiles y distinguirlas del ruido de fondo cósmico.

Cómo se midió el calor del universo joven
Para lograrlo, los investigadores usaron la luz de un cuásar lejano —una galaxia extremadamente luminosa— llamado PKS 1830–211.
Esa luz viajó durante miles de millones de años hasta llegar a la Tierra y, en su trayecto, atravesó una galaxia intermedia llena de nubes de gas.
Allí, las moléculas de cianuro de hidrógeno (HCN) y otras sustancias absorbieron parte de la radiación, dejando una firma espectral única.
Mediante el análisis detallado de esas líneas espectrales registradas por ALMA, los científicos reconstruyeron la temperatura del espacio en el momento en que la luz cruzó esa galaxia.
El resultado fue claro: la temperatura coincidía exactamente con lo previsto por el modelo estándar de cosmología, que describe cómo el universo se expande y se enfría desde el Big Bang.
Un universo que se enfría como debería
El equipo comprobó que la radiación cósmica de fondo en esa época alcanzaba 5,14 kelvins, frente a los 2,73 K actuales.
Este descenso lineal con la expansión cósmica es una de las predicciones centrales del modelo del Big Bang, y su confirmación con tal precisión refuerza la solidez de la teoría.

Los investigadores aplicaron métodos estadísticos avanzados para eliminar errores instrumentales y fluctuaciones aleatorias, lo que redujo la incertidumbre de la medición en un 40 %.
Más allá del resultado: una nueva herramienta para la cosmología
El éxito de esta técnica marca un antes y un después en la forma de estudiar la historia térmica del cosmos.
Según el astrofísico Tatsuya Kotani, líder del proyecto, el método permitirá en el futuro “explorar temperaturas aún más antiguas y detectar posibles desviaciones que revelen nueva física”.
El estudio abre la posibilidad de extender estas mediciones a galaxias más distantes, ofreciendo un mapa térmico cada vez más detallado del universo a lo largo de su evolución.
Fuente: Infobae.