Han pasado casi cinco años desde que la organización australiana sin fines de lucro Rouser Lab presentó su plan para construir la Caja Negra de la Tierra (Earth’s Black Box), un dispositivo similar a las cajas negras de los aviones diseñado para documentar el camino de la humanidad hacia la destrucción ambiental. Ahora, sus responsables afirman que el proyecto finalmente será instalado en Tasmania antes de que concluya el año.
Según informa The Guardian, el ensamblaje de las distintas piezas ya está en marcha, y Rouser Lab planea colocar la estructura en diciembre, al borde de una pista aérea remota en Tasmania. El monolito medirá 16 metros de largo y 4 metros de alto, y estará construido con acero reforzado y hormigón. De acuerdo con la organización, fue diseñado para resistir prácticamente cualquier amenaza imaginable, incluyendo ciclones, terremotos, incendios, inundaciones e incluso ataques deliberados.
La parte superior contará con 36 paneles solares protegidos por capas de vidrio templado de alta resistencia. Estos paneles alimentarán una serie de unidades de almacenamiento internas destinadas a conservar enormes cantidades de datos relacionados con la salud del planeta. Según el sitio oficial del proyecto, el sistema recopilará información proveniente de agencias espaciales, organismos meteorológicos y universidades de todo el mundo.
Toda esa información llegará de manera continua a través de internet para alimentar lo que los desarrolladores denominan el “Índice Vital de la Tierra”, una base de datos que registrará mediciones, tendencias e interacciones vinculadas al estado ambiental del planeta.
“El propósito del dispositivo es proporcionar un registro imparcial de los acontecimientos que conduzcan a la desaparición del planeta, establecer responsabilidades para las generaciones futuras e inspirar acciones urgentes”, explica el sitio web de Earth’s Black Box. “Cómo termina esta historia depende completamente de nosotros”.
Preservar el apocalipsis
Durante los últimos cinco años, Rouser Lab ha compartido pocos detalles sobre el avance del proyecto. Sin embargo, el director artístico de la organización, Jonathan Kneebone, declaró a The Guardian que el equipo ha estado trabajando constantemente en la evolución del diseño, los sistemas de almacenamiento de datos, las fuentes de información, la plataforma web y los modelos de financiación que permitirán mantener la iniciativa a largo plazo.
También es importante señalar que Rouser Lab no es una organización científica ni tecnológica en el sentido tradicional. Se define a sí misma como una “agencia experimental de comunicación ambiental”. Debido al largo período sin novedades públicas, algunas personas llegaron a pensar que Earth’s Black Box era simplemente una campaña de concienciación climática o una intervención artística destinada a llamar la atención sobre la crisis ambiental.
Aunque la concienciación es parte fundamental del proyecto, ahora parece claro que la organización siempre tuvo la intención real de construir e instalar el dispositivo.
La idea detrás del monolito es que futuras civilizaciones puedan acceder a los datos almacenados en su interior y aprender de los errores cometidos por nuestra generación. En otras palabras, funcionaría como una cápsula del tiempo destinada a preservar evidencia de cómo la humanidad enfrentó (o no logró enfrentar) la crisis climática.
Rouser Lab también trabaja en otra iniciativa aún más ambiciosa llamada Climate S.O.S.. El proyecto contempla la construcción de un “tecno-obelisco” de 50 metros de altura coronado por un radiotelescopio capaz de enviar una señal de auxilio al espacio. La esperanza, al menos en teoría, es que una civilización extraterrestre avanzada pudiera detectar ese mensaje y ayudar a la humanidad a evitar un colapso climático.
¿Realmente será útil?
Ese segundo proyecto todavía parece lejano. Por ahora, la prioridad es completar e instalar Earth’s Black Box.
Sus responsables esperan que el sistema funcione como un archivo objetivo y en tiempo real al servicio de científicos, estudiantes, periodistas y cualquier persona interesada en comprender la evolución de la crisis climática.
Sin embargo, la utilidad práctica del dispositivo sigue siendo objeto de debate. Actualmente ya existe una enorme cantidad de datos climáticos abiertos y gratuitos disponibles para investigadores y ciudadanos de todo el mundo. Además, no hay razones evidentes para pensar que esa información vaya a desaparecer o dejar de estar disponible para las generaciones futuras.
Desde una perspectiva de comunicación y activismo, la instalación del monolito podría generar un renovado interés público en la emergencia climática. No obstante, como ocurre con muchas iniciativas de este tipo, también existe la posibilidad de que la atención mediática sea temporal y se desvanezca rápidamente cuando la actualidad se centre en otros temas.
Aun así, si todo marcha según lo previsto, este gigantesco monolito de acero y hormigón comenzará a registrar oficialmente el estado del planeta a finales de este año, convirtiéndose en una de las advertencias físicas más llamativas jamás construidas sobre el futuro de la civilización humana.