El ciclo del hielo marino antártico funciona como un reloj. En marzo alcanza su mínimo de verano, cuando se ha derretido la mayor parte. En junio ya debería estar creciendo rápidamente hacia su máximo de septiembre. Hay algo que no está funcionando bien en ese ciclo. El mar de Bellingshausen, junto a la península antártica, aparece en los mapas satelitales de junio de 2026 casi sin hielo, en pleno invierno austral. Faltan unos 650.000 kilómetros cuadrados de hielo marino respecto a la media histórica: una superficie equivalente a la de Francia. Y no es la primera vez.
Los números: 11,4 millones de km² cuando debería haber 12,6 millones

El 10 de junio, el conjunto de la Antártida acumulaba cerca de 11,4 millones de km² de hielo marino, frente a una media de 12,6 millones de km² para esa misma fecha según el registro del período 1991-2020. La diferencia, de unos 650.000 km², se concentra de forma especialmente visible en el mar de Bellingshausen, en el sector occidental del continente. Junio es el momento en que el hielo debería estar expandiéndose a su ritmo más rápido antes de alcanzar el máximo de septiembre. Que en esa ventana específica falte una superficie del tamaño de Francia es lo que hace la anomalía especialmente preocupante.
Will Hobbs, especialista en hielo marino antártico de la Universidad de Tasmania y del Australian Antarctic Program Partnership, describió la situación a The Guardian con una frase directa: «Estoy preocupado. Es deprimente». Y añadió que resulta «notable que estemos en junio y no haya hielo marino allí». Lo que preocupa a Hobbs no es solo la anomalía de 2026, sino su recurrencia: es la tercera vez en cuatro años que el hielo se mantiene en niveles muy bajos en esa zona.
La tercera vez en cuatro años: un patrón que apunta a un cambio profundo en el océano

Un episodio aislado de hielo escaso puede tener causas múltiples: variabilidad natural, vientos inusuales, anomalías térmicas puntuales. Tres episodios similares en cuatro años en la misma región apuntan a algo más sistémico. Hobbs señaló que el patrón sugiere un cambio profundo en el océano, aunque la ciencia todavía trata de determinar en qué medida el calentamiento global está detrás de esta transformación. El problema es que el hielo marino antártico ha mostrado una variabilidad inusualmente alta en los últimos años, lo que dificulta distinguir señal de ruido.
La anomalía de junio coincidió con un episodio térmico excepcional en la península antártica. La base argentina Esperanza registró máximas de 15,4 °C el 5 de junio y 13,4 °C el 6 de junio, cuando la media diaria habitual para esa fecha es de aproximadamente -6,2 grados. Hobbs señaló que es razonable pensar que la falta de hielo marino pudo haber intensificado la entrada de aire cálido desde el norte, creando un ciclo de retroalimentación que agravó la anomalía térmica.
Las consecuencias en cadena: pingüinos emperadores, krill y los glaciares Thwaites y Pine Island
La ausencia del hielo marino no es solo un dato estadístico. Peter Fretwell, del British Antarctic Survey, la describió como «un problema serio para los pingüinos, especialmente los emperadores»: estos animales necesitan hielo estable para criar a sus polluelos entre junio y diciembre. La región ya sufrió en 2022 un fracaso reproductivo catastrófico con miles de polluelos muertos. El krill, pieza esencial de la cadena alimentaria antártica, suele refugiarse bajo el hielo durante el invierno para alimentarse de algas. Sin esa cobertura, el equilibrio ecológico de todo el ecosistema se vuelve más frágil.
El climatólogo Phil Reid, de la oficina meteorológica australiana, advirtió además que la exposición costera es extraordinaria y que la ausencia prolongada de hielo marino puede favorecer la ruptura de plataformas de hielo flotante que actúan como barrera natural para los grandes glaciares próximos, como Pine Island y Thwaites. Esos glaciares son considerados contribuyentes clave al aumento del nivel del mar a escala global: si aceleran su flujo hacia el océano, las proyecciones de subida del nivel del mar para finales de siglo tendrían que revisarse al alza.