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Cuando conozcas la historia real de John Snow el personaje de Juego de Tronos te va a parecer poca cosa

Imagen: Cuando Londres era la ciudad más asquerosa (Dominio Público)

Gracias a la epidemiología hemos llegado a la actualidad gozando de una salud pública impensable a mediados del siglo XIX. Y de entre las figuras más destacadas que impulsaron esta disciplina científica se encontraba John Snow, con “h”, nada que ver con la figura fantástica del personaje de Juego de Tronos.

Para entender la importancia de un hombre al que la historia no reconoció en vida, hay que remontarse a mediados del siglo XIX en Londres. En aquellas fechas, y como contamos hace un tiempo, la city se había convertido en la ciudad más asquerosa de Europa. Las razones fueron varias pero, a grandes rasgos, la más importante tuvo que ver con el aumento de la población, y con ello de los excrementos humanos que nadie sabía cómo tratar.

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Los sistemas de alcantarillado no se habían extendido por toda la ciudad, por lo que en lugares como el Soho podíamos ver a las personas arrojando sus desechos en las mismas calles, lanzando los excrementos a pozos negros desbordados o incluso transportándolos en vehículos hasta el río Támesis.

Esto último era un gran problema, ya que el río era el principal suministro de agua de la ciudad. Además, durante este período Londres y el resto de Europa también se vieron afectados por brotes de cólera, una enfermedad diarreica altamente infecciosa, en ocasiones mortal.

A todo ello se sumaba otro problema: no se sabía que las bacterias y los virus estaban en la raíz de la mayoría de las enfermedades infecciosas, por lo que la idea predominante era la teoría miasmática, que decía que se transmitían por el terrible aire que respiraban.

Es en este punto de la historia donde aparece John Snow, un experto médico que anteriormente se había encontrado con el cólera en poblaciones mineras. De su trabajo sobre la vida de los mineros bajo tierra Snow postuló que la enfermedad no se propagaba por el aire, sino por la ingestión de cosas contaminadas con desechos humanos.

Así que cuando el médico observó la situación en Londres, concluyó que el cólera se había propagado por pequeñas partículas fecales en el agua, y en 1854 tuvo la oportunidad de demostrarlo. Un año antes, un nuevo brote de cólera llegó a un distrito de Londres cerca de la casa de Snow, una infección que mató a más de quinientas personas en cuestión de semanas.

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Con los datos de la zona, Snow sospechaba de una bomba de agua en una calle particular después de que la muestra de agua mostrara manchas blancas visibles de material orgánico. Luego obtuvo una lista de algunas de las personas que habían fallecido por el brote y comenzó a hablar con sus familias. Finalmente, descubrió que el factor común era el lugar donde las víctimas habían obtenido su agua: esa bomba de la que sospechaba en Broad Street.

Imagen: John Snow (Dominio Público)
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Su investigación pasó a manos de los funcionarios locales, quienes acordaron quitar el mango de la bomba para evitar que la gente la usara. ¿Qué ocurrió? Que el brote se detuvo rápidamente. Sin embargo, ni así creyeron que la teoría de Snow fue lo que los había salvado.

Snow pensó que el tamaño de su muestra no fue suficiente para convencerlos, pero también tenía claro y confiaba que cuando aparecieran otros brotes de cólera podría encontrar más muestras en el agua contaminada.

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No sólo eso. Su investigación lo llevó a otro descubrimiento en toda la ciudad. En algún momento, se dio cuenta de que todos los distritos de Londres afectados por los brotes habían recibido el suministro de agua de uno de los dos proveedores, y que las áreas más cercanas a la bajada de las aguas residuales tenía catorce veces más muertes por cólera durante el brote.

Imagen: Mapa original de Snow que muestra los grupos de casos de cólera en la epidemia de Londres de 1854, dibujados y litografiados por Charles Cheffins (Dominio Público)
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Su posterior trabajo fue el último intento publicado por Snow de convencer a la comunidad médica de lo que causó el cólera. El hombre continuó investigando en privado y realizó otro tipo de investigación, pero desafortunadamente, murió unos años después de estos eventos sin que la historia lo colocara en el lugar que merecía en vida.

Porque, obviamente, Snow tenía razón. El cólera era una enfermedad transmitida a través de las aguas contaminadas con aguas residuales. Tuvieron que pasar algunas décadas más para que las pruebas mostraran que los microbios pueden causar enfermedades, y para que los científicos finalmente lo aceptaran.

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Afortunadamente, los métodos de Snow no fueron en balde. Su trabajo fue rechazado en la década de 1850, pero sus estrategias de gestión de brotes todavía están en uso en la actualidad. De hecho, su idea de mapear el origen de los brotes es una técnica que sigue salvando vidas, y fue tan única que se convirtió en la base de la epidemiología moderna. [Wikipedia, SciShow]

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Miguel Jorge

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