Los ojos de los gatos encierran un universo de emociones y señales físicas. Aunque a veces simplemente reflejan luz o estado de ánimo, en otras ocasiones pueden ser una alerta silenciosa de problemas mayores. Si notas que tu gato tiene las pupilas dilatadas constantemente, es importante comprender por qué ocurre y cuándo acudir al veterinario.
El papel de las pupilas en la vida felina
Las pupilas de un gato no son solo un elemento visual. Se expanden y contraen para regular la cantidad de luz que entra al ojo, igual que en los humanos. Pero también reaccionan a estados emocionales: miedo, alerta o excitación. Durante la caza o el juego, los ojos de un gato se agrandan, preparándose para actuar. Incluso una visita al veterinario puede desencadenar una dilatación instantánea por puro estrés.

Pero si esta dilatación es constante, incluso bajo luz intensa, y se acompaña de somnolencia, desorientación o falta de apetito, podría ser señal de una afección más seria. En ese caso, acudir rápidamente al veterinario es esencial.
Atrofia del iris: una causa común y benigna
En gatos mayores, una de las razones más frecuentes para pupilas dilatadas es la atrofia del iris. Se trata de una condición relacionada con la edad que debilita los músculos encargados de contraer la pupila, dando al iris un aspecto irregular o festoneado. Esta afección no suele afectar la visión, aunque puede hacer que el gato sea más sensible a la luz.
Sara Thomasy, oftalmóloga veterinaria en la Universidad de California, destaca que esta degeneración es habitual en gatos mayores de 10 años y, aunque no requiere tratamiento, debe diferenciarse de otros problemas más graves mediante una revisión profesional.

Cuándo hay que preocuparse de verdad
No todas las dilataciones son inofensivas. Enfermedades como el glaucoma, la degeneración de retina, infecciones o lesiones cerebrales pueden reflejarse en los ojos. Incluso algunos procedimientos dentales largos bajo anestesia, como se documentó en el Reino Unido en 2025, han causado ceguera por presión prolongada sobre la mandíbula.
Otros factores como traumatismos, intoxicaciones, deficiencias de vitaminas (como la tiamina) o tumores pueden afectar al cerebro y provocar la dilatación pupilar junto a otros síntomas neurológicos.
Qué hacer si sospechas un problema
Si el comportamiento de tu gato cambia —se tropieza, no come, está apático—, no lo dejes pasar. Acude a un veterinario de inmediato o a urgencias si no puedes conseguir una cita pronta. El profesional podrá evaluar la salud ocular y neurológica del animal, y si es necesario, derivarlo a un especialista en oftalmología veterinaria.
Sin embargo, si tu gato está activo, se comporta con normalidad y solo presenta un cambio sutil en el iris, probablemente no haya motivo para alarmarse. Aun así, una revisión periódica es la mejor forma de asegurar su bienestar.
Fuente: Infobae.